TRACK de la ruta
Amanece a las 4:30 de la mañana, por lo que el trekking se empieza pronto. A las 6 el desayuno, así que a las 5:30 estaba recogiendo todo después de dormir bastante bien. Una vez desayunado se han puesto a recoger todo el campamento mientras se hacía el pago por los pollos y las mulas. No entiendo lo que hablan, pero esto es internacional. El de los pollos le está pidiendo más dinero y mi guía, Musa, le está diciendo que nanai. El hombre ha estado insistiendo y Musa ha pasado de la estrategia de discutir, a la de pasar de él, para finalmente darle abrazos. Cuatro pollitos nos llevamos. Esto es un dilema porque durante mi día a día como pollo todos los días, y ahora que veo a los pollitos en su caja con sus cabecitas fuera, me da una pena tremenda. Por un lado, quizá podría haber pedido menú vegetariano, pero por otro lado es que como pollo todos los días, pero en Occidente como los cogemos del Mercadona ya fileteados, pues como que no parecen pollitos. Dos semanas con pasta y vegetales podrían ser también para pegarse un tiro. Buen dilema.
Con las cuentas hechas salimos del pueblo. La rutina es la misma en todos los grupos. El de los pollos hace el negocio del siglo. Tiene un gallinero con cientos de pollos, yo creo que el pollo lo vende por 1000 rupias, que son al cambio unos 3 euros. Si para la mente urbanita occidental lo de los pollitos nos toca el alma, hay que decir que no es lo peor. A los diez minutos de andar nos adelantan dos porteadores y uno de ellos con una cabra atada por los cuernos... Yo me he olido la tostada y le he preguntado a Musa. Me dice que hay un grupo de turistas pakistaníes, que son 16. Para tanta gente no se pueden llevar tantos pollos porque se mueren, y a partir de 4000 metros pierden sabor, por lo que se llevan un cordero que sacrifican en Concordia, el precio según este más o menos gorda ronda los 300$ hasta concordia. Musa me comenta en tono de burla que los turistas americanos y europeos solo queremos ver las cimas y echar fotos, pero que los turistas pakistaníes y los chinos solo quieren comer. El año pasado tuvo un grupo de 4 chinos y le pidieron llevar dos corderos. Viendo al cordero pasear es chocante pero claro, luego en España por Navidad me ponen una paletilla y ahí no me da tanta pena... Aun así, sería incapaz de hacer un trekking con un cordero al que veo cada dos por tres, en el campamento, durante el camino y comérmelo. Peco de urbanita lamentablemente.
La etapa de hoy es la entrada al Parque Nacional del Karakorum Central. Para ser la primera etapa ha resultado bastante bonita, pero lo que se ha hecho duro ha sido el sol. Han sido 20 kilómetros. Los primeros diez bajo un sol abrasador sin posibilidad de sombra alguna. Se anda al lado del río Baldru, encajonado en un valle precioso con picos en forma de puntas afiladas que me recuerdan por momentos a la estampa del Cerro Torre en El Chaltén, Argentina. La senda va siguiendo el río en un sube-baja. Nos acompañan varios porteadores que cargan cada uno 25 kilos, le pregunto a Musa y me dice que está muy controlado y todas las mañanas cada uno comprueba si peso. A los porteadores le siguen otras tantas mulas, unos que van y otros que vuelven. Los que vuelven son de expediciones que están en el K2, por lo que vuelven vacíos, o gente que ha ido hasta concordia y vuelto por el mismo sitio.
Mi guía conoce a todos y cada uno de los muleros y los porteadores, y se echa su conversación con cada uno. Es curioso cómo se saludan. Yo me había fijado en que aquí, cuando doy la mano la dejan muerta, cosa que en España está bastante feo, pero es que aquí se saludan así: se tocan la mano pero sin agarrar, para después, según la confianza, colmarse a abrazos. Si no hay mucha confianza, solo juntan las manos y manita al pecho, y si son vecinos del pueblo, cinco minutos de abrazos. El guía me cuenta que a muchos no los ve desde el año pasado, los que son de Skardu, y que a los otros, los que saluda con tanto amor, son de su pueblo, de Hushe.
A mitad del camino llegamos a una explanada con árboles donde cada grupo ha preparado las cosas para comer. El grupo pakistaní está con su cabra y sus 10 pollos bebiendo del río, y yo con mi guía y con Ibrahim, el ayudante. Nos hemos tomado unos noodles, unos tés y hemos estado hablando de mi trabajo, para luego pasar al tema estrella: los hijos. Dice que sabe que en España no tenemos más que uno o dos, pero que aquí en Pakistán lo normal son mínimo seis o siete. Él mismo son 9 hermanos y con 28 años ya tiene dos críos. Va tarde para los siete.
Después de descansar, el cielo se ha encapotado y ha dado tregua el calorazo que me estaba cascando. que por un momento iba hasta mareado. En la segunda parte se sigue por el río, pasando por un glaciar y un par de puentes colgantes bastante impresionantes. El último tramo ha sido matador. Ha vuelto a salir el sol y han sido 3 kilómetros por arena tipo playa. No sé si me daba más calor el sol o la arena. Hemos llegado al campamento a las 14:30 directo a recomponerme y pillar agua bien fresca.
Ya recuperado he podido disfrutar más del campamento. El entorno es bastante bonito. Hay al menos 5 grupos de turistas: un grupo de tres franceses, los pakistaníes de la cabra, que mi guia llama punjabis (son de Lahore), una pareja de un idioma irreconocible pero que parecen europeos, otra pareja de franceses y un chaval que está también solo. Me echo mis charletas con mi equipo, que se entretienen en enseñarme palabras en baltí, su idioma. Ya llevo unas cuantas: dong (vamos) culé culé (poco a poco) bajshis (gracias). Con esto mantengo yo una conversacion exitosa con el porteador medio del trekking
He echado la tarde leyendo y refugiándome del calor. Lo de ducharme hoy es literalmente inviable. La ducha es un cubo que se llena con agua que baja del glaciar y con un capacito te la tienes que echar. Me he lavado la cabeza y por un momento creía que se me encogía de lo fría que está.
Dormimos a 3.100 metros. Mañana la ruta es algo más corta, 15 kilómetros en los que subimos a 3.400 metros. Llegar a Concordia aún queda muy lejos. Lo que tengo claro es que el paso de Gondogoro La lo hacemos sí o sí, porque mi guía y el cocinero tienen unas ganas de ver a su familia que aunque sea me llevan a coscoletas. Si no subiéramos el paso, les supondría más de una semana más para llegar a Hushe, frente a solo 3 días.
Estoy deseando que se haga de noche para meterme en el saco, ponerme un capitulito y morirme. Qué maravilla poder ver Netflix aquí perdido de la mano de Dios. Me recuerda a cuando hicimos el trekking del Ausangate en Perú y todas las noches en la tienda nos veíamos un capítulo de Paquita Salas. En este caso me estoy tragando una serie coreana de fantasía que cumple su función de absorberme: Alquimista de Almas.