El siguiente tramo de escaleras lleva a una nueva explanada donde se encuentra otra de los lugares más fotografiados de la roca: las Garras del León, que es lo único que queda de lo que debió ser la entrada a las escaleras que conducian a los edificios de la cima y que data del siglo V d.C.

Desde esta explanada se tiene una muy buena vista de los Jardines Reales por los que iniciamos la visita que en temporada seca no tienen el verdor que se ve en los folletos turísticos.

Pasando entre las Garras del León se accede a otros tramos de estrechas escaleras metálicas adosados a la pared vertical de la roca que, en una ascensión en zig-zag llevan a la cima. De nuevo, mirar hacia abajo no es nada recomendable para los que sufran de vértigo.
Llama la atención ver los pequeños peldaños tallados en la roca que van paralelos a la escalinata y que eran el acceso de los antiguos pobladores a las edificaciones de lo alto. Andar por ahí sí que debería ser de infarto.
La cima de la roca es una explanada donde no se conservan más que los cimientos de las antiguas edificaciones y estanques o piscinas, algunas de gran tamaño. Lo mejor, quizás, son las extensas vistas que se abarcan de los bosques y montañas que rodean la roca.

Terminamos nuestra visita a Sigiriya y ya tocaba ponerse rumbo a Colombo, donde, al día siguiente, tomaríamos un vuelo a Male para pasar tres días en Maldivas.
En el camino de vuelta, aún quedó tiempo para desviarnos a Pinnawala, donde está el Orfanato de Elefantes, que es un refugio donde se acogen tanto crías huérfanas como adultos que necesitan cuidados.
Todos los turistas que habíamos echado en falta en nuestro viaje parecían haberse concentrado aquí. Aquí uno puede fotografiarse con los elefantes o darle un biberón a una cría. Previo pago, claro.
Todas las tardes, los elefantes son conducidos al cercano río Maha Oya, para tomar el baño. Lo hacen atravesando las calles comerciales de Pinnawala. Cuando aparece la manada, muchos de los comerciantes cierran sus persianas para evitar la escena que hay tras del dicho de entrar como elefante en una cacharrería.
Después de la divertida escena que interrumpió nuestras compras, nos fuimos detrás de la manada hasta el río. Desde mi punto de vista, resulta más atractivo ver a los elefantes en el baño que siendo exhibidos en el orfanato.

Nuestra recorrido turístico por Sri Lanka había llegado a su final. Nos despedimos de nuestro chófer, guía y compañero de viaje y esa noche dormimos muy cerca del aeropuerto de Colombo, porque al día siguiente temprano tomábamos el vuelo hacia Male.


