Seguimos nuestras visitas yendo al Mercado del Porcellino, bueno casi seguimos porque por poco no me pueden sacar de ahí. Es un mercado en la Plaza de la República que tiene muchos puestos de venta de artículos de cuero, lana y suvenir. Compré una pashmina de lana color lavanda tan suave y calentita que es una caricia, y me hubiera gustado comprar más si hubiera tenido bolsillo para hacerlo. No saque fotos, estaba ocupada eligiendo, pero les cuento, se llama Mercado del Porcellino porque tiene la escultura de un puerco, que en realidad es de un jabalí, que dicen que si se le frota la nariz pidiendo un deseo, da suerte, así que le brilla el hocico.
Cuando Amalia pudo sacarme del mercado fuimos a la Piazza della Signoria, una de las principales de la ciudad, su centro neurálgico y de las más bonitas, en la plaza destaca la Loggia de Lanzi que es una estructura de material abierta a la plaza, como si fuera un escenario, que alberga varias esculturas lo cual la convierte casi en un museo al aire libre, así como el Palazzo Vecchio, sede del gobierno de la ciudad, con la réplica de la estatua del David de Miguel Ángel y la estatua de Hércules y Caco en el frente. A la vuelta de la Loggia se encuentra la entrada del Museo Uffizi que contiene importantes y conocidas obras de arte, al cual no entramos.


Como era mediodía y llovía copiosamente decidimos quedarnos a almorzar en uno de los restaurantes de la calle lateral a la plaza.
Al salir, entramos al Palazzo Vecchio que, además de albergar al Ayuntamiento de la ciudad, es un museo. Su nombre proviene de la época en que los Medici se mudaron al Palazzo Pitti y este palacio pasó a ser el palacio viejo. Se pueden recorrer distintas salas, todas ricamente decoradas, sobresaliendo el salón de la cámara del Ayuntamiento, llamado el Salón del Cinquecento, por sus enormes dimensiones, pueden entrar hasta 500 personas, de ahí su nombre, bellísimo, grande y con cantidad de obras de arte.

Todos y cada uno de los salones que vimos son preciosos y en algunos la vista desde sus ventanas simplemente quitan el aliento.



Al salir como el clima prometía una buena lluvia nos acercamos al Ponte Vecchio para darle una mirada a las joyerías que tienen ahí sus tiendas, aun sabiendo que no nos es posible comprar nada de lo que ahí se exhibe, y al departamento a descansar.
