El último lugar de nuestro itinerario fue Oporto, llegamos desde Lisboa en tren, en Lisboa estación Santa Apolonia y llega a Oporto estación Campanha, el viaje tarda casi 3 horas.
Nos alojamos desde el 26-5-17 que llegamos hasta el 28-5-17 que nos fuimos, en Santa Catarina Downtown Apartment. El apartamento antiguo, grande, cómodo, con balcón, en un edificio bastante antiguo, sobre una de las calles principales pero a varias cuadras del centro de la ciudad. La impresión que nos dio en el año 2017, no sé si ahora seguirá así, fue que la manzana estaba deshabitada, que éramos los únicos humanos de un solar vacío, lo que no nos daba mucha tranquilidad, pero tengo que decir que nunca hemos tenido ningún problema. Como ya dije en algún otro diario que escribí, si mis hijas supieran donde nos metemos a veces en nuestros viajes, no nos dejarían salir solas ni a la esquina.
La calle del apartamento cuando te vas acercando al centro se convierte en una calle muy comercial, con comercios, cafés y restaurantes. Cuando empezamos a caminar, a pocos metros nos encontramos sobre la misma calle donde estábamos alojadas, a la Capela Das Almas, que como todo en Oporto llama la atención por la profusión de mosaicos blancos y celestes-azules con todo tipo de imagen en ellos. La Capela, los tiene en todo su frente, costado y en el interior, hermoso.


Cuando se empieza a hacer comercial, compramos en una tienda, para llevar como suvenir, unos repasadores que imitaban los azulejos tan característicos de la zona a muy buen precio. La anécdota es que al día siguiente entramos a comprar más y el muchachito que nos atendió (supusimos el hijo de la señora que nos atendió ayer) nos cobró unos euros menos por pieza que el precio del día anterior, entendimos que querían agotar el stock. Ya en casa pensamos que si se equivocó y la madre se dio cuenta después no lo debe haber dejado nunca más sólo en el local. Siguiendo unos metros más por esa calle nos encontramos con uno de los cafés emblemáticos de Portugal, el Majestic Café, muy lindo en su exterior e interior, no quisimos esperar que se desocupara una mesa, así que el capuchino en este café emblemático quedó para un próximo viaje a Lisboa.

En nuestra caminata pasamos por el mercado del Bolaho, al que no entramos pero se veía muy grande

Nuestro objetivo era llegar a la Iglesia de San Idelfonso, con una gran escalinata y los preciosos azulejos blancos y celestes.
