Sol. Se hizo el milagro. A primerísima hora de la mañana salí a la terraza y miré al mar. El cielo estaba despejado. Miré de nuevo el pronóstico del tiempo en internet y me devolvió las mismas malas noticias que el día anterior: 85% de probabilidades de tormenta a partir de media mañana. No me rendí y bajé a recepción. Pregunté por el estado de la excursión y me dijeron que a esa hora hacía bueno… pero más tarde no sabían. No se querían mojar.
Volví a la habitación y lo debatí con mi novio. Por mucho que nos fastidiara, lo más sensato era no ir a las Hong. A cambio propuse ir al menos a Railay, que aunque también había que ir en barco, el trayecto era de unos 10-15 minutos y el pobre accedió para contentarme a pesar de que insistía de que deberíamos hacer caso al pronóstico.
Sin perder mucho más tiempo, compramos el desayuno en 7/Eleven por 170 TBH y bajamos la calle hasta la taquilla de venta de billetes para las barcas. Además de a Railay, ofrecen los mismos destinos que las agencias pero en long tail compartido. Os dejo los precios.

Por 200 THB cada uno compramos billetes de ida y vuelta. Nos metieron a un grupo en un a furgoneta y nos llevaron al otro lado de la playa. Detrás hay un pequeño puerto desde donde cogimos el long tail a Railay.

El paisaje kárstico era precioso aún no siendo el mejor día. Porque sí, continuaba sin llover pero ya podíamos intuir que el pronóstico del tiempo no fallaba. En 15 minutos llegamos a Railay y disfrutamos de un baño. La marea iba subiendo cada vez más y la playa estaba a punto de desaparecer en la zona de desembarco, sí que tuvimos que irnos casi al otro extremo dando un paseo.

El disfrute no duró demasiado. El horizonte se volvió negro y en pocos minutos el mar se empezó a agitar y cayó una monumental tromba. Muchos turistas parecían ajenos al aguacero y seguían bañándose como si nada.
La tormenta duró un buen rato. Mi novio (con razón) me miraba con cara de “te lo dije”. El cielo del horizonte venía más negro aún así que aprovechamos la pausa de la lluvia y cogimos el barco de vuelta a Ao Nang como hicieron otros turistas. En esa zona solo hay resorts y no tenía mucho sentido seguir allí si no iba a parar de llover.
Justo cuando estábamos llegando a Ao Nang, la tormenta volvió a aparecer. No había grandes olas pero sí es cierto que el mar se notaba bastante picado y no era nada agradable navegar.
Llegué al pequeño puerto maldiciendo nuestra mala suerte. Estaba enfadada con el mundo. Encima nos enteramos que a la vuelta el billete no incluía el transporte hacia el lugar de las taquillas como en la ida y todos los tuk tukeros querían sacar tajada de la situación. Nos negamos. Ya estábamos empapados y recorrimos todo el paseo marítimo de Ao Nang en bañador, bajo la lluvia. Fue precisamente esta decisión la que me hizo empezar a reír y tomarme la situación con algo de humor.
Regresamos de nuevo al hotel hasta que fue la hora de la comida y bajamos a la zona de la playa. Elegimos uno de los restaurantes en primera línea sin seguir ningún criterio especial y elegimos un curry indio y unos noodles caldosos con carne y huevo. De postre, plátano frito, muy rico. El total fue de 620 THB.
Para entonces ya habíamos asumido que el tiempo no iba a cambiar. Teníamos la opción de alquilar una moto e ir por nuestra cuenta al Tiger Cave Temple pero la lluvia era intermitente y cuando caía, lo hacía con fuerza. El pronóstico para el día siguiente era el mismo así que ya dejamos comprado el traslado en furgoneta al aeropuerto de Phuket a las 10:00 por 350 THB cada uno. Si el día hubiera pintado bien seguramente hubiéramos hecho algo para aprovecharlo aunque hubiéramos tenido que pagar un transporte privado en la tarde del viernes ya que nuestro vuelo salía a primera hora del sábado, pero visto lo visto, desistimos.
Aprovechamos la tarde dándonos unos masajes en un centro de la calle, Sukhothai. Yo repetí un tailandés y mi novio uno de piernas. Conseguimos liberar parte de las tensiones que habíamos acumulado esos días de frustración. Nos costó 400 THB los dos.
Pasamos parte de la tarde arreglando el mundo, hablando de esto y de aquello, repasando fotos y descansando hasta que se hizo de noche, momento que la lluvia elegía esos días para parar definitivamente al contrario de lo que habíamos leído antes de ir.
Y sí, nos refugiamos de nuevo en la gastronomía y si algo bueno podemos sacar de nuestra estancia en Ao Nang fue aquella cena en un puesto callejero de la calle principal, la perpendicular al mar que comienza en la taquilla de billetes de long tail. Fue una de las mejores cenas del viaje.

Pedimos un pad thai, dos brochetas de pollo marinado a la brasa, otra de tofu, langostinos rebozados y de postre un espectacular coco helado con cacahuetes y chocolate y un rotee. Todo fueron 280 THB, una maravilla.

Este sitio cumplia la norma de “si está lleno, es bueno”.
Y con este buen sabor (literal) de boca, regresamos al hotel a preparar todo el equipaje para la vuelta.
GASTOS DEL DÍA PARA 2 PERSONAS
Desayuno: 170 THB
Billetes i/v a Railay: 400 THB
Comida: 620 THB
Furgoneta al aeropuerto de Phuket: 700 THB
Masaje: 400 THB
Cena: 280 THB
TOTAL: 2570 THB