En el interior de las cuevas muy bien iluminadas, hay un piso elevado para no mojarte y pasarelas para agarrarte por las dudas alguien resbale. Si el espectáculo del mar chocando con el acantilado es hermoso, la vista del interior, tanto de las cuevas, como del color del mar a lo lejos es indescriptible, no hay palabras.


Al descender la visión fue la de la siguiente foto, si miran con detención se ve en la roca que se eleva los postes de luz que iluminan las cuevas. El color del Mediterráneo también es indescriptible.

Uno no toma verdadera dimensión de lo cerca que están las ciudades de una frontera, muchas veces conflictiva, hasta que no lo ve escrito como en el cartel que está en Rosh Anikra que es frontera con Líbano.

En ese punto de Israel estábamos más cerca de Beirut, capital del Líbano, que de Jerusalem, capital de Israel.
En Rosh Anikra hay posibilidades de hacer playa, bastante cerca de las cuevas, que demás está decirlo el tour no incluía como parada. Desde donde paró el bus pudimos asomarnos a verlas y se veían de película para disfrutar un ratito de una playa agreste, solitaria y tranquila. KO….

