Era nuestro último día en Luang Prabang y no nos queríamos ir de allí sin presenciar la ceremonia de las Almas, una ceremonia religiosa que se celebra cada día al amanecer donde los monjes que habitan los templos se reúnen en los principales y salen en procesión a recoger las ofrendas que los fieles les dan.
El día anterior habíamos preguntado en el hotel a qué hora se celebraba esta ceremonia y nos dijeron que teníamos que estar a las 5:30 en la puerta del templo Wat Mai Suwannaphumaham. Así que ese día tocó madrugar. A las 5:20 ya estábamos por los alrededores. Aún era de noche pero ya había bastante gente por allí, algunos montando las paradas ambulantes de comida, otros preparando las ofrendas que darían a los monjes y la mayoría, turistas como nosotros esperando las salida de los monjes para observar la ceremonia. Sobre las 5:45 una fila numerosa de monjes vestidos con sus típicos trajes naranjas empezaron a salir del templo en el más absoluto de los silencios y empezaron a recorrer las calles recogiendo todo lo que les ofrecían. Nos resultó un momento muy especial y aunque había bastante gente, todo transcurría en silencio aunque es cierto también nos sentíamos un poco extraños allí, observando como si fuera un teatro algo que para aquellas personas estaba cargado de creencias. Por ello intentamos actuar con el máximo respeto ya que no era nuestra intención hacer de aquello un espectáculo sino conocer un poco más esa cultura tan distinta a la nuestra.
Una vez los monjes se hubieron marchado, toda la gente se dispersó y nosotros regresamos al hotel a desayunar para después volver a salir ya que durante el resto de la mañana queríamos recorrer los numerosos templos de la ciudad.
Entramos en todos los templos que nos encontramos hasta llegar al último templo y más grande, el Wat Xieng Thong. En este último para entrar tuvimos que pagar una entrada de 20.000 kips por persona. Todos los templos nos parecieron preciosos, yo estaba encantada admirando cada uno de ellos y la paz que se respiraba en ellos.
Después de visitar el último templo, como todavía teníamos un par de horas antes de salir para el aeropuerto, decidimos intentar cruzar el rio Mekong para visitar la otra orilla. Íbamos caminando por la calle paralela al río con el fin de llegar a la zona donde estaban los transbordadores cuando un chico nos preguntó si necesitábamos un tuk tuk o un barco para la otra orilla. Le dijimos que queríamos cruzar a la otra orilla así que por 50.000 Kips conseguimos que nos llevara en su barco a hasta la otra orilla y quedamos que en una hora regresaría a por nosotros. Así que de nuevo estábamos montados en una barquita cruzando ese ancho río de aguas marrones rodeado de un paisaje tan espectacular. Al llegar a la otra orilla, el chico nos indicó que debíamos subir las escaleras y después girar a la derecha y así lo hicimos. Al llegar arriba de las escaleras, vimos que había un camino a la derecha pero también que las escaleras seguían subiendo. Decidimos seguir subiendo hasta que aparecieron un par de niñas y unas mujeres que nos indicaron que arriba había un templo y que teníamos que pagar 10.000 kips por persona si queríamos llegar arriba del todo. Les dimos el dinero y continuamos subiendo. Nos dio la sensación que esa entrada no era muy oficial pero el precio era insignificante y supongo que para esas personas ese era su medio de vida así que nos importó pagarles a pesar de que nos hicieron sentir como el turista timado… En cualquier caso, las vistas al llegar arriba eran impresionantes. El templo estaba muy viejo y descuidado pero las vistas eran magníficas y sólo por eso mereció la pena el sofocón de subir las escaleras y el precio de la entrada. Al fin y al cabo, en Barcelona pagamos mucho más por mucho menos….
Volvimos a bajar las escaleras y cuando llegamos a la mitad ahora sí giramos en este caso a la izquierda a ir de bajada tal y como nos dijo el chico de la barca. Anduvimos unos 10 minutos por un camino en el medio de la montaña sólo escuchando el ruido de los grillos. Finalmente llegamos a otro templo mejor conservado que el anterior y también en un entorno precioso, en medio de la montaña y con hermosas vistas al Mekong. Vimos un cartelito que ponía que la entrada al templo eran 10.000 kips pero no vimos a nadie a quien pagar así que entramos. Dimos una vuelta por allí y vimos a un monje viejecito sentado. Pensamos que quizás era él a quien teníamos que pagar así nos dirigimos a él para darle el dinero pero nos dijo que no con la cabeza al ver que le entregábamos el billete. Nos dimos cuenta que él no era a quién teníamos que pagar pero nos dio tanta cosa ver allí a aquel viejecito con esa sonrisa que insistimos que se quedara con el dinero y vimos qué contento se ponía cuando comprendió que queríamos que se quedara con él. Nos dio las gracias, nos saludó y nos sonrió y nos fuimos de allí sorprendidos por la reacción del anciano.
Finalmente encontramos una mesita y una mujer detrás de ella a la que teníamos que pagar el dinero de la entrada. Le pagamos y nos indicó que bajásemos unas escaleras hasta llegar a un mirador con unas vistas maravillosas al rio desde la otra orilla de la ciudad. Al subir de nuevo las escaleras para volver la misma mujer nos dijo que una niña nos acompañaría para ver las cuevas. No sabíamos de qué cuevas nos estaba hablando pero decidimos seguir a la niña. Al cabo de cinco minutos llegamos a la entrada de una cueva cerrada con una verja. La niña sacó una llave y abrió la verja y nos dijo que la siguiéramos. Entramos en la cueva que estaba totalmente a oscuras y comenzamos a bajar unas escaleras. No se veía nada hasta que llegamos a un rellano donde había una pequeña estupa rodeada de estatuas de buda. Era una cueva como ya habíamos visto otras pero nos gustó mucho pues no esperábamos encontrar algo así. Lamentablemente ya casi había pasado la hora que teníamos para estar allí y teníamos que volver así que no pudimos seguir visitando la cueva. Las escaleras continuaban bajando, nos hubiera encantado seguir visitando la cueva pero no teníamos tiempo así que le dijimos a la niña que teníamos que volver y ella retrocedió y nos guió a la salida de nuevo. Le dimos una propinilla y volvimos a prisa donde nos habíamos bajado de la barca para cruzar de nuevo el rio.
Cuando llegamos de nuevo a la otra orilla aún teníamos tiempo para visitar el último templo que nos quedaba, el templo Wat Mai Suwannaphumaham del que esa misma mañana habíamos visto salir a los monjes. También tuvimos que pagar una entrada para visitarlo, 10.000 kips por persona. Se notaba que era un templo muy antiguo y en su interior había unas figuras de buda muy bonitas.
Al salir del templo, como ya no teníamos mucho tiempo y estábamos sudando de lo lindo, decidimos coger un tuk tuk para que nos llevara al hotel, nos esperara allí a hacer el chek out y nos llevara al aeropuerto para volar a Siem Reap, todo por 3$ y los kips sueltos que nos quedaban que eran unos 30.000. Con mucha pena, teníamos que dejar la ciudad, nuestro tiempo en Laos y Luang Prabang había terminado. Realmente disfrutamos mucho los días que pasamos allí y nos quedamos con ganas de visitar más sitios y conocer mejor el país. El paisaje tan espectacular y el ambiente de aquella zona nos gustó mucho y espero que alguna vez pueda volverlo a visitar.
El vuelo a Siem Reap salió puntual y la llegada a Camboya también. Volvimos a hacer rápidamente los trámites para el visado y después de recoger las maletas, cambiamos algo de dinero y fuimos a un mostrador que gestionaba los transportes al centro de Siem Reap y contratamos por 7$ por un coche que nos llevara al hotel.
De camino al hotel, el conductor empezó muy amablemente a preguntarnos cosas, que dónde éramos, que si Barcelona era muy bonita, que si había mucho español en Siem Reap…. Etc y finalmente nos ofreció sus servicios para hacernos de guía en los templos durante nuestra estancia. Le dijimos que ya habíamos contactado con un conductor desde Barcelona. Igualmente el hombre insistió, nos preguntó cuánto nos había costado, nos bajó el precio y nos dio su tarjeta para que le llamáramos. Me pareció un poco feo que nos intentara convencer de que faltásemos a nuestra palabra con el otro conductor y por eso le volvimos a decir que no. Desde aquel momento, el humor del señor cambió y no volvió a decirnos nada en lo que quedaba de trayecto.
Sobre las 17h llegamos al hotel. Se trataba de La Niche D'angkor Boutique, un hotel situado cerca del centro, a unos 10 minutos caminando de la zona de bares y restaurantes, en una calle ancha sin asfaltar y poco iluminada pero es que fuera de la zona de bares y restaurantes, todas las zonas eran iguales. El hotel tenía una piscina estupenda que nos vino genial para darnos un chapuzón después del vuelo.
Después del bañito y un poco de relax nos arreglamos y salimos a cenar. Había leído en la guía de un restaurante llamado The Temple donde hacían un espectáculo de la danza típica camboyana y como me hacía ilusión verla, decidimos ir a cenar allí. Llegamos al restaurante a eso de las 19:30, nos pedimos varios platos para cenar (el mío un pollo al curry buenísimo) acompañados de arroz por supuesto y disfrutamos del espectáculo. Supongo que el espectáculo es el típico para turistas pero aún así nos gustó, los trajes, la manera de moverse, era como si representaran una historia… Cada baile duraba como cinco minutos y cada 15 minutos hacían un baile diferente. Pasamos un rato agradable y a eso de las 21:30 salimos del restaurante. Dimos una vuelta por la zona, sorprendidos por el ambiente de la zona, llena de luces, bares, discotecas, restaurantes, vamos, mucho ambiente y muchísima gente…. Recuerdo que yo pensé, madre mía, toda esa gente seguro que al día siguiente irían al mismo sitio que nosotros, jeje, los templos…. Finalmente pasamos por un super a comprar alguna cosa para desayunar al día siguiente ya que aunque en el hotel nos incluía el desayuno, al día siguiente habíamos quedado con nuestro tukturero a las 5:00 para ver el amanecer en los ansiados Templos de Angkor….
Y así acabó nuestro quinto día. Aquí os dejo algunas fotillos…



