Al día siguiente, volvimos a La Valeta para hacer una visita guiada y completa de la capital maltesa, donde estuvimos toda la jornada. De paso, conocimos a nuestra nueva guía local. Indudablemente, salimos ganando, pues la señora dominaba perfectamente la historia de su país y también nuestro idioma. Ya habíamos estado por la noche un par de días antes, pero ahora íbamos a conocer en detalle lo que solo vimos de pasada y otros muchos lugares más.
Panel informativo con plano turístico de La Valeta:


En 1530, los Caballeros de la Orden de San Juan que llegaron al monte Sciberras solo tuvieron tiempo de edificar un fuerte defensivo en su parte más alta. Una vez acabado el Gran Asedio turco, Jean Parisot de la Valette, elegido Gran Maestre en 1557, acometió la tarea de completar las fortificaciones, empezando por la reconstrucción del Fuerte de San Telmo. El Papa Pío VI envío a Francesco Laperilli, su ingeniero militar, para dirigir las obras, labor que luego continuó Gerolamo Cassar. La Valette murió en 1568 y se le enterró en la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, el primer edificio del nuevo núcleo urbano, que recibió el nombre de La Valeta en honor a su fundador. Actualmente, la ciudad propiamente dicha, excluyendo el área metropolitana, cuenta con unos ocho mil habitantes. En 1980, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Tras surcar algunas calles más o menos modernas, comenzamos el recorrido a pie en la amplia Plaza de San Publio, presidida por su Iglesia y que cuenta con varios aparcamientos en los alrededores. Al lado, hay unos jardines, una bonita fuente y el Monumento a la Independencia, erigido en 1989 para conmemorar el 25 aniversario del referendum celebrado el 21 de septiembre de 1964 por el que Malta decidió convertirse en República independiente, si bien las tropas británicas no salieron definitivamente del país hasta el 31 de marzo de 1979. Los británicos llegaron a Malta en 1798 para expulsar al ejército francés de Napoleón, aunque su dominio efectivo comenzó en 1814 tras el Tratado de París.

De camino hacia el casco antiguo, pasamos junto a la escultura de Cristo Rey, pisamos baldosas con unas marcas blancas que, en realidad, son fósiles marinos, según nos contó la guía, y llegamos a la Fuente del Tritón, o de los Tritones, porque son tres los personajes de bronce sobre un cuenco de piedra, todo un símbolo de la ciudad, y también lugar de referencia para los turistas porque allí está la estación de autobuses públicos que llevan a cualquier punto de la isla.

Enfrente, aparece la fortificación que rodea el casco antiguo. La puerta no es la original, sino una construida entre 2011 y 2014 según un diseño de Renzo Piano, con dos gigantescos bloques de piedra cortados en diagonal.

La muralla cuenta con un foso y a cada lado se sitúa un bastión, a la izquierda según se accede, el de los Caballeros de San Juan, y el de los Caballeros de Santiago, a la derecha.


Entramos directamente a la calle de la República, que recorre longitudinalmente el casco antiguo, con los principales monumentos a su alrededor. Más elevada que el resto, es la más comercial y concurrida: siempre está a tope de gente yendo y viniendo. Imposible visitar la ciudad sin pasar por esta calle.


Si se sigue hasta el final, se llega al Fuerte de San Telmo, que levantaron los caballeros en 1551 dándole forma de estrella. Estuvo en poder de los turcos durante 31 días en el Gran Asedio de 1565. Después, Laparelli completó una estructura que desde entonces apenas ha sufrido modificaciones. Allí se rodó la famosa película El Expreso de Medianoche. Esta zona la habíamos visto el día que fuimos a las Tres Ciudades, aunque no entramos en el fuerte, donde se encuentra el Museo de la Guerra, en el que se expone la Cruz de San Jorge, condecoración que concedió el rey Jorge VI a Malta por el papel que desempeñó en la II Guerra Mundial.


Al lado del moderno edificio del Parlamento, se encuentra el nuevo Teatro Real de la Ópera, erigido sobre las ruinas del anterior, inaugurado en 1866 y bombardeado en 1942. No tiene techo, por lo que las actuaciones se celebran al aire libre. Resulta bastante llamativo al haberse conservado a la vista algunas columnas romanas y otros elementos que formaban parte del que quedó destruido durante la II Guerra Mundial. Enfrente, está el Palazzo Buttiġieġ-Francia, el segundo más grande de la ciudad tras el del Gran Maestre. Catalogado como monumento, se construyó en 1876 con la novedad de añadir balcones de madera pintados de verde a un edificio de estructura gótica veneciana, un diseño que se convirtió en símbolo de la ciudad. También se le conoce como Palacio de la Ferrería, debido a que en ese mismo lugar hubo antaño una ferretería de la Orden de San Juan que fabricaba el armamento de los caballeros.


En vez de seguir de frente, giramos a la derecha, hasta la Plaza de Jean de la Valette, con la escultura dedicada al fundador de la ciudad. A su alrededor hay varios lugares interesantes, como la antigua sede de los Caballeros de San Juan, hoy convertida en Centro de Arte Comunitario Nacional (MUZA), inaugurado en 2018 para celebrar la elección de La Valeta como Capital Europea de la Cultura. A su izquierda, está la Iglesia de Santa Catalina, construida en 1576 por los Caballeros de San Juan de Italia como capilla de su propio albergue. En el siglo XVII, se amplió, añadiendo la iglesia octogonal. No se puede visitar.

Enfrente, el edificio de la Asociación Maltesa de la Orden de Malta y, a su lado, la Iglesia de Nuestra Señora de las Victorias, del siglo XVI, que Jean de la Valette mandó construir para celebrar el triunfo sobre los turcos tras el Gran Asedio y que fue el primer edificio de la ciudad.


Salimos después a una plaza donde se encuentra el Albergue de Castilla, que acogió a partir de 1574 a los caballeros de la Orden de San Juan de Castilla, León y Portugal, encargados de vigilar las fortificaciones aledañas. El edificio primitivo, diseñado por Gerolamo Cassar en estilo manierista, fue completamente reconstruido a partir de 1740 y está considerado uno de los mejores ejemplos del barroco en Malta. Actualmente, es la oficina del primer ministro.

En la misma plaza, se ve la parte posterior del Bastión de Santiago, que, conservando la estructura del siglo XVI, se ha convertido en un moderno centro de artes escénicas y de creatividad, dedicado especialmente a los más jóvenes.

Upper Barrakka.
Apenas tuvimos que andar unos pasos para llegar a uno de los puntos imprescindibles y más visitados de La Valeta: Upper Barrakka (los Jardines Superiores de Barrakka). Tienen una fuente, un gran surtido de flores de temporada, una gran galería con arcos y varias esculturas de personajes relacionados con la ciudad.


Sin embargo, lo que más impresiona son las panorámicas increíbles que ofrecen desde su balaustrada del Gran Puerto, las Tres Ciudades, el muelle, Floriana…





En la parte inferior, que se divisa desde el mirador, se encuentra la Saluting Battery, una batería de artillería que fue construida por los Caballeros de la Orden de San Juan y cuyo origen se remonta al siglo XVI. Restaurada en el año 2011, cuenta con ocho cañones que disparan una salva diariamente a las 12:00 y las 16:00. Hay que pagar si se quiere ver de cerca los cañones y visitar el museo, pero no parece necesario salvo que se tenga un interés particular en una cosa u otra porque desde arriba se divisa todo muy bien.


En Upper Barrakka, hay un elevador que comunica con el muelle desde donde zarpan los barcos que van a las Tres Ciudades. Ya comenté en la etapa correspondiente que el billete del ferry incluye la tarifa del ascensor.

Una vez abajo, muy cerca del muelle, se pueden ver los antiguos almacenes de los pescadores y también la Iglesia de Nuestra Señora de Liesse, que data de 1620, aunque fue reconstruida en el siglo XVIII.



Más adelante, se alcanza la Puerta Victoria, que ya habíamos visitado y que cité en la etapa dedicada a La Valeta de noche. Construida por los británicos en 1885, lleva el nombre de la reina Victoria. La zona del muelle en torno a esta puerta me pareció muy interesante por sus contrastes.


Después de estar un buen rato sacando fotos en Upper Barraka, continuamos el recorrido, contemplando desde arriba las tremendas cuestas que habíamos “sufrido” la tarde-noche que estuvimos allí.

Por la calle del Mercado, otra de las importantes, paralela a la de la República y muy concurrida también, pasamos junto a la Iglesia de Santiago y llegamos a la Concatedral de San Juan, que sería nuestra siguiente visita.
Concatedral de San Juan Bautista.
En 1572, el gran maestre Jean de la Cassière autorizó la construcción de una iglesia conventual para la Orden de San Juan, de cuya ejecución se encargó nuestro ya conocido arquitecto maltés Gerolamo Cassar, que la terminó seis años después. Continuó como iglesia conventual hasta que los caballeros fueron expulsados por los franceses en 1798, tras la toma de Malta por Napoleón. En el siglo XIX, se empezó a utilizar para oficios religiosos oficiales como una alternativa a la Catedral de Mdina, convirtiéndose así en Concatedral de Malta.

Su austera fachada manierista no refleja ni sus dimensiones -es una de las catedrales más grandes del mundo- ni la riqueza decorativa que alberga. Sobre un modesto pórtico, hay un balcón al que se asomaban los grandes maestres para presentarse tras su elección. Sin embargo, en cuanto simplemente atisbas el interior, no puedes sino parpadear con perplejidad mires hacia donde mires.

Aunque el templo se concibió con un interior modesto, en el siglo XVII, el Gran Maestre Cotoner quiso situarla a la altura del esplendor de Roma y decidió dotarla de una riquísima decoración barroca, utilizando para su financiación las ofrendas que los caballeros debían entregar a la Orden para ser admitidos en ella.



Encargó la labor a Mattia Preti, apodado “el Calabrés”, quien, entre 1662 y 1667, cubrió las bóvedas con frescos que representan episodios de la vida de San Juan Bautista. Su dominio del claroscuro otorgan a las pinturas un efecto tridimensional que les aporta una gran sensación de realidad.



Las paredes se decoraron con tallas doradas y el Altar Mayor, con lapislázuli y mármoles. Las ocho capillas laterales estaban asignadas a cada una de las casas que formaban la Orden. Preti también realizó varios retablos y pinturas en algunas de estas capillas, destacando el retablo del Martirio de San Jorge, una de sus obras maestras, ubicado en la Capilla de Aragón, dedicada al santo.



Los grandes maestres eran enterrados en su capilla correspondiente. Los que murieron antes de que la iglesia estuviese acabada fueron sepultados en la cripta. Los sarcófagos más importantes son los de La Valette y La Cassière.

Además de lo que se ve hacia arriba y alrededor, también llaman profundamente la atención los suelos de mármol, con 400 tumbas pertenecientes a miembros de la Orden. Son policromados y en ellas aparecen las enseñas de los caballeros, episodios de la vida del difunto, escenas de sus triunfos en batalla, elementos alegóricos y epitafios. Su aspecto es impresionante y le dan un colorido espectacular al templo.


Por si esto fuese poco, queda la guinda del pastel: los dos cuadros que Caravaggio pintó durante el tiempo que permaneció en Malta como prófugo de las autoridades papales que le acusaban de haber cometido un asesinato en Roma. En 1608, el francés Alof de Vignacour era el Gran Maestre de la Orden y quiso aprovechar su talento encargándole varias obras para embellecer el templo. A cambio, Caravaggio obtuvo la condición de caballero y el perdón papal. Sin embargo, unos meses después de su nombramiento fue expulsado tras una reyerta en el Fuerte de San Ángel con otro caballero de rango superior. Huyó a Sicilia y continuó siendo un fugitivo hasta su muerte, dos años después.

Caravaggio pintó “La Decapitación de San Juan Bautista” para la capilla dedicada al Santo. Es una de las mejores obras del pintor, famosa por su composición visual, plena de dramatismo y amargura. Además, es el único cuadro que lleva su firma.

Muy cerca, se encuentra “San Jerónimo escribiendo”, el segundo de sus cuadros. Muestra al santo trabajando a la sombra de la muerte, representada por una calavera que hay sobre la mesa, pero protegido por un halo.

Me gustó mucho la Catedral. Pese a que el acceso es de pago, me parece una visita imprescindible en La Valeta, al menos para los amantes del arte. Nosotros la llevábamos incluida, pero mirando en su web he visto que la entrada cuesta 15 euros para adultos, 12 para estudiantes y jubilados y es gratis para los menores de 12 años.
Luego dimos un paseo por lugares donde ya habíamos estado la tarde que fuimos por libre y que pudimos conocer con más detalle: la Biblioteca, creada por el Gran Maestre Emmanuel de Rohan-Polduc en 1776, el Café Cordina, la confitería más antigua de Malta y con un reloj zodiacal en la fachada, la Plaza de San Jorge, donde se encuentra el Palacio del Gran Maestre, del siglo XVI, hoy convertido en Oficina del Presidente de Malta… Y varios rincones y plazas más, algunas porticadas.

