Hoy íbamos a ir a Kali Biru, también llamado Rio Azul (Blue River). Este era un lugar que se encontraba extremadamente lejos. Había que ir en barco hasta Waisai, desde allí coger un coche aproximadamente una hora y cruzar la isla hacia el este, a continuación coger otro barco y finalmente caminar un rato hasta llegar al lugar.
Este tramo del río era conocido por su color azul turquesa. La excursión desde nuestra homestay costa 5 millones de IDR. En los últimos días, se había ido gente de la homestay y había llegado nueva. La excursión era para máximo 8 personas, y dio la casualidad de que los que queríamos ir éramos exactamente ese número, por lo que el tour nos salió relativamente barato. A las 7:30 de la mañana ya estábamos desayunados y listo para coger el speedboat y llegar a Waisai. Una hora después llegamos al puerto y había dos coches esperándonos para llevarnos al siguiente punto.
Estuvimos aproximadamente otra hora recorriendo la isla. Los paisajes eran espectaculares, la carretera se adentraba en plena selva y el asfalto era lo único que no era de color verde. Además, la vegetación se había comido ya parcialmente la carretera convirtiéndola en una vía de un solo carril.
Tras disfrutar de los paisajes, llegamos a otro puerto. Desde ahí teníamos que coger otro barco, esta vez un longboat, que tardaría unos 30 minutos en llevarnos al punto donde deberíamos proseguir andando.
Nuevamente los paisajes eran increibles, comenzamos a remontar el río. Las montañas de los lados se iban cerrando cada vez más, el agua era completamente transparente y en los árboles podíamos observar infinidad de pájaros, desde águilas a cacatúas.


Llegamos a un punto donde debido a la profundidad del río los barcos no podían seguir, y aquí nos tocó comenzar a andar unos 10/15 minutos. Cruzamos el río y nos adentramos unos cientos de metros en la selva hasta que llegamos al Blue River.

El agua se podía ver de otra tonalidad, si bien no tan impresionante como las fotos que habíamos visto, quizá porque estaba nublado, quizá porque estaban retocadas.
No obstante el paisaje era digno de ver. Nos pusimos el traje de baño y nos dimos un chapuzón. Fue la primera vez en el viaje que nos bañamos en un agua que no estaba por encima de los 25 grados, y la verdad es que se agradeció.

Estuvimos tanto tiempo como quisimos, sin embargo, como le habíamos comentado a Ringa la posibilidad de pararnos en una granja donde cultivaban “frutas del dragón”, decidimos no entretenernos más y volvimos hacia el segundo puerto donde habíamos cogido el longboat. Comentar que estos barcos son muy inestables, y en la vuelta, lo estaba conduciendo un chico joven sin mucha experiencia y por poco volcamos la barca. No hubiese pasado nada salvo que se hubiesen mojado todas las cosas electrónicas. Por eso es recomendable viajar con una bolsa de esas estancas que se enrollan para evitar sustos.
Comimos en el puerto con vistas al río y a la montaña, y nos volvimos a subir a los coches. Comenzamos a deshacer camino hasta llegar a la granja que por desgracia se encontraba cerrada. Fuimos a Waisai y nos llevaron a un supermercado donde compramos helados (comenzábamos a estar cansados de la comida de allí, arroz, verduras y pollo/atún) y nos apetecía algo occidental.
Después regresamos al puerto de Waisai y al speedboat. Sobre las tres de la tarde llegamos a Kri.
Nada más llegar y tener conexión a internet, descubrimos que nuestro vuelo del día siguiente había sido modificado.
Teníamos un vuelo a las 14:35 desde Sorong a Makassar y otro de Makassar a Yogyakarta a las 16:45. El segundo vuelo lo habían pasado a las 14:15, por lo que era imposible que lo cogiésemos. Comprobamos en la web de Lion Air si había otros vuelos de Makassar a Yogyakarta al día siguiente que nos sirviesen, pero todos salían antes. Así que la única opción era hacer noche en Makassar, en la que no había mucho que hacer.
Teníamos que llamar a Lion Air para que nos cambiasen el vuelo. Le pedimos a Ringa si nos podía recargar la tarjeta SIM con llamadas (solo habíamos comprado datos de teléfono), y nos lo hizo sin ningún problema (recuerdo que las recargas se tienen que hacer con tarjeta de pago indonesia). Le pagamos y comenzamos a llamar a Lion Air. Nos costó que nos atendiese una persona. De hecho, la primera que nos cogió el teléfono, al oírnos hablar inglés, nos colgó. La segunda persona si que nos atendió y nos cambió el vuelo al día 5, sin coste alguno (faltaría más).
Comentar que los cambios en Lion Air son muy frecuentes, por lo que si podéis evitar esta aerolínea mejor. Sino podéis, intentar no coger dos vuelos el mismo día.
Con el susto del vuelo solucionado nos fuimos a hacer snorkel por útilma ve enfrente del homestay. La marea estaba muy baja y aunque fuimos con cuidado de no tocar el coral, lo hicimos sin darnos cuenta y nos cortamos (son como cuchillos). Aprovechamos la corriente para ir hasta el centro de buceo y no salimos.
Esta noche nos había dicho Ringa que después de cenar nos llevaría la familia (los nativos de allí) a ver el cangrejo de los cocos. Este cangrejo es el más pesado de todos los que existen, vive en la tierra, y se alimenta pelando los cocos, subiendo a una palmera y dejándolos caer para que se partan y poder alimentarse. La familia tiene localizados los agujeros donde se esconden durante el día, y para que saliesen por la noche, les dejó cocos abierto delante de la guarida.
Pudimos ver dos ejemplares y la verdad es que nos impresionaron. No eran muy grandes pero sí muy curiosos. Los nativos antiguamente (y posiblemente en la actualidad) los consumían pero se encuentran protegidos ahora.

Para culminar nuestro día, como se trataba de nuestra última noche (y la de unos pocos más), Ringa e Indra nos dieron un pequeño concierto de guitarra y armónica.
Finalmente nos fuimos a dormir, nos esperaba otro día de viajes.