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Íbamos a dejar Kilkenny para dirigirnos hacia Cork, hacia el sur. Cuando bajamos a desayunar Dermot ya se había adelantado y teníamos el desayuno esperándonos. Le dimos las gracias por su mediación para tener un día estupendo como el que habíamos tenido y aprovechando la coyuntura, le dijimos que sí podía “pedir” por nosotros para el resto del viaje. Con una gran sonrisa socarrona nos dijo que, sintiéndolo mucho, su área de influencia con el de arriba, solo abarcaba el área de Kilkenny y no más allá. ¡Y se quedó tan ancho! jajaja
Sobre las 9, con el cielo completamente despejado y 12ºC en la calle, nos despedimos de nuestro anfitrión agradeciéndole el habernos alojado en su casa y pusimos dirección hacia nuestra primera visita: la colegiata de St. Mary, que sí recordáis, no nos había dado tiempo a visitarla el día que volvimos a Hook para hacer el atardecer en el faro. Teníamos intención de hacer una visita exprés porque sabíamos de antemano que no era posible visitarla por dentro, pero como estaba cerca, no nos desviábamos en exceso.
Dimos una vuelta al perímetro y visitamos el cementerio y efectivamente, constatamos que estaba cerrada. Solo coincidimos con otro visitante madrugador.
Sobre las 9, con el cielo completamente despejado y 12ºC en la calle, nos despedimos de nuestro anfitrión agradeciéndole el habernos alojado en su casa y pusimos dirección hacia nuestra primera visita: la colegiata de St. Mary, que sí recordáis, no nos había dado tiempo a visitarla el día que volvimos a Hook para hacer el atardecer en el faro. Teníamos intención de hacer una visita exprés porque sabíamos de antemano que no era posible visitarla por dentro, pero como estaba cerca, no nos desviábamos en exceso.
Dimos una vuelta al perímetro y visitamos el cementerio y efectivamente, constatamos que estaba cerrada. Solo coincidimos con otro visitante madrugador.


Hicimos una parada técnica para repostar en una gasolinera cadena Topaz, cerca de Cullohill (27,74L x 1,149€ = 39,09€). Para llegar a Cashel desde Gowran, tuvimos que subir hasta Durrow para coger la carretera R639 y luego más adelante, cerca de Urlingford, la M8 hasta Cashel. Nos resultó curioso ver la mayoría de las rotondas con decoración temática y su correspondiente nombre.

Poco antes de las 11h, llegamos a Cashel y como el día anterior, nos dirigimos hacia el parking que ya conocíamos. Pero por el rabillo del ojo, vimos un sitio en la calle y aunque vimos el parquímetro, paramos para ver sí compensaba aparcar en la calle. Y sí que merecía la pena porque al ser domingo, era gratis. No obstante, preguntamos a un paisano que pasaba para asegurarnos de que se podía aparcar y no fuese algo destinado a locales.

Rock of Cashel es un conjunto de edificios medievales construido sobre un promontorio al lado del río Suir. El origen de Rock of Cashel o Roca de San Patricio se remonta a los siglos IV y V cuando los Eóganachta despuntaron como familia poderosa expandiéndose por toda la región de Munster. En el siglo X, Rock of Cashel pasó a mano de la dinastía de los Dál Cais y después, en el año 1101, Muirchertach Ua Briain, rey de Cashel, entregó la “roca” a la iglesia, quien lo convirtió en un gran centro monástico.
A lo largo de los siglos, Rock of Cashel, ha sufrido varios episodios de violencia, sobre todo, saqueos como el que hizo Lord Inchiquin en nombre del Parlamento inglés en el año 1647, aunque se mantuvo como símbolo de la iglesia irlandesa hasta el año 1749 que se abandonó y se traspasó a la iglesia de San Juan.
En 1869, tras la separación entre iglesia y estado, Rock of Cashel, pasó a formar parte del Patrimonio Nacional de Irlanda.
A lo largo de los siglos, Rock of Cashel, ha sufrido varios episodios de violencia, sobre todo, saqueos como el que hizo Lord Inchiquin en nombre del Parlamento inglés en el año 1647, aunque se mantuvo como símbolo de la iglesia irlandesa hasta el año 1749 que se abandonó y se traspasó a la iglesia de San Juan.
En 1869, tras la separación entre iglesia y estado, Rock of Cashel, pasó a formar parte del Patrimonio Nacional de Irlanda.


Desde donde dejamos el coche, solo tuvimos que subir un poco más de cuesta que el día anterior. Y lo primero que hicimos fue canjear nuestros tickets. El precio de la entrada 8€ p/p y 3€ adicionales si queremos visitar la capilla de Cormac (sólo visitas guiadas). Para los poseedores de la tarjeta Irish Heritage, ambas visitas son gratuitas. Y la capilla, merece la pena la visita.
La capilla de Cormac es una de las iglesias más antiguas de estilo románico construidas en Irlanda. Levantada por el rey de Desmond, Cormac MacCarhy en el siglo XII, se diferencia de otras edificaciones de la época por los materiales usados en su construcción. Mientras la mayoría de se levantó con piedra, la capilla de Cormac, se hizo con piedra arenisca y esto se nota en el color amarillento de sus muros.
Estos muros están decorados con murales datados en el siglo XII, pero quizás su singularidad es la ubicación del presbiterio: colocado de manera asimétrica con respecto a la nave.
En el interior se puede ver un sarcófago de piedra decorada con claras influencias escandinavas: con bestias y serpientes entrelazadas. Aunque está datada en la misma fecha que la catedral, se trasladó a esta capilla en el año 1875 y, es una pena porque como podéis ver, está parcialmente destruido.
La capilla de Cormac es una de las iglesias más antiguas de estilo románico construidas en Irlanda. Levantada por el rey de Desmond, Cormac MacCarhy en el siglo XII, se diferencia de otras edificaciones de la época por los materiales usados en su construcción. Mientras la mayoría de se levantó con piedra, la capilla de Cormac, se hizo con piedra arenisca y esto se nota en el color amarillento de sus muros.
Estos muros están decorados con murales datados en el siglo XII, pero quizás su singularidad es la ubicación del presbiterio: colocado de manera asimétrica con respecto a la nave.
En el interior se puede ver un sarcófago de piedra decorada con claras influencias escandinavas: con bestias y serpientes entrelazadas. Aunque está datada en la misma fecha que la catedral, se trasladó a esta capilla en el año 1875 y, es una pena porque como podéis ver, está parcialmente destruido.


Al dar por finalizada la visita, la guía dejó un poco de tiempo en el interior a los que queríamos sacar alguna foto sin gente.
El resto de la visita al recinto la hicimos por nuestra cuenta y a nuestro ritmo. Lo primero que te encuentras y llama la atención de cualquiera es la cruz de San Patricio del siglo XII, uno de los emblemas de Rock of Cashel. La que está en el exterior de la catedral es una réplica (la original está en los sótanos de la coral de los Vicarios). No se trata de la típica cruz celta puesto que no tiene un anillo en la parte superior. En su lugar tiene un cristo crucificado en el lado opuesto al que aparece tallado San Patricio. También han mantenido un fragmento de piedra con un tamaño considerable, desprendido hace algunos años desde una de las torres.
El resto de la visita al recinto la hicimos por nuestra cuenta y a nuestro ritmo. Lo primero que te encuentras y llama la atención de cualquiera es la cruz de San Patricio del siglo XII, uno de los emblemas de Rock of Cashel. La que está en el exterior de la catedral es una réplica (la original está en los sótanos de la coral de los Vicarios). No se trata de la típica cruz celta puesto que no tiene un anillo en la parte superior. En su lugar tiene un cristo crucificado en el lado opuesto al que aparece tallado San Patricio. También han mantenido un fragmento de piedra con un tamaño considerable, desprendido hace algunos años desde una de las torres.

Siguiendo por el sendero alcanzamos la catedral, una gran iglesia gótica construida entre los años 1230 y 1270 con forma de cruz y sin naves laterales. El torreón fue construido en el siglo XV entre la iglesia y los transeptos. A diferencia de otros templos similares, la nave es particularmente corta, sobre todo si se compara con la parte que ocupa el coro.


La torre cilíndrica, de veintiocho metros de altura, es el edificio más antiguo del complejo y se ha mantenido intacto a lo largo siglos y los siglos. Se cree que fue levantada alrededor del año 1101 y como viene siendo habitual por estos lares, se empleó como campanario.

Somos de los que nos tomamos con calma lo de sacar fotos y no nos importa esperar así que la visita se alargó un poco más de lo debido. Serían cerca de las 12:30 cuando salimos, bajamos hacia el pueblo y paramos por alguna tienda para hacer algunas compras. Dimos una pequeña vuelta por las carreteras que discurren por el perímetro inferior de la loma y paramos a un lado de la carretera para sacar unas últimas fotos desde la distancia.
Ya habíamos visitado Rock of Cashel pero aun así, salvo lo más representativo, te das cuenta de que no tienes un recuerdo fiel de todo lo que ves con el paso de los años. ¡Ay, la memoria!
Ya habíamos visitado Rock of Cashel pero aun así, salvo lo más representativo, te das cuenta de que no tienes un recuerdo fiel de todo lo que ves con el paso de los años. ¡Ay, la memoria!

Poco antes de las 13h, sí que ya abandonamos Cashel y pusimos rumbo hacia nuestro siguiente destino del día, el castillo de Blarney, cerca de Cork. Pero antes, en una gasolinera de las afueras del pueblo, compramos unos wraps con refrescos y postre por 13,73€ que comimos por el camino. Como estábamos a casi 100 kms. decidimos ir por la autopista M8, aunque sabíamos que tendríamos que pagar peaje (1,90€), pero así nos ahorramos casi veinte minutos. ¡Es lo que tiene no cumplir con los horarios! jajaja
Llegamos a Blarney alrededor de la 14h30, pero como ya íbamos comido, empezamos directamente la visita. Este castillo es privado y no es gestionado por la OPW, así que tuvimos pasar por caja, 18€ por persona (16€ si se compra a través de la página web).
Llegamos a Blarney alrededor de la 14h30, pero como ya íbamos comido, empezamos directamente la visita. Este castillo es privado y no es gestionado por la OPW, así que tuvimos pasar por caja, 18€ por persona (16€ si se compra a través de la página web).


Hay quien pensará que este es un sitio prescindible en una visita a Irlanda y puede tener razón, pero nosotros quisimos repetir por varios motivos, entre otros, porque creemos “a pie juntillas” en el don de la elocuencia, ¡tal cual!
Aunque poco queda del original Castillo de Blarney, la leyenda sobre “su famosa piedra” y sus propiedades, aún perduran y son uno de los motivos de que sea visitado por miles de personas cada año. Y es que según dice la historia quien besa la piedra, recibe el don de la elocuencia, jajaja. Verdad o no, ¡quién sabe! de estar aquí, pues besas la piedra como manda tradición. … lo que se dice siempre …. ¡por si acaso!
Aunque nosotros ya la habíamos besado en nuestro viaje de 2006, habíamos empezado a notar que sus propiedades habían ido a menos últimamente, así que decidimos que era buen momento para hacer “una recarga de elocuencia”. ¡Ya veremos cuánto nos dura esta vez! jajaja
El castillo fue construido a principios del siglo XIII y posteriormente destruido en 1446. Después, Dermot McCarthy, rey de Desmond, lo reconstruyó levantando la torre que aún se puede visitar hoy en día. También quedan algunas habitaciones en pie, pero no hay ningún tipo de mobiliario. Solo piedra.
Aunque poco queda del original Castillo de Blarney, la leyenda sobre “su famosa piedra” y sus propiedades, aún perduran y son uno de los motivos de que sea visitado por miles de personas cada año. Y es que según dice la historia quien besa la piedra, recibe el don de la elocuencia, jajaja. Verdad o no, ¡quién sabe! de estar aquí, pues besas la piedra como manda tradición. … lo que se dice siempre …. ¡por si acaso!
Aunque nosotros ya la habíamos besado en nuestro viaje de 2006, habíamos empezado a notar que sus propiedades habían ido a menos últimamente, así que decidimos que era buen momento para hacer “una recarga de elocuencia”. ¡Ya veremos cuánto nos dura esta vez! jajaja
El castillo fue construido a principios del siglo XIII y posteriormente destruido en 1446. Después, Dermot McCarthy, rey de Desmond, lo reconstruyó levantando la torre que aún se puede visitar hoy en día. También quedan algunas habitaciones en pie, pero no hay ningún tipo de mobiliario. Solo piedra.


Y no somos los únicos pardillos porque la cola que nos encontramos para acceder a la torre era considerable. Imaginamos que en julio y agosto tiene que triplicarse.
Cuando llegó nuestro turno pudimos comprobar que unas cosas habían cambiado y otras no. Sigue habiendo una persona que te ayuda a “doblarte” para poder llegar hasta la piedra y que no te escurras por el hueco. Han añadido un sistema automático que te saca la foto del momento (que luego puedes recoger en una caseta de la entrada previo pago de x€). Aún con este dispositivo, siguen dejando que cada uno se saque sus propias fotos y nosotros eso hicimos.
Cuando llegó nuestro turno pudimos comprobar que unas cosas habían cambiado y otras no. Sigue habiendo una persona que te ayuda a “doblarte” para poder llegar hasta la piedra y que no te escurras por el hueco. Han añadido un sistema automático que te saca la foto del momento (que luego puedes recoger en una caseta de la entrada previo pago de x€). Aún con este dispositivo, siguen dejando que cada uno se saque sus propias fotos y nosotros eso hicimos.


Piedra aparte, el castillo tiene más terreno que explorar. La duración recomendada para la visita es de unas 3 horas. Como siempre, todo depende de lo que os guste caminar y los senderos que elijáis. Por el precio que tiene, creo que merece la pena pasar un buen rato en medio de la naturaleza.

Escogimos una senda que lleva hasta el lago y es que más terreno abarca. Habíamos mirado el pronóstico del tiempo y aunque daban algo de lluvia, aún teníamos algo de tiempo para pasear.

De camino al lago, pudimos disfrutar de un “mini” bosque de helechos gigantes y una bonita, aunque pequeña, cascada. Alrededor del lago hay algunos mini embarcaderos de madera a modo de miradores para asomarte un poco a las orillas adornadas con mantos de nenúfares.


En el centro del parque, se puede ver (pero no se puede visitar) la casa Blarney. Los jardines son inmensos y aunque nos cruzamos con algún que otro humano, nos acercamos a saludar a unos burritos que curiosos, se acercaron al vallado.

Como andábamos bien de tiempo, aprovechamos para hacer el sendero marcado como Forest Trail Route donde pudimos ver la “cueva de los druidas”, “la piedra de la bruja” con una caprichosa y divertida forma y las “siete hermanas”, un círculo megalítico con una bonita leyenda detrás.



Poco antes de las 17h30, dimos por finalizada la visita. Y la predicción fue acertada, porque empezaron a caer las primeras gotas. Antes de ir al B&B queríamos pasarnos por otro de los sitios anotados en la agenda y no ir a la carrera. Recogimos el coche del parking (2€ por 3 horas. Realmente no es un precio desorbitado, pero a nosotros nos parece que con el precio que tiene la visita, bien podían incluir el aparcamiento gratuito para visitantes) Dicho esto, pusimos rumbo al pueblo de Cobh.

Cobh no estuvo incluío en los planes iniciales. Pero una vez que pensamos en Irlanda, estuvimos viendo los videos de nuestro viajero favorito Alan Estrada, y descubrimos que Cobh había sido la última parada del Titanic antes de que sufriera el accidente y posterior hundimiento frente a las costas de Nueva Escocia, Canadá.
También habíamos visto muchas fotos en Instagram de unas casas con las fachadas pintadas de colores recorriendo una calle empinada. Nos recordó a las “painted ladies” de San Francisco o a St. Ives, en Cornualles, Inglaterra.
Y de este modo, fue añadido al planning.
También habíamos visto muchas fotos en Instagram de unas casas con las fachadas pintadas de colores recorriendo una calle empinada. Nos recordó a las “painted ladies” de San Francisco o a St. Ives, en Cornualles, Inglaterra.
Y de este modo, fue añadido al planning.

Cuando llegamos a Cobh eran casi ya las 18h30 y quedaba muy poquito tiempo de luz. Además, el cielo con unas nubes tan oscuras, no contribuía en absoluto. Aparcamos el coche en un parking a la entrada del pueblo y como era ya tarde, no tuvimos que pagar nada.
Aunque no tardamos en localizar la calle (west view st.) donde están las casas, lo que si tardamos en localizar la vista desde donde estaban sacadas esas fotos que habíamos visto.
Finalmente, después de varias vueltas escudriñando todos los recovecos de la zona terminamos en la calle Spy Hill y llegamos a la conclusión de que la foto estaba sacada desde aquella perspectiva. Pero seguíamos sin saber cómo demonios porque estábamos plantados en la acera y enfrente un muro de dos metros de altura donde era imposible ver las casas. Ya nos podéis imaginar, dando saltos (somos bajitos los dos) para superar esa altura y certificar que estábamos en lo cierto y ese era el lugar.
Ni cortos ni perezosos cogimos el palo de selfie, pusimos un móvil y miramos por encima del muro. ¡Premio! Allí estaban las casas y la catedral, rematadas por un cielo de tormenta potente. Ahora bien, ¿cómo íbamos a hacer para superar la barrera del muro y sacar la foto con la réflex?
Examinamos la tapia en busca de agujeros donde poder apoyar los pies. Una vez encaramado en lo alto lo suficiente para sacar la cabeza y sostener la cámara, mientras Anna soportaba, aguantaba y equilibraba mi cuerpo con el suyo. Visto desde fuera, debimos ser un espectáculo, pero en esos momentos no vimos otro modo de hacerlo. ¿Mereció la pena el esfuerzo? Este fue el resultado:
Aunque no tardamos en localizar la calle (west view st.) donde están las casas, lo que si tardamos en localizar la vista desde donde estaban sacadas esas fotos que habíamos visto.
Finalmente, después de varias vueltas escudriñando todos los recovecos de la zona terminamos en la calle Spy Hill y llegamos a la conclusión de que la foto estaba sacada desde aquella perspectiva. Pero seguíamos sin saber cómo demonios porque estábamos plantados en la acera y enfrente un muro de dos metros de altura donde era imposible ver las casas. Ya nos podéis imaginar, dando saltos (somos bajitos los dos) para superar esa altura y certificar que estábamos en lo cierto y ese era el lugar.
Ni cortos ni perezosos cogimos el palo de selfie, pusimos un móvil y miramos por encima del muro. ¡Premio! Allí estaban las casas y la catedral, rematadas por un cielo de tormenta potente. Ahora bien, ¿cómo íbamos a hacer para superar la barrera del muro y sacar la foto con la réflex?
Examinamos la tapia en busca de agujeros donde poder apoyar los pies. Una vez encaramado en lo alto lo suficiente para sacar la cabeza y sostener la cámara, mientras Anna soportaba, aguantaba y equilibraba mi cuerpo con el suyo. Visto desde fuera, debimos ser un espectáculo, pero en esos momentos no vimos otro modo de hacerlo. ¿Mereció la pena el esfuerzo? Este fue el resultado:

El día había acabado muy bien y estábamos muy contentos. Eran más de las 19h cuando terminamos de sacar las fotos y como todavía teníamos que recorrer los 85 kms. que separan Cobh de Clonakilty, donde íbamos a pasar la noche, no nos entretuvimos mucho. En las afueras del pueblo aprovechamos para comprar la cena y el desayuno del día siguiente (19,08€).
En cuanto salimos de Cobh, se puso a llover y tuvimos que hacer todo el viaje de noche y lloviendo. Llegamos al alojamiento sobre las 20h45 y tal y como habíamos quedado con la anfitriona, le llamamos por teléfono para avisarle de que habíamos llegado. Al cabo de un rato de espera enfrente del portal del alojamiento, una señora que bajó de un coche, se dirigió hacia el portal y supusimos que era la dueña. Tras las presentaciones de rigor, nos llevó hasta nuestro alojamiento. Se trata de una especie de hostel, con habitaciones individuales, una zona común amplia con cocina, lavadora, etc. y la parte de los sofás con la tv. Nos pidió pago en metálico (estábamos en cuenta de pagarle con tarjeta) y no había traído cambios así que buscamos entre todo el dinero suelto que teníamos y al final le dejamos algún eurillo en deuda.
Creo que no me equivoco si digo que, por lo menos en nuestra planta, éramos los únicos huéspedes, porque durante nuestra estancia, no vimos a nadie y ni siquiera oímos ruido en otras habitaciones.
Aprovechamos que teníamos bien de espacio para cenar tranquilamente y también para preparar el itinerario para el día siguiente. Volvimos a ver el vídeo de alanxelmundo sobre Cobh aprovechando que no teníamos que esperar al desayuno (no tenían esa opción cuando reservamos), decidimos que madrugaríamos un poco más de lo habitual y que volveríamos a Cobh para conocerla más allá de la calle West View y sus casas de colores.
En cuanto salimos de Cobh, se puso a llover y tuvimos que hacer todo el viaje de noche y lloviendo. Llegamos al alojamiento sobre las 20h45 y tal y como habíamos quedado con la anfitriona, le llamamos por teléfono para avisarle de que habíamos llegado. Al cabo de un rato de espera enfrente del portal del alojamiento, una señora que bajó de un coche, se dirigió hacia el portal y supusimos que era la dueña. Tras las presentaciones de rigor, nos llevó hasta nuestro alojamiento. Se trata de una especie de hostel, con habitaciones individuales, una zona común amplia con cocina, lavadora, etc. y la parte de los sofás con la tv. Nos pidió pago en metálico (estábamos en cuenta de pagarle con tarjeta) y no había traído cambios así que buscamos entre todo el dinero suelto que teníamos y al final le dejamos algún eurillo en deuda.
Creo que no me equivoco si digo que, por lo menos en nuestra planta, éramos los únicos huéspedes, porque durante nuestra estancia, no vimos a nadie y ni siquiera oímos ruido en otras habitaciones.
Aprovechamos que teníamos bien de espacio para cenar tranquilamente y también para preparar el itinerario para el día siguiente. Volvimos a ver el vídeo de alanxelmundo sobre Cobh aprovechando que no teníamos que esperar al desayuno (no tenían esa opción cuando reservamos), decidimos que madrugaríamos un poco más de lo habitual y que volveríamos a Cobh para conocerla más allá de la calle West View y sus casas de colores.
*** final del día 5 ***
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Pero esta vez vamos con un amigo que no...