Continuamos con la zona del barraco, tempranito empezamos a “disfrutar” de las carreteras sicilianas, no había demasiado trafico y en poco menos de una hora llegamos a Modica, si cruzas la zona antigua, en la salida de la ciudad hay una zona de aparcamiento gratuito, tuvimos suerte y pudimos dejar el coche allí, no hay demasiado sitio.
El casco antiguo no es muy grande, lo que permite verlo con tranquilidad y perderse por sus callejuelas, aunque con un buen número de cuestas y escaleras como es norma en casi toda la isla. Empezamos a callejear viendo un sinfín de rincones preciosos, subimos hasta el Duomo de San Giorgio, desde el que hay unas vistas preciosas, bajamos hasta el duomo de San Pietro.



Compramos chocolate en Sabadi, teóricamente han obtenido un sinfín de premios, tienen una tienda junto al Duomo de San Giorgio y otra en Ortigliam en la calle que baja del Duomo hacia la fuente de Aretura. Puedes probar los distintos productos, es caro pero está muy bueno.
Seguimos subiendo hacia el castillo y la torre del reloj, las vistas son bonitas pero no mucho más que desde el Duomo, por lo que hay que pensar si el esfuerzo de subir, subir y subir merece la pena.
Nuestra siguiente parada fue la iglesia excavada de San Nicolo Inferiore un pequeño templo que se encontró por casualidad en un antiguo garaje, es muy pequeñita y está en obras pero es una pequeña joya, la entrada es de pago 3€




Comida rápida y el postre en la heladería Adamo, no hay que perderse el helado de anacardos con caramelo salado, además de engordar tiene que ser pecado, de lo bueno que está, jajajaja.

Nuestra intención era dedicar la tarde a visitar Ragusa, pero a mitad de camino los cielos se abrieron y empezó a llover como si no hubiera mañana, por lo que tuvimos que regresarnos, ya tenemos una excusa para volver a Sicilia.