El autobús volvió al hotel con los compañeros que lo desearon, mientras que yo –como suelo hacer en estos casos- preferí quedarme y disfrutar de la capital tailandesa a mi aire. Una de las opciones era visitar el Palacio Real, que está muy cerca de Wat Pho, pero lo descarte ya que quería ir con mi amiga en otro momento. Así que me dirigí al Monte Dorado. Consultando Google Maps, vi que me hallaba a poco más de dos kilómetros de distancia, una media hora a pie, y que, de paso, me pillaban el Columpio Gigante y Wat Suthat, otro templo interesante. Pues… a ello.

Al salir de Wat Pho, divisé la valla que rodea el Palacio Real, sobre la cual asoman algunos de sus fantásticos tejados de brillantes colores. Muy cerca, varios museos, edificios administrativos y el Parque Saranrom.


Crucé un canal y empecé a recorrer calles poco transitadas por turistas, en las que me llamaron la atención el gran número de tiendas que vendían multitud de objetos religiosos y figuras de buda de todos los tamaños, algunos ya precintados con papel film, listos para llevar.


El Gran Columpio.
Había leído comentarios de visitantes decepcionados al verlo. Ciertamente, hoy en día no tiene nada de especial. Es lo que queda de la estructura de un columpio que se construyó en 1784, durante el reinado de Rama I. Medía 21,5 metros de altura y servía para agradecer las buenas cosechas mediante una ceremonia Brahmánica en honor a Shiva, en el curso de la cual varios hombres se columpiaban para alcanzar una bolsa de monedas sujeta a un pilar. Debido a la cantidad de accidentes acaecidos, dejó de celebrarse en 1935. La estructura original fue restaurada en 2007 con madera de teca y se conserva en el Museo Nacional.


Wat Suthat.
Menos conocido pero mucho más interesante es el templo que se encuentra enfrente, uno de los pocos que gozan en Bangkok de la categoría de Templo Real de Primera Clase. Creo recordar que la entrada me costó 100 bahts. El horario habitual de visita es de 08:30 a 20:00. En la taquilla, me entregaron un folleto con información en inglés y un plano. El recinto estaba sumamente tranquilo, solo unos pocos turistas y algunos fieles orando y realizando sus ofrendas. Su construcción se inició con el rey Rama I, en 1807, y finalizó cuarenta años después, bajo el reinado de Rama III.


Los edificios son muy bonitos y resaltan sobre un suelo de mármol (o similar) tan brillante que da la sensación de estar mojado, lo que produce un reflejo muy atractivo. La sala principal contiene un espectacular Buda de bronce de ocho metros de altura, llamado Phra Si Sakyamuni, que fue traído por vía fluvial desde Sukhothai con un gran coste económico. Bajo la figura, muy venerada en Bangkok, se hallan las cenizas de Rama VIII.


Alrededor, hay un fantástico conjunto de pinturas murales de las vidas anteriores de Buda, representando escenas cotidianas, así como de la tierra, el infierno y el paraíso, los tres mundos de la cosmología budista. También destacan las puertas, talladas en madera de teca.

Repartidas por el recinto y sus galerías, se encuentran 150 imágenes de Buda, 28 pagodas chinas, caballos de bronce y numerosas esculturas de piedra, algunas procedentes de China. Me gustó este templo. Fue una grata sorpresa.


Siguiendo mi camino hacia el Monte Dorado, cruce otro puente sobre un nuevo canal. A esas alturas de mi recorrido en solitario ya tenía “casi” dominado el arte de cruzar las calles sin la amenaza de sufrir un infarto en cada intento. Bueno, cuestión de práctica.

Wak Saket o Templo del Monte Dorado.
Este templo es muy conocido por su gran pagoda dorada, que se encuentra en la cima de una colina artificial no lejos del centro de Bangkok, por lo que proporciona unas estupendas vistas en 360 grados de la ciudad. Se ha convertido en un lugar bastante turístico y por tanto muy concurrido. La entrada creo recordar que me costó 50 baht. El horario es de 07:00 a 19:00, aunque puede cambiar.




La base está rodeada de estatuas. A la parte superior, donde se encuentra la pagoda, se accede por una escalera en espiral de 344 peldaños, muy historiada, entre jardines y fuentes que desprenden vapor, cascadas y figuras de todo tipo que representan animales, budas, dragones… La subida, aunque larga, resulta cómoda porque los escalones son bajitos y hay varios tramos donde descansar y tomar fotos; a la vez, resulta entretenida, pues se recorren diferentes santuarios donde hacer sonar diferentes campanas, incluso un gong.



Es uno de los templos más antiguos y venerados de Bangkok. Su origen se remonta al siglo XVII, en época del Reino de Ayutthaya. Fue renovado durante los siglos XVIII y XIX por diferentes monarcas. El rey Rama II lo imaginó como una representación del Monte Neru. En 1898, se construyó una escalera de madera de 318 escalones para que los fieles pudieran llegar a ella.

La pagoda se derrumbó en 1917 a causa de un terremoto y fue reconstruida en 1935 durante el reinado de Rama VII. En 1950, la escalera de madera fue sustituida por otra de cemento.

En los distintos tramos de la escalera se pasan balconadas a las que asomarse, flanqueadas con banderas y desde las que se divisa un panorama cada vez más espectacular, según se va ganando altura.


Finalmente, se alcanza un edificio con varias figuras de buda. Me llamaron la atención los carteles en el exterior, explicando que no te quites los zapatos para entrar. Una vez dentro, se sube una pequeña escalera que conduce a una terraza donde se halla la pagoda, que mide 77 metros de altura y está rodeada por otras cuatro más pequeñas.



Arriba, las panorámicas me parecieron impresionantes. El cielo estaba nublado, pero había muy buena visibilidad, así que disfruté un buen rato allí, haciendo fotos. Aunque se dice que el mejor momento para pasarse por este sitio es al atardecer, personalmente me gustó mucho a la hora en que lo visité.


