El día de antes, a la llegada al hotel, concretamos con el dueño que queríamos ir a ver el amanecer al banco de arena. Normalmente la gente va después del desayuno, pero nosotros quisimos ir antes para estar completamente solos y fue un acierto.
Se levantó un poco nublado, de hecho había llovido poco antes de despertar, pero aún así decidimos ir.
El banco de arena está justo en frente de nuestro hotel y desde allí amanece. No tardamos mucho en llegar y de camino ya veíamos los colores preciosos del cielo algo nublado.

Quedamos que nos recogería a las 10 am. Eran las 6 y cuatro horas fueron más que suficiente. Hicimos de todo: snorkel, relax, volamos el dron, millones de fotos...es una pasada , no llovió y salió el sol. No teníamos palabras para definir la sensación en medio del mar, sobre un simple banco de arena.


Una vez de vuelta al hotel Hasan nos preparó el desayuno; y luego nos fuimos a la bikini beach, pasando antes a comprar algo por el súper.


Después de picotear algo en la playa, relajarnos y hacer un buen snorkel -que os contaré en otras etapas- volvimos al hotel para salir pronto y recorrer toda la isla. Queríamos bordearla entera para ver si encontrábamos alguna playa, como en Thoddoo, que fuera secreta y guay.
En este caso, a diferencia de Thoddoo no vimos nada interesante. Nos quedamos con la playa que hay en nuestro hotel y de ahí hasta la bikini beach. Ese tramo de playa es el mejor y diría que el único en la isla que vale la pena.

Por la noche, cenamos en el Bamboo Hut fried noodles, limonadas y agua grande con sandía de regalo para el postre (237 Rufiyaas, que son unos 15 euros). Cada noche volvimos a este lugar; porque, además de ser el más barato, estaba bueno y te regalaban el postre.