Son las nueve de la mañana. Vamos al salón y allí siguen cantando los chinos en el karaoke. No se cansan nunca. Hay un chino joven con pinta de chulito que no suelta el micrófono ni aunque le maten. Va vestido con una camiseta interior blanca de tirantes, de esas que el cuello de la camiseta casi llega al ombligo y encima una americana. Cree que va elegante, y tiene unas pintas espantosas. Canta fatal y se cree el Julio Iglesias del barco. De buenas lo tiraría al río. Aunque mejor lo haría con su novia y la amiga que cantan tipo gato pisado, o el calvorota viejo marido de una de las chicas. Da igual a que hora vayas al salón. Ahí están las dos parejas con el micrófono en la mano.
Hoy a las diez de la mañana, al igual que ayer, nos han llevado a ver otro show de esos de guerreros, chinas cantando opera estilo gato pisado... el volumen es altísimo. Yo creo que tienen algún chino en Marte y quieren que lo escuche también porque si no, no lo entiendo. Es un sonido que se te clava en el tímpano y parece que te va a estallar. A los diez minutos (si es que han llegado), el peruano Hugo y yo estábamos fuera para ver un templo feísimo y mal cuidado.
He sacado una foto a una china escalando una pared de tierra para coger una mandarina de un árbol. La foto es curiosísima porque se la ve haciendo esfuerzos titánicos casi matándose para coger la fruta, y a menos de medio metro un cartel prohibiendo coger fruta de los árboles. Ya os la mostrare.
Por la tarde hemos visto la presa de las tres gargantas. La verdad es que desilusiona un poco porque parece muy canija. La de Itaipú en Brasil que vi el año pasado y que hasta que se ha hecho la china era la más grande el mundo, sigue pareciéndome mucho más grande.
En la presa había un orden de filas para acceder a los autobuses que te llevaban por todo el recorrido. Una pareja ha intentado colarse, y yo como un tigre de Bengala, he saltado y les he dicho que nones. Ya estoy harto de que se cuele todo el mundo.
Al terminar a las 14:30 horas el crucero, le decimos a la china como ir al hotel y tal y cual y nos dice que creía que dormíamos esa noche en el barco. ¡¡¡No te jode!!!! ¡¡¡que quiere que nos volvamos al punto de partida!!!
Al terminar todo, nos llevan a Yichang. La autopista es de cemento en vez de asfalto. El conductor del autobús se perdió, y no se le ocurrió otra cosa que parar en mitad de la autopista (era totalmente de noche y sin ningún tipo de iluminación), cruzar los cuatro carriles andando y preguntar en un bar. Luego cuando continuamos el viaje, vimos en sentido contrario a un chino sin ningún tipo de reflectante andando con una mochila por la autopista.
Al llegar a Yichang, nos dejaron en el hotel, y el que nos había llevado nos dijo que nos recogería a las siete de la mañana para ir a Wuhan. Subimos las cosas a la habitación y luego salimos a cenar algo. Saliendo por la puerta del hotel, nos sigue corriendo y nos recuerda que al día siguiente a las siete de la mañana nos recogería. Estábamos cenando y oímos unos golpecitos en el cristal... pues si, era el chino que pasaba por allí, nos vio, y haciéndonos gestos nos decía que al día siguiente a las siete de la mañana. En fin, un caso de persona.