18-03-15
Después de meses de preparativos, y habiendo llegado a la conclusión de que no valía la pena comprar ropa de mucho abrigo para unos pocos días (solemos viajar en verano), decidimos pedir algo de ropa de esquí a algún pariente para ahorrarnos una pasta. Confiando en que sería suficiente, pues no teníamos idea de las temperaturas que íbamos a encontrar. Las cosas menos caras sí las compramos (mallas, calcetines gordos, gorro de lana, guantes…). Así pues, llegó el gran día, aunque no sin pasar por algún susto proporcionado amablemente por los controladores aéreos y demás personajes que se proponen arruinar las vacaciones a los demás convocando jornadas de huelga en las épocas de más tránsito turístico. No nos pilló alguna de las huelgas convocadas por horas!
Como siempre, nos dirigimos en coche al aeropuerto del Prat, lo dejamos en el aparcamiento de larga estancia y nos dirigimos a la terminal correspondiente en el transporte del mismo aparcamiento. No teníamos que facturar, logramos meter toda la ropa en el equipaje de mano, así que nos ahorramos algo de tiempo, tanto en la ida como en la vuelta, al no tener que esperar a las cintas de equipaje. Desayunamos tranquilamente en el aeropuerto y embarcamos sin incidencias ni retrasos. Primer tramo del vuelo: Barcelona-Oslo, unas 3 horas y pico. Escala de hora y poco y segundo tramo de un par de horas, para llegar al pequeño aeropuerto de Tromso sobre las 9 y media de la noche. Como suponemos que no vamos a encontrar nada abierto, decidimos tomarnos un bocadillo en el restaurante-tienda del aeropuerto, mientras esperamos el autobús que nos llevará al centro de la ciudad. Hay varias líneas y compañías que hacen este recorrido (www.visittromso.no/ ...%20Airport ).
Nosotros pillamos el de la línea 42 City bus, dirección Sentrum. El conductor nos pidió a qué hotel íbamos, y nos indicó en qué parada bajar. Nos dejó a 2 minutos del hotel, en plena noche ártica, sin un alma por la calle, pero con un frío soportable. El hotel está en lo alto de una colina, al lado del Instituto de Tromso, y para llegar a él teníamos que cruzar un parque, cubierto por una capa de 1 metro de nieve. Por suerte, el acceso peatonal estaba despejado…
Nos registramos sin problema en el acogedor hotel, y subimos a la habitación a descansar, no sin antes echar un vistazo al cielo, a ver si veíamos las primeras “Northern Lights”. No hubo suerte.
19-03-15
Nos levantamos con ganas de ver cosas, pues no tenemos muchos días para disfrutar del pueblo, y desayunamos en compañía de un grupo de catalanes que también vienen a la caza de las auroras. El comedor es pequeñito, y el buffet limitado, pero está bien en general. Hay disponibilidad de café, té y chocolate caliente las 24 horas, y en el buffet de desayuno hay cereales, embutidos, fruta, yogures…
Nos abrigamos como campeones y salimos a dar una vuelta. El descenso por el parque hasta las calles centrales tiene su dificultad, pues está todo helado, y parecemos unos patos reumáticos andando por las calles heladas, esquivando placas de hielo, coches y peatones que parece que vayan en patines. Aquí se puede ver quién pertenece a la fauna autóctona y quien es turista claramente. Nos dirigimos en primer lugar a la zona del puerto, para ver el fantástico puente que atraviesa el estrecho que separa Tromso de tierra firme.
Las vistas al otro lado impresionan para los que no estamos acostumbrados a la nieve, kilómetros de extensión nevada. A pesar de que hace frío, con la ropa que llevamos se puede andar bien por la calle sin tener sensación de congelación. De momento no nieva ni llueve, pero sopla un viento bastante frío. Pasamos por delante del hotel Radisson Blue, que es donde nos tienen que recoger esta tarde para la excursión de las auroras, y nos encaminamos hacia el Polaria, una especie de acuario-museo, en el que entramos más que nada para calentarnos un rato. Ya que estamos aquí, pagamos la entrada y disfrutamos un rato con la exhibición de las focas y las peceras con varias especies (www.polaria.no/home.155300.es.html ). También echan una proyección que habla de la formación de las auroras, muy interesante.
Al salir, nos damos cuenta que casi se nos ha pasado la mañana, así que tras una rápida pasada por la calle Storgata, auténtico centro de la ciudad y área comercial 100%, nos metemos en un restaurante con muy buena pinta, el Egon (egon.no/ ).
La decoración es muy rústica, con mucha madera y herramientas del campo colgadas en las paredes. La comida excelente, aunque para nada barata, como todo en Noruega…
Enfrente del restaurante encontramos una vieja iglesia de madera, que podría ser de origen vikingo (www.kirken.tromso.no/ ). Solamente hay un hombre dentro cuando entramos, y salimos a los pocos minutos sin que se haya movido un ápice.
Antes de ir al hotel, entramos en un supermercado SPAR para comprar algunas galletas y otras chucherías que llevarnos esta noche, pues no sabemos si vamos a cenar mucho, poco, caliente, frío... Tras la compra, vamos hasta el hotel para ponernos más ropa de abrigo, pensando en la excursión de esta noche, y volvemos a salir. Paseando tranquilamente llegamos al Radisson Blue y nos sentamos en la recepción a esperar que nos vengan a recoger para la excursión de las auroras. Allí mismo conocemos a una chica brasileña afincada en Munich que también va a venir con nosotros. Después de charlar un poco, salimos a la calle, pues vemos que una pequeña furgoneta verde sin logos ha parado delante de la puerta. El conductor, un noruego de unos 40 años, está hablando con una familia sudamericana, y al vernos nos pregunta si esperamos a la gente de Creative vacations. Es él. La familia sudamericana también nos acompañará. En la furgoneta caben 7 personas y el conductor. Se presenta como Vidar, chapurreando español, que todos entendemos, y muy honestamente nos dice que de la manera que está el tiempo va a ser difícil que podamos ver las auroras cerca. En todo caso, dice, vamos a tener que ir tras las montañas, a la frontera con Finlandia, y tener suerte de que el tiempo mejore, pues con la cantidad de nubes que hay, es imposible ver auroras en ninguna parte. Como nadie ha pagado aún, podemos cancelar la excursión. Entre todos decidimos arriesgarnos y probar suerte, confiando en la intuición de Vidar para llevarnos al sitio correcto. Así pues, nos subimos los 8 al coche, y empezamos la excursión poco después de las 5 de la tarde. En primer lugar nos lleva a su casa (y estudio), donde conocemos a Silvia, su esposa. Nos dan ropa de abrigo para frío polar, nos consejos para la fotografía, nos proporciona trípodes, nos pone los ajustes necesarios en las cámaras (foco, abertura, etc), nos permite usar su baño y finalmente nos cobra la tarifa pactada, en efectivo a todos, antes de subir de nuevo a la furgoneta y empezar la aventura.

A medida que pasa el rato, empieza a caer una tormenta de nieve digna de alguna película de domingo por la tarde. Además se ha hecho de noche y no se ve un carajo fuera del coche. La carretera está helada y a los lados hay montones de nieve de un par de metros de altura, a los que de vez en cuando nos empotramos (suavemente), por falta de visibilidad o pérdida de control. Los coches aquí no llevan cadenas, pero sí neumáticos especiales para hielo o nieve. Me parece que Vidar conduce como en un videojuego, guiándose por la imagen del GPS y no por lo que se debería ver por la luna delantera, que es cero… El silencio llena muchos ratos en el coche, pues todos estamos medio acojonados por las circunstancias, pero la tranquilidad y confianza que transmite Vidar acaba por relajar el ambiente, y empezamos una animada charla, mientras avanzamos kilómetros bajo una ventisca infernal. Al cabo de un par de horas largas, paramos en una gasolinera y al bajar para estirar las piernas descubrimos que el coche tiene una capa de 15 cms de nieve en todos los rincones imaginables. Vidar nos comenta que estamos a poco rato de la frontera con Finlandia, y parece que el tiempo es mejor en el interior que en Tromso. Pasamos la frontera con la noticia de que han cerrado la carretera por la que hemos venido tras nuestro debido al temporal de nieve: los ánimos vuelven a decaer. Cerca de las 10 de la noche la ventisca para, y Vidar nos informa que hace rato que estamos en tierras finlandesas, y que seguramente tendremos suerte. Por la ventana, una de las chicas sudamericanas, vislumbra una aurora muy ténue, así que Vidar para el coche y lo confirma, pero nos comenta que vamos a ir un poco más lejos, a buscar un sitio mejor.
Unos kilómetros más y nos salimos de la carretera principal para ir a un claro donde plantar el campamento base. Nos acercamos con el coche hasta un puente, y lo atravesamos. Al otro lado, Vidar nos dice que nos encontramos en Suecia! (mapsengine.google.com/ ...lV1_BPCFYE ). Hemos pisado 3 países por el mismo precio… Volvemos con el coche al claro y definitivamente paramos. Justo al lado hay una gran planicie rodeada de árboles: un lago helado. No hay nada de contaminación lumínica, y todo el mundo empieza a sacar los trípodes, preparar cámaras, etc. Que empiece el espectáculo!




Es absolutamente mágico. Como bailan las luces por todo el cielo, mil formas, diferentes intensidades, destellos… Casi se puede oir el sonido de las auroras. Una de las experiencias más gratificantes de nuestra vida. Nos pasamos horas sacando fotos, cambiando de escenario, disfrutando de este regalo de la naturaleza. La temperatura es muy baja, sobre los 12 bajo cero, pero la adrenalina y la emoción nos hacen aguantar. También ayuda a aguantar la cena caliente que nos sirve Vidar desde el maletero de la furgoneta: un caldo de lentejas que entra de maravilla, café y galletas. Muy frugal, pero que sienta de maravilla. El único problema es si os entran ganas de ir al servicio, pues evidentemente no hay, pero es que con tanta cantidad de ropa y con el frío que hace, sería muy complicado…








No hay palabras para describir este espectáculo, es mejor ver las imágenes, si bien hay que decir que las fotos son mucho más espectaculares de lo que realmente se ve en directo, pues lo que vemos en las fotos es la acumulación de luz durante el tiempo en que la cámara permanece con el obturador abierto (entre 4 y 15 segundos). En realidad se ven las formas y los bailes, pero mucho más difuminado, como si pusiéramos un filtro opaco enfrente de lo que vemos en las fotos. No importa, os aseguro que es alucinante.
Todos los sudamericanos, la brasileña e incluso Ester pasan un rato dentro del coche para entrar en calor, pero yo, increíblemente (no me gusta mucho el frío), me quedo todo el rato fuera con Vidar, sacando centenares de fotos.









Al cabo de mucho rato, sobre la 1 de la madrugada, y todos medio congelados, decidimos poner fin a la excursión, recogemos todo, subimos a la furgoneta y emprendemos el regreso, rezando para que la carretera esté abierta.
Al llegar a la frontera Finlandia-Noruega, vemos varios camiones parados en la cuneta: malas noticias, la carretera sigue cerrada. Las buenas noticias son que hay baños en el puesto fronterizo que podemos usar.
Cuando hemos terminado todos de usar el aseo, vemos con alegría que los camiones empiezan a andar, podemos regresar!! El camino de vuelta es mucho más tranquilo que el de ida, pues no cae nada de nieve, y se ve algo por las ventanillas, pero estamos demasiado cansados para disfrutarlo.Llegamos a Tromso sobre las 4 y pico de la madrugada, más de 11 horas después de la recogida, inmensamente felices y agotados. Somos los últimos en ser dejados frente al hotel, nos despedimos de Vidar, dejando los monos de nieve en la parte trasera de la furgoneta y a los 5 minutos estamos durmiendo.


