Nos esperaba un día completo por delante. Nos dirigíamos a la zona sud-oeste de Suiza. Salimos de Wilderswill a les 7.45 de la mañana y en una hora y media llegamos a Broc, el pueblo dónde se encuentra la Maison Cailler. El GPS planteava dos rutas, una más larga por Autovía y otro más corta por carretera de montaña cruzando un puerto. La durada del trayecto era similar para ambas rutas así que nos decidimos la segunda opción para poder contemplar el paisaje y la verdad es que nuestra elección fue acertada.
Sobre las 9’15 llegamos a la Maison Cailler, situada a la afueras de la población de Broc. Hay un amplio parking gratuito delante de la fábrica. Las visitas no empezaban hasta las 10, así que hicimos un poco de tiempo por allí. A las 9’40 empezó a llegar gente y nos pusimos en la puerta para hacer la cola. A las 9’55 habían unas 100 personas haciendo cola. Justo a las 9’59 un guía turístico se “coló” por la izquierda con un grupo de personas. A las 10, al abrir las puertas, tuvimos que ir decididos para adentro puesto que la gente se intentaba colar. Al comprar el billete (10 CHF) nos preguntaron nuestra procedencia (para las estadísticas) y al oír “Spain” nos ofrecieron una visita guiada en español. La visita se programo para los 10’20.
Un pequeño apunte. Encontramos una tarjeta de descuento (10% en la entrada y en el artículo de más valor) en el restaurante de las Cuevas de San Beatus (Interlaken) el 1r día. Supongo que habrá por más sitios de interés, restaurantes, oficinas de turismo... Son tarjetas tamaño DNI situadas en un expositor con varios descuentos para atracciones.



Puntualidad suiza y con 8 o 10 españoles empezamos la visita. Primero hay un recorrido de unos 20 minutos que te llevan por distintos espacios dónde una “voz en off” explica la historia de como llegó el cacao y como empezó toda la movida del chocolate suizo. Es un montaje divertido, parece títeres que te cuentan la historia. En la última parte se pueden ver algunas de la máquinas que fabrican el chocolate.
Y al finalizar la visita, la parte más esperada “la desgustación”. En una sala hay unas 15 bandejas con todos los tipos de bombones que se fabrican, empezando por los de toda la vida y terminando con las “últimas tendencias”. Puedes comer tantos como quieras, sin límite de tiempo. Había leído algunos comentarios de que la gente se llevaba el “taper” de casa para llenarlo de bombones, pero la verdad es que hay un encargado/a en la sala y dudo que te dejen coger una “cantidad industrial” de bombones en una taper o bolsa.



Al salir, está la tienda de la Maison Cailler con todo tipo de bombones. Hay muchísima variedad tanto a nivel de tamaños, tipos de cajas, bolsas, a peso… y lógicamente infinidad de gustos. Nosotros vimos una oferta que por la compro de 5 tabletas de 100g, la sexta salía gratis. Las tabletas no llegavan a 2 CHF las de 100g y menos de 3 CHF las más grandes. Yo compre 12 tabletas de 100g, y aprovechando dicha promoción, me costó unos 15 CHF. Chocolate para toda la familia por poco más de 10€, un chollo. Además, al realizar la compra te dan unas bolsitas muy bonitas que ya te sirven como papel de regalo y no hace falta envolverlo. Como curiosidad, le preguntamos a la dependienta si era posible comprar dos bolsas más y nos dijo que si, que costaban 0’50 CHF cada una. Compramos un par más y tuvimos nuestros 4 lotes de chocolate listos para regalar.
Recomendación para todo aquel que quiera traer chocolate de recuerdo. Los precios en la Maison Cailler son mucho más baratos que en cualquier otro lugar. En algunas tiendas vimos la misma tableta que aquí costo poco más de 1 CHF venderse por 3 . En Gruyeres, a 5 minutos de la Masion Cailler, en las tiendecitas del pueblo valían 3’5 CHF. No vale la pena hacer un trayecto de muchos km para comprar el chocolate, pero si se visita la zona de Gruyeres la fábrica queda a poco más de 5 minutos en coche y vale la pena. Y también, si se circula por la autopista de va desde Berna hasta Ginebra, la Maison Cailler queda a apenas 10 minutos de la Autopista.
Una vez comprados los regalos y con la barriga llena, nos dirigimos a Gruyeres. El pueblo se encuentra situada en lo alto de una montañita. Al pueblo no se puede acceder en coche, así que hay que aparcar en la zona de parking situada al pie del pueblo. Todos los parkings son gratuitos y hay una gran cantidad de plazas. Inlcuso había un guardia urbano ordenando el flujo de coches. Para subir al pueblo hay varios accesos a pie por senderos y en menos de 5 minutos entras en el recinto.



El pueblo es precioso, parece sacado de un cuento. Una gran calle peatonal que cruza el pueblo con todo de restaurantes y tiendecitas típicas. Da gusto pasear por la calle principal y entrar en las tiendecitas. En lo alto del pueblo hay el castillo que se puede visitar (creo que eran 9 CHF) pero no entramos. El pueblo en si es muy pequeñito, en una hora da para hacerlo 2 o 3 veces. Nos quedamos a comer en el pueblo y después de comparar un poco entre los 8 o 10 restaurantes, el que mejor calidad-precio vimos fue uno llamado Café Des Remparts, situado justo delante de la fuente de la calle principal. Comimos una “fondue” (23 CHF), una pizza (16 CHF) y 2 bebidas (3 CHF cada una). Era lo más barato de la zona, pero siendo Gruyeres y vistos los precios de Suiza, comer por unos 20€ persona estuvo bien.
Seguimos nuestro camino dirección al Castillo de Chillon. El trayecto duro algo menos de una hora, contando una pequeña parada. Dicha parada es muy recomendable. Cuando se cruza Montreaux, la autopista circula por un puente situado varios metros encima de la ciudad, y desde la carretera hay una perspectiva preciosa del lago Lemán y de la ciudad de Montreaux. Circulando por la autopista hay una salida con la P de parking a mano derecha (sentido Chillon) que ofrece un gran número de plazas y un mirador precioso del lago y la ciudad. Había un montón de autobuses de turistas parados allí y todo el mundo sacándose fotos. Una parada recomendable.
Una vez hechas las fotos, en poco más de 10 minutos llegamos al Castillo de Chillón. Por delante del castillo cruza un carretera con varias plazas de aparcamiento a ambos lados. En esta zona funciona el “reloj de cartón”. En las carteles ponía parking gratuito durante 3 horas. Encontramos sitio a apenas 3 minutos a pie del castillo, pusimos en hora el reloj de cartón y pasenado por la orilla del lago llegamos al Chateau de Chillón.



La entrada creo que eran 12 CHF. Hay la posibilidad de realizar un tour guiado, pero desconozco los precios y la disponibilidad. En la taquilla preguntan tu procendencia y te dan una hoja con información en tu idioma de las etapas de la visita. El recorrido del castillo está formada por unas 30 etapas que forman un recorrido por las diferentes estancias y plantas del castillo.
Sin prisa pero sin pausa hicimos el recorrido en poco más de una hora. La visita circula por todas las plantas, las catacumbas y te sube hasta las torres. En la parte superior se obtienen unas vistas preciosas del lago y al fondo la ciudad de Montreaux. Para el que quiera un poco de “playa”, a apenas 100 metros del castillo hay una zona de baño con una pequeña cala dónde la gente tomaba el sol y se bañaba en el lago.



Acabamos nuestro recorrido y nos dirigimos a la ciudad de Montreaux. Aparcamos nada más entrar en el pueblo ya que vimos el cartel de 5 horas gratis con el reloj de cartón. La ciudad es bonita, tiene un centro comercial en la calle principal además de varias tiendas a pie de calle. En la plaza principal se encuentra la famosa estatua de Freddy Mercury (foto obligada). Al ser verano, había unas atracciones de feria para los niños y una zona de baño con una plataforma redonda que ganaba unos metros al agua y desde donde los chavalillos se lanzaban al agua.



Justo al lado de la plaza, pasenado por la orilla del lago, había un pequeño mercadillo callejero. Aunque cuando fuimos ya estaban recogiengo (eran les 18’30), había bastanta gente paseando por la zona y el ambiente era acogedor. Dos horas de visita por Montreaux y volvimos a coger el coche para volver a casa. De vuelta a Wilderswill hicimos una pequeña parada en Fribourg, situada al lado de la autopista. Apenas estuvimos 45 minutos en el centro y dimos un paseo por la calle principal. Aunque fue muy corto, fue una ciudad que me gustó mucho.