La jornada de hoy la comenzamos trasladándonos a Wakapapa Village, la puerta de entrada al parque nacional de Tongariro y donde se encuentra el centro de visitantes.
Es también un pueblo pequeño con opciones de alojamiento y restauración. Buscábamos un lugar donde pudieran arreglar la suela de una zapatilla de un compañero que se había despegado en la ruta de ayer. No lo encontramos por ningún sitio. Finalmente el problema lo pudo arreglar al lado de la gasolinera de dónde veníamos, de National Park.
Desde Wakapapa salen muchas rutas de senderismo, de distinta dificultad y duración.
Nos habíamos decidido por hacer el Taranaki Falls Track
La ruta a la cascada Taranaki es un circuito de 6.45 km. Comienza antes de llegar al centro de visitantes en un lugar que se conoce como Nagauruhoe Place. Está muy bien señalizada y precisamente el nombre anterior no lo vi por ningún sitio.
Es una caminata muy agradecida. Cruza pastizales alpinos, bosques de hayas y diferentes paisajes modelados por los volcanes cercanos.
El punto de inicio de esta ruta coincide también con uno de los accesos al Tongorario Northern Circuit que luego continúa hacia Lower y Upper Tama Lakes y al refugio Waihohonu.
Al ser un circuito se puede comenzar en un sentido u otro. Nosotros lo comenzamos en sentido anti horario porque parecía más fácil, es decir, por la Upper Taranaki Falls.
Los primeros tramos del sendero van entre hierbas bajas y matorrales alpinos. Recorrido ya como medio kilómetro del trayecto, se adentra en un bosque de hayas que abandona a los 200 o 300 metros. Esto va a ser frecuente en esta ruta, entrar y salir de algunos bosques.



La caminata discurre por algunas pendientes bajas del monte Ruapehu y muchos de los paisajes que vemos han sido modelados por erupciones de dicho volcán. Vistas del monte Ruapehu son posibles, siempre y cuando lo permitan las nubes. Como es el caso de hoy, que las nubles nos lo dejan ver a intervalos y no con su estampa completa. El monte Ngauruhoe ni siquiera lo pudimos ver y también es posible verlo en días despejados.


A casi tres kilómetros del inicio se pasa un puente sobre el arroyo Wairere que se desplaza desde las faldas del monte Ruapeu y a continuación desaparece en el borde de la cascada.
A los pocos metros del puente se encuentra el cruce donde el sendero sigue hacia los lagos Tama y girando a la izquierda continúa en el recorrido de Taranaki Falls.


Hay que bajar los acantilados por los que cae la cascada. Hay una escalera larga a través de un bosque de árboles toatoa que rápidamente nos deja en la base del acantilado con la cascada Taranaki de frente.


Esta cascada es de unos 20 metros de alta y cae por el borde de un gran flujo de lava del volcán Ruapehu. Un acantilado de roca volcánica que presenta tonalidades rojas, negras y de color crema, dándole un bonito trasfondo a la cascada.
Se puede bajar hasta el borde mismo de la cascada y contemplar la piscina verde azulada que forma la caída de agua.


El sendero continúa por Lower Taranaki Falls Track para volver a Wakapapa, más o menos paralelo al río Wairere. Más adelante el río Wairere comienza a formar una estrecha garganta a través de la roca volcánica y como medio kilómetros después, al cruzar un puente, se puede ver otra cascada de este río, desde su parte superior.



Cuando se lleva más o menos 5 km. recorridos hay un cruce con otro camino que lleva al refugio Mangatepopo. Es el camino que vimos ayer al poco de comenzar el track del Tongariro Alpine Crossing. El camino sigue por pastizales alternando con tramos de bosque de helechos hasta el tramo final de prados, similar al del inicio de la ruta, con la vista, cada vez más cercana, del Chateau Tongariro.


El Chateau Tongariro fue construido en 1929, es una suntuosa mansión con un entorno envidiable. Es uno de los hoteles más románticos de Nueva Zelanda.
Estuve mirando las opciones de alojamiento y se nos disparaba de precio. Había leído en algún sitio que suelen hacer ofertas pero estas no llegaron para nosotros.
Esta ruta no dura más de dos horas y el camino es fácil, con poco desnivel y un paisaje muy diverso. Con el aliciente añadido de las cascadas Taranaki.
Como ya mencioné, desde Wakapapa hay otras opciones de senderismo, con cascadas y sin ellas, pero nosotros nos conformamos con esta ruta y emprendimos el largo camino hacia Wellington.
Parándonos en la gasolinera del pueblo de National Park para el arreglo de la zapatilla.
Por la SH4 continuamos. Pasamos el desvío al pueblo de Ohakune. Aquí si me hubiera gustado parar ya que desde esta localidad parte la Ohakune Mountain Rd. hasta la estación de esquí de Turoa. Desde esta carretera salen varias rutas de senderismo interesantes y desde la estación de esquí se puede acceder en telesilla hasta las laderas del monte Ruapehu y contemplar sus glaciares de cerca. Pero ello nos hubiera entretenido bastante.
Por esta misma carretera seguimos hasta Whanganui, una población histórica situada junto al río del mismo nombre. Parece una ciudad con movimiento y varios edificios antiguos, otros en rehabilitación. Tan sólo paramos para comer.
Estábamos buscando un restaurante que aparece en la Lonely y como nos daba igual finalmente entramos en Breakers Bar ya que mirando su carta nos pareció tener buenos menús. Está situado en la esquina de St. Hill y Guyton St. En una de estas calles tiene otra entrada mucho más formal, como estilo de pub, pero es el mismo establecimiento. Dentro es enorme y tiene varios ambientes. Se come bien y con precios asequibles.
Nos quedaban unas tres horas de viaje hasta la capital del país, Wellington.
En Wellington nos alojábamos en unos apartamentos, Quest Atrium Serviced Apartments. Lo más cerca que encontré del puerto dado que al día siguiente teníamos que coger el ferry para cambiar de isla.
Son apartamentos modernos, bien equipados y cómodos. Una lavadora estupenda que utilizamos para hacer nuestra primera colada en tierras neozelandesas.
Tenían aparcamiento pero había que pagar por él, lo cual vimos razonable dado que en las ciudades no suelen abundar los parkings. También te cobraban comisión si pagabas con tarjeta de crédito. Así que les pagamos en efectivo y asunto solucionado.
La ciudad de Wellington es otra de las sacrificadas en la selección de visitas de este viaje, igual que Auckland y otras ciudades. Y me hubiera encantado al menos haber visitado el museo Te Papa. Vi que no estaba lejos de nuestro alojamiento pero al comprobar su horario directamente lo descarté porque nosotros llegábamos después a la ciudad.
Así que nos tomamos algo cerca del apartamento y antes de retirarnos nos acercamos hasta la zona peatonal pues una compañera tenía interés en ello.
En concreto hasta la Cuba Street. Desde el apartamento se tardará como unos 20 minutos andando, o quizá algo menos. Por el camino fuimos viendo algunos bonitos edificios victorianos.
La calle Cuba es una calle peatonal y comercial en la que abundan comercios de todo tipo, boutiques, cafés, tiendas vintage, bares, galerías de arte… y pubs que cierran tarde por la noche. Tiene mucho ambiente, desenfadado, bohemio, divertido….
A pesar de ello es una de las zonas más antiguas de Wellington y el propio nombre de la calle se remonta a 1840. Nombrada en honor de uno de los primeros barcos que arrivaron con colonos a Nueva Zelanda.
Los edificios art déco, victorianos o eduardianos de esta calle y las aledañas, en sus orígenes hospedaron a constructores y comerciantes y hoy día son los que albergan los distintos tipos de comercios. Por esta cantidad de edificios antiguos la zona fue declarada “área histórica de la ciudad” en 1993.
Hasta la década de los 60 la calle Cuba fue la ruta de los tranvías de Wellington. Pero eliminaron los raíles y la parte central de la calle la cerraron al tráfico. Una pena que eliminaran estos raíles.
Además de los comercios, por la calle se pueden ver “detalles” que pueden hasta parecer que se encuentran fuera de lugar. Como la escultura rara y futurista encima del cártel de la calle, un paraguas de aluminio en colores, de tamaños gigante, pegado al suelo, y lo más icónico de la misma, la llamada Bucket Fountain o la fuente de las cubetas. Es una fuente de varios pisos de cubetas que se van llenando de agua y la retienen hasta que vuelcan unas encima de las inferiores. Y todo ello con su característico sonido. Lleva allí volcando agua desde 1969.
Entramos en un pub de los muchos que hay, el cual tenía un ambiente muy divertido. Actuaba un equipo musical que tocaba estupendamente. Una música rara que nos recordaba en algunos momentos a la música celta, pero que sonaba bien. Unas cervezas y hasta nos echamos un baile ante la insistencia de una chica que invitaba a todos los que estábamos cerca a bailar y no paraba hasta que lo conseguía.
Así que fue un acierto que la compañera insistiera en visitar esta zona, por el rato divertido que pasamos y porque tuvimos la oportunidad de conocer algo de Wellington, aunque fuera poquito y de noche.
(Estas son fotos de la calle Cuba con luz diurna sacadas de páginas de turismo de la ciudad)


