Masai Mara 2
Dia 20
Al día siguiente, a las 6,15h unos de los masais, Wilson, me trajo un café con leche a la tienda, con sus galletitas. Y a continuación me fuí con Sareto, otro de los Masais a captar la salida de sol. Pero ya era tarde, ya había salido el sol. No por eso desaprovechamos la mañana y vimos a los hipos que todavía estaban pastando al lado del campamento,
Este tenía recientes las huellas de la última bronca.
Vistos de cerca, son feos con ganas.
Los topis, siempre subidos a un montículo, hormiguero o lo que sea, con tal de ganar algo de altura.

Aves, flores y los búfalos de la manada que cada noche entran al campamento.

Estas llamativas flores, estaban empezando a salir por cualquier sitio.


Estos búfalos pertenecen a la manada que vive cerca del CHEETAH, cada noche entran al campamento. Sus pisadas los delatan.

Una preciosa avutarda, que es el ave voladora mas grande. Hacía muchos años que no las veía.

Un secretario. Se alimenta de reptiles. Serpientes, fundamentalmente. Los secretarios siempre los he visto en pareja, pero lo suficientemente separados como para no poderlos meter en la misma foto.

Nido de buitres.

Nos encontramos también a Colin, uno de los tres perros masai del campamento, por la noche salen a buscarse la vida. Comen lo que cazan.

Y a las 9 estábamos de vuelta para almorzar con el resto de la familia a orillas del Mara.
Para el segundo día mi objetivo era ver algún cruce del rio. Aunque siempre está presente el objetivo de los 5 grandes. Faltaban leopardo y rino.
Así que después de desayunar, provistos de un picnic para pasar el resto del día en el campo, nos fuimos a ver alguno de los puntos de cruce.
Pero parece ser que no teníamos suerte. Las circunstancias no eran propicias. En uno de los puntos, teníamos delante nuestro, en la orilla de enfrente, una inmensa llanura donde se iban agrupando bastantes cebras con la clara intención de atravesar el rio.

Alguna bajaba hasta la orilla a explorar, pero en vista del panorama, se daba media vuelta.

Apostados en la orilla había 5 o 6 cocodrilos dispuestos a almorzar cebra. Y esto no ayuda.
Pero no por eso deja de ser divertido. No paras de ver todo tipo de fauna, que no deja descansar la cámara de fotos.

Martín pescador a la orilla del río. Me quedé con ganas de verlo pescar, pero no hay tiempo para todo.
Pasamos por un bonito cañón donde se suele encontrar un leopardo, pero no hubo suerte.
Enorme higuera seca, a la entrada del cañón del leopardo.

Encontramos a este lagarto, que parece que sea culé.

Al final paramos para comernos el picnic en una tranquila praderita en la orilla del rio.

Acompañados de hipos.

Ganso del Nilo.
Por la tarde otra manada de elefantes nos entretuvo un buen rato.

Cuando un gran elefante se planta delante y abre las orejas, mejor dejarle pasar antes de que se cabree del todo.
Mas leones somnolientos.

La bella durmiente.

Y es que, esas comilonas dan mucho sueño.
Una gran familia de hienas fue el siguiente entretenimiento.

Para cerrar la tarde, prendimos la traca final. Volvimos a pasar a buscar al leopardo y encontramos una hembra, a la que ya seguían varios coches. Estaba cazando y la tarde agotaba las últimas luces.

Primero acechó una hembra de impala, que escapó a tiempo.

Luego a un macho con idéntico resultado.



Pero la tarde cada vez era mas oscura.

Y después de un rato de búsqueda, optó por un plan B. Se subió a una acacia donde tenía su despensa.

Allí guardaba una gacela que había cazado con anterioridad y se dispuso a merendar, mientras se ponía el sol.

En el suelo, una hiena esperaba la migajas del festín, enmarcada por el reflejo rojo del sol que se ponía.

Entre la hembrita merendando en la acacia y la puesta de sol, nos dieron las fotos del día. Que espectáculo inolvidable.
Días como este no tienen precio. Al final del viaje te das cuenta de que esto es lo que queda para el recuerdo. Para toda la vida !

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