Hoy es un día especial porque es viernes y es el día santo de los musulmanes
Como siempre llegamos sin problemas hasta el lugar gracias a nuestro coche que tenemos magníficamente aparcado en el lujoso garaje de al lado del hostel
]Bet Govrin-Maresha
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Por el camino me admira el paisaje que vemos hasta llegar al lugar y, todavía más, según nos vamos acercando al parque. Vamos que podríamos estar tranquilamente en cualquier lugar de La Mancha.

Según nos acercamos a la entrada el paisaje se vuelve alucinante, como salido de una de esas pelis de extraterrestres.

Es importante saber que la entrada es a través del Kibbutz Bet Guvrin en donde se encuentran varios restos, un anfiteatro romano, unas termas y una fortaleza cruzada, pero nosotros no nos paramos aquí pues queremos ver directamente la zona de las cuevas, así que entramos hasta el primer aparcamiento que encontramos y desde allí nos movemos.

Esto lo haremos varias veces a lo largo del recorrido, paramos, vemos las cuevas que hay cerca de ese parking y nos movemos con el coche hasta el siguiente y así hasta 3 veces, pues hay 3 aparcamientos diferentes. Por cierto, en todas las zonas de parking hay mesas para picnic, agua potable y baños y en la principal hay cafetería y tienda.
mapa
Nuestra primera parada es en una zona que está llena de restos tirados, amontonados, como si alguien los hubiera volcado allí con un volquete.

Es la zona que llaman de restos agrícolas y aquí se conservan los diferentes restos, de las distintas épocas, que se localizan y tienen que ver con las labores agrícolas o ganaderas. Podemos ver una prensa y un molino de aceite, cisternas, sarcófagos, etc.

Después cruzamos la carretera y, justo enfrente, nos encontramos con las primeras cuevas, que reciben el nombre de Polish Cave porque aquí se asentó la policía en los años 40 y, en realidad son cisternas de la época helenística. Se puede bajar hasta la cueva y estoy seguro que, al menos una de las imágenes, os suena

Al lado se encuentran otras de las famosas cuevas del lugar, llamadas, Cuevas Columbario, por una razón muy sencilla: se usaban para guardar a las palomas que servían de alimento a los habitantes del lugar. Los huecos triangulares que vemos al fondo son los palomares, en cada hueco, una paloma.

Y desde aquí nos vamos en el buga hasta el siguiente parking. Aunque estamos cerca de algunas cuevas, decidimos seguir la numeración oficial y nos vamos andando hasta encontrar el número 4: La Cueva del Baño. Esta cueva de la época helenística se usaba como una sala de baño ciega, con asientos tallados.
Desde aquí retrocedemos para llegar a la Cueva de la Prensa de Aceite, una cueva muy interesante en donde se conservan una prensa y un molino de aceite.

Un poco más allá se encuentran los restos de una “villa” de la que se cree que fue usada en la época helenística para fines comerciales y que cuenta con un enorme sótano fresquito, fresquito. Lo que hoy se puede admirar está muy reconstruido.

Detrás de esta villa se encuentra Tel Maresha, el montículo con restos arqueológicos del periodo helenístico (siglos 2-3 a.c.) y que fue abandonada en la época romana. No subimos hasta allí, hacía un calor sofocante, caía un sol inmisericorde y decidimos que no merecía la pena, como la zorra del cuento.
Luego visitamos la cueva de la Maza, que no nos pareció demasiado allá y después llegamos a una de las cuevas más interesante del conjunto pues es una enterramiento que presenta pinturas murales realmente bonitas.

Hay otra cueva con pinturas pero estaba cerrada por restauración.

Desde aquí volvemos a coger el coche y nos vamos hacia el último parking, pasando junto a las ruinas de la iglesia de Santa Ana y por fin llegamos al último parking desde donde se visitan las llamadas Cuevas de la Campana.

Las más espectaculares de todas, IMPRESIONANTE, es la palabra adecuada

Son cuevas labradas por el hombre en su búsqueda de mármol. Hacían un agujero arriba, en la tierra e iban sacando la tiza como quien rebaña un vaso y así iban haciendo las cuevas.

No os digo nada más, sólo os pongo fotos que es el mejor relato.
Bueno. Ya hemos visitado las cuevas y toca volver a Jerusalen.
Paseo por los tejados de Jerusalen
Decidimos visitar la ciudad a pie, habida cuenta de que hoy es sabat y está todo cerrado. Esta vez es mi hijo quien hace de cicerone y nos lleva por los tejados de la ciudad. Sí, digo bien, no me he confundido: los tejados. Existe un itinerario para peatones que recorre las azoteas de las viviendas de la ciudad desde donde podemos admirar el zoco desde un ángulo diferente y curioso.

También es uno de los mejores miradores para ver el Muro de las Lamentaciones y hacer fotos en este dia santo.


Me llama la atención la cantidad y variedad de indumentarias que usan los judíos, desde los que se limitan a llevar la “kippa” y nada más, hasta los que llevan los impresionantes sobreros que parecen un tambor, pasando por los que llevan el sombrerito típico de los años 30

y algunos visten a la occidental, otros llevan levita y abrigo negro pero también está los que visten de satén brillante de color dorado. No se si eso significa algo o simplemente es el traje de los domingos o, a lo mejor, estamos ante el rebelde del lugar.
Y ahora nos vamos a la zona modernista de la ciudad, al YMCA, el famoso hotel de los años 30, a conocerlo y a cenar, que aquí seguro que no cierran.

El hotel está bien, se puede emplear un poco de tiempo en visitarlo, sobre todo si se aprovecha para comer. La comida normal y los precios parecidos a los de cualquier otro lugar de Jerusalen pero el sitio muy, muy agradable: fresco, tranquilo, histórico.

Y con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho
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