Lunes, 16 de septiembre de 2019
Compré dos Muni diarios individuales de 24h por 5$ cada uno.
Por supuesto, el jet lag hizo aparición y a eso de las 2 de la mañana nos despertamos, pero, al menos, nos volvimos a dormir con cierta facilidad para arrancar sobre las 8 ya desayunando.
Con la aplicación del transporte en el móvil empezamos a coger autobuses (pobres sustitutos de los maravillosos tranvías) para acercarnos a la famosa calle Lombard. Había turistas, pero no aglomeración y descendimos por las escalinatas laterales haciendo fotos y disfrutando de las vistas tan peculiares de esta ciudad formada por cuestas y mar y puentes y pobres y músicos callejeros y chinos y murales y casitas preciosas por todos lados.


Comimos en horario americano, alrededor de las 12h ya nos daba hambre. Y en plan típico, la famosa sopa Clam Chowder, una blanca y otra roja, atendidos por una amable mejicana.

Tomando la línea F fuimos hacia el sur. Callejeando, con paradas en la Little Italy a la caza de un buen café. Durante el ratito de tomarlo en una mini terraza, me ofrecieron comprar un viejo Fiat 600, justo los chicos de la mesa de al lado, con acento italiano.
Luego nos dedicamos a buscar el Zoetrope, sorpresa para mi hermanito, y muy de su gusto, claro. Allí tiene sus oficinas American Zoetrope, una compañía de producción cinematográfica fundada por Francis Ford Coppola y George Lucas. En el bar no tomamos nada, pero igualmente nos dejaron pasar y hacer alguna foto del interior, plagada de imágenes icónicas de gente del cine, del buen cine. Fotos de reuniones, de rodajes, de encuentros entre protagonistas de los de delante y de los de detrás del foco.
El edificio es original, tipo mini-Flatiron, pero en verde. Es emocionante asomarse al mundo que existe tras el resultado que son las películas, las grandes películas, las obras maestras del cine.

Desde allí, era fácil dar una vuelta por China Town, y lo hicimos, buscando nuestros habituales imanes y recuerdos baratos. Cayeron varias camisetas, mis guantes para el horno con la imagen de la ciudad, unas gafas de sol y algún otro enredo de poca monta.
Tras un respiro para reponer fuerzas en el Hostel emprendimos el camino hacia el siguiente objetivo: El Golden Gate. Pero no fue algo muy directo que digamos.
De camino, en el autobús, reconocí en el plano un punto marcado no como imprescindible, pero sí como interesante: el palacio de bellas artes. Así que nos bajamos alguna parada antes de la prevista. La estructura exterior con sus columnas y su estanque nos mostró sus colores más encendidos con el sol ya bajando. Fue un agradable paseo y deparó alguna foto interesante, también.

En el plano se veía muy cerca el comienzo de la playa de Crissy Field, y, en realidad, la playa lo está. Pero mis incesantes lecturas previas sobre miradores del famoso puente, apuntaban un poco más allá. Un poco.
El paseo desde el acceso al Crissy Field Center, que es lo que teníamos enfrente, hasta los espacios donde la playa se ensancha y muestra mejores vistas del Golden Gate fue agradable, pero un poquito más largo de lo previsto.

Disfrutando de la agradable temperatura, las vistas de la ciudad a nuestra espalda y la silueta rojiza del afamado puente al frente, nos fuimos cruzando (y nos fueron adelantando, mi ritmo de caminante no es muy alto) con todo tipo de paseantes, a pie o en bici, con perros (uno en la mochila de un ciclista y con gafas de sol perrunas), o sin él.
El paseíto fue largo y llegamos al pie de la mole de hierro ya con la noche cayendo a nuestro alrededor, por lo que las fotos buscadas de la luz incidiendo en horizontal sobre el puente no fueron posibles, nos quedamos sin la luz del atardecer en el punto buscado. Esto nos volvería a pasar más veces a lo largo del viaje, una lástima, porque dudo mucho que puedan repetirse las visitas a estos espectaculares escenarios.
Pues eso, llegados al punto donde Kim Novak se lanza a las aguas de la bahía en Vértigo, emprendimos la subida hasta la parte de la carretera, desde donde se podría coger un autobús hacia el centro de la ciudad.
La subida, casi a oscuras ya, se me hizo durilla. Incluso obligué a una paradita en un banco desde el que las vistas nos mostraron que la iluminación nocturna del Golden Gate no es gran cosa. La tiene más bonita el puente de la bahía, que visitamos en nuestra primera tarde en la ciudad, el día anterior, de hecho.
No encontramos la parada con demasiada facilidad, y eso que lo había mirado muchas veces en Google, antes del viaje, y sobre la marcha; pero tras cruzar un túnel y dar alguna vuelta, dimos con ella.
De regreso a “nuestro barrio” vimos, como el día anterior, la gran cantidad de gente sin hogar que pulula por la zona. Unos más locos que otros, hablando solos o entre ellos, o con el primero que se les cruza, pero, aunque el olor que desprenden no es agradable, lo cierto es que no vimos que causaran ningún problema a nadie.
Cenamos temprano (habíamos comido pronto también), una especie de plato combinado en una cafetería frente al Hostel, con pollo empanado como ingrediente principal.
Nosotros somos poco sofisticados para la comida y EEUU no es precisamente, por lo que llevo visto, abundante en establecimientos de cocina casera. Fritos y más fritos, estupendas hamburguesas, buenísimas las patatas fritas y, en general, estupendos los dulces, galletas, brownies, batidos, tartas y demás “guarrerías”, pero no saben lo que son unas buenas lentejas.
