Hoy cambiamos de ciudad. Iremos en tren a Orchha, nuestro siguiente destino.
Con 30 minutos de retraso (vamos mejorando), sale nuestro tren de la estación de Agra a las 10:00. Nos esperan unas cuatro horas y media de viaje hasta la estación de Jhansi, a unos 15 kms. de Orchha y desde allí tenemos que coger un transporte a nuestro destino, ya veremos cual.
En un tren de los antiguos pero en vagón de 1a. clase, hacemos el trayecto sin más, leyendo y escuchando música.
Una vez llegamos a la estación de Jhansi somos el centro de atención ya que no hay ningún turista occidental más. Nos rodean varios taxistas y conductores de tuk-tuk's y al decirles nuestro destino un taxista nos pide 1000 rupias y el conductor de un tuk-tuk 300. La diferencia es evidente y optamos por el segundo.
En unos 20 minutos llegamos a Orchha (también llamada Orachha) y quedamos con el conductor del tuk-tuk que nos venga a recoger pasado mañana al hotel para llevarnos de vuelta a la estación. Nos pasará a recoger las 12:00 ya que el tren sale a las 13:30.
Llegamos a nuestro siguiente hotel, el Hardik Resort, el peor hotel en el que nos hemos alojado y en el que peor nos han tratado. Este por fuera parece bastante nuevo y tiene un jardín bien cuidado. Al entrar en la recepción va cambiando el aspecto, todo está más oscuro y sucio. Hay un par de chicos vestidos de camareros que nos cogen las maletas y parece que hayan cogido unos sacos de piedras, tenemos que decirles que vayan con cuidado y no les den golpes. Primer punto negativo.
Hacemos el check-in y una vez en la habitación pedimos comer alguna cosa. Nos abren el comedor, que está cerrado y nos pasan el menú. Pedimos los platos y tardan casi una hora en traernos la comida. Deducimos que no tienen nada preparado. Uno de los camareros no se ha movido del restaurante sin hacer nada y ha estado observándonos en todo momento. Segundo punto negativo.
Después de comer vamos a la habitación y tenemos que pedirle al de recepción que limpien bien el lavabo ya que está sucio. Tercer punto negativo. Esto no mejora.
Nos vamos a pasear por la ciudad ya que estamos a pocos metros del centro. Al llegar a una plaza donde hay un templo vemos que está lleno de mendigos y leprosos, todos sentados en el suelo y con la mano extendida pidiendo limosna o algo para comer. Son gente que no tiene nada en absoluto, solo lo que llevan puesto encima, ni ningún sitio donde ir. Viven en la pobreza más extrema.
Estas situaciones ya las hemos visto alguna que otra vez en la India, sobre todo en las estaciones de tren en que hemos estado, pero aquí en Orchha, y no sabemos por qué, fueron de una crudeza brutal. Nosotros preocupados por lo que comeremos esta noche, o mañana y esta pobre gente preocupados por si van a comer esta noche, o mañana. Es injusto, estas personas están totalmente abandonados a su suerte y nadie se preocupa por ellas. Será el sistema social de la India, con sus castas, con sus privilegiados, con sus desamparados, pero estamos hablando de personas y lo más curioso es que da la sensación de que esta pobre gente parece que aceptan su situación sin más y se resignan a ser como son. Para nuestra mentalidad y manera de pensar se nos hace muy difícil de entender, de verdad y lo peor de todo es que solo podíamos ser unos simples espectadores sin la más mínima posibilidad de poder intervenir para dar alguna solución estas injusticias.
Continuamos paseando por el pueblo y a pesar de todo lo contado la tranquilidad reina aquí, hay mucha calma, no se oye pitar, no hay ruidos, la gente va a su aire y de momento nadie nos quiere vender nada ni llevarnos a ningún sitio. Los indios nos miran con curiosidad, como nosotros a ellos. Se ven pocos turistas. Vacas por supuesto si, muchas y sus consecuentes cacas (seguimos sin haber pisado ninguna
Vemos que al lado mismo de la plaza hay un palacio, el de Ram Raja Mandir, que por lo que podemos ver parece que está abandonado ya que la puerta está abierta y hay gente entrando y saliendo del mismo sin que nadie les diga nada.
Al entrar se nos acerca un chico el cual se ofrece a hacernos una visita guiada por el palacio. Se llama, dice, Ghandir. Nos dejamos llevar por el chico, que parece muy espabilado y en un inglés como el nuestro ( o sea, malo) y añadiendo alguna que otra palabra en castellano nos va explicando la historia del palacio y nos va llevando por el interior. El chaval se conoce el palacio como la palma de su mano y nos va haciendo fotos con unos fondos de imagen increíbles, se nota que está acostumbrado a manejarse con los turistas y como decimos en catalunya, "el tío es una rata", un buscavidas con éxito que se sabe todos los trucos para gustar y quedar bien con todo el mundo.
El palacio, todo y que está en estado abandono, su estado de conservación bastante bueno. Hasta ahora, todas las construcciones históricas que hemos visto tienen un aspecto muy sólido y este también.La piedra es el material común en todas estas construcciones y en casa tenemos los ejemplos más claros. Cualquier iglesia, desde las de la época románica, se mantienen en pié al estar también construidas con piedra (por no hablar de las pirámides de Egipto, por ejemplo).
Seguimos con la visita del templo y al finalizar la misma le decimos a Ghandir que cuanto le debemos por la visita y nos contesta que le demos lo que nos parezca correcto. Le damos 500 rupias y su sonrisa va de oreja a oreja. Nos da una tarjeta de un restaurante de un amigo suyo y nos dice que allí comeremos muy bien.
Salimos del palacio y vamos a la calle principal donde hay varias paradas de recuerdos y souvenirs, más pensados para los indios que para los extranjeros. En una de las paradas hay dos chicas jovencitas que rápidamente vienen hacia nosotros y nos enseñan lo que tienen a la venta y con mucha gracia y simpatía nos van "engatusando" (nos dejamos, claro). Nos hacen un tatuaje con Henna a cada uno y con los dedos meñiques enlazados nos hacen prometer que los recuerdos se los compraremos a ellas. Les decimos que si, que no se preocupen.
Ya es bien entrada la noche y vamos a cenar en el restaurante que nos recomendó Ghandir. Probaremos a ver que tal.
Cenamos pollo preparado con una salsa bastante buena y sin picante. El pollo, más que pollo parece gallina. Está bueno pero es muy duro.
En un rincón del restaurante está Ghandir, tomándose un wisky y hablando muy animadamente con otros indios.
Finalizada la cena volvemos al hotel y no vemos que haya nadie más alojado, parece que somos los únicos clientes. Que raro. La limpieza de lavabo, al menos, la han hecho.
Vamos a dormir, mañana continuaremos la visita a Orchha.
