Desayuno, genial como cada día, con un buen café y unos magnificas vistas.


Carretera y tempranito a Segesta, hay una gran esplanada justo en la entrada del sitio arqueológico pero nadie sabe porqué no está permitido aparcar allí, a unos 300 metros hay un campo controlado por un par de personas en la que si puedes dejar el coche previo pago de 5€, las cosas de Sicilia.
La entrada fueron 10€ con los 2€ del bus de subida.
Segesta tiene dos zonas a visitar, la parte alta en la que está el Teatro, los restos del foro o los del mercado entre otros, hay unos dos kilómetros cuesta arriba, si estas en forma y no hace demasiado calor puede ser un paseo agradable, si no es así, tienes la opción del bus (había que llevar mascarilla). Y la parte baja en la que está el templo.
En ambas zonas hay alguna pequeña explicación, pero nada reseñable. De la parte alta lo mejor es el teatro, muy bien conservado y con unas vistas preciosas.

Justo al lado de donde sale el bus, hay un bar en el que revivir con algo frío, sobre todo su hace un día de calor fuerte como el que nos tocó a nosotros, en el exterior hay unas cuantas mesas en las que poder disfrutar de un picnic si llevas tus provisiones.



Nos fuimos un rato a la piscina y luego bajamos a Castellammare que estaban en fiestas, aparcamos en el mismo sitio y nos acercamos hacia la iglesia, todo el mundo con sus mejores galas porque empezaba la procesión.



Para cenar elegimos la Pizzería Rosso Verace, teóricamente una de las mejores de Sicilia, yo no me atrevo a aseverar tanto, pero que estaban muy ricas si es verdad y que la variedad era alta, con opciones sin gluten, veganas, etc, las dos pizzas con agua 31€


El pueblo estaba de bote en bote, nos sentamos en un pequeño bar el Amarre a tomar un aperol. En este sitio se ve una bonita puesta de sol, sobre las escaleras de la parte trasera montan unas pequeñas mesas en los escalones donde disfrutarla

