TRACK de la ruta
La mañana empieza crítica. Toda la noche lloviendo y ha amanecido feísimo, lleno de niebla. He ido a la carpa de comer y ahí me ha recibido Musa. Me comenta que de los 5 grupos que somos, 4 han decidido cancelar Gondogoro y volverse por el mismo sitio. La verdad que me ha dado un bajón tremendo. Yo no quiero ser flipao y en ningún momento he dicho yo que sí o sí quiero ir por Gondogoro, aunque la verdad que volver por el mismo sitio es un bajonazo, Gondogoro es un paso de montaña a 5600 metros que hace que salgamos por el valle de Hushe sin necesidad de hacer un trekking de ida y vuelta. Volver por el mismo camino quieras que no pero no motiva igual y es más paliza.
Musa me dice que no sabe si los suizos han cruzado porque con nieve es complicado y lo que aquí es agua, arriba es nieve. Yo le vuelvo a repetir lo mismo de ayer: que si él me ve capaz, y viendo que la predicción del Garmin pone nubes pero tampoco ningún fin del mundo, que yo por mí, tiramos. Él se ha quedado hablando con otros guías y mientras se me ha acercado Ibrahim, el ayudante de cocina. “Hello guys”. El hombre es un TDAH de libro y tiene cero filtro. Me ha dicho que los que se vuelven es porque los guías son de Shigar y no les compensa ir por Gondogoro porque tardan más en llegar a su pueblo. Él me dice que Ali Camp es puro Hushe (Hushe es el pueblo al que se cruza tras pasar el Gondogoro) y que él ha cruzado 200 veces el Gondogoro con buen y con mal tiempo. Musa, el guía, ha sido super comedido y en ningún momento me ha querido presionar, pero Ibrahim yo creo que quiere ver a su familia en tres días y, al igual que a los de Shigar les interesa volver por el mismo camino, a él le interesa volver por Gondogoro. De broma me dice que yo estoy fuerte y que si es necesario me lleva a hombros. Ha sentenciado con “Come back: dust, dust and dust. Hushe: green, Green and more green”. El tio hay que reconocerle que tiene gracia y me ha conseguido sacar una sonrisa. La decisión es difícil pero el ansia viva pues me hace decidirme por dejarme llevar por lo que me dicen. También voy solo, por lo que sea buena o mala decisión, me la como para mí mismo, a nadie le estoy complicando la vida más que a mí y esta gente está mas curtida que yo y salvo pasarlo mal me ban a ayudar al máximo.
Al rato vuelve Musa y me confirma que podemos ir para Ali Camp. Aquí ya aparece el mulero Ali y se ponen a desmontar todo, ya que las carpas y las cosas de camping vuelven para Askoli. A Gondogoro no puede cruzar las mulas por lo que se cruza con lo mínimo, ya que en los campamentos que hay al otro lado se puede conseguir comida. El mulero me ha despedido con un abrazo super sentido y me ha pedido el wasap. El tío como dije es el mejor. Me ha ayudado con todo lo que fuera necesario y el otro día hasta me enseñó cómo se herraba la mula. El más entrañable del equipo sin duda.
Musa me comenta que los otros guías le están criticando que vayamos para ali camp, ya que si toman la decisión unánime es más fácil para todos, pero el que un grupo decida cruzar ya hace que en los demás grupos haya suspicacias. Me lo cuenta pero mostrando orgullo por decidir cruzar... Estos me la van a liar pero bien.
Antes de irnos hay un momento muy chulo que, de lo emocional, me ha dado palo sacar la cámara. Todo mi equipo y todos los porteadores que había alrededor se han puesto en círculo con las manos hacia arriba y se han puesto a cantar lo que debe ser versos del Corán, porque solo entiendo “Allahu akbar”, un mismo verso que han repetido tres veces para terminar dándose abrazos. Una manera bonita de despedirse.
Con las despedidas hechas hemos puesto camino hacia Ali Camp: Musad, Ibrahim y el porteador Walid. El camino a Ali Camp ha empezado con algo de llovizna y niebla hasta que ha empezado a clarear. Es una ruta muy bonita, se sube hasta el campamento que está a 5.000 metros andando íntegramente por glaciar de puro blanco, con ríos rectos, grietas, setas y todo rodeado de montañas con más glaciares. La ruta ha sido cortita, 3 horas muy gustosas donde se respiraba buen ambiente entre los 4. Con Ibrahim quitándole la carga a Walid y porteandola el, mientras Walid por detrás se la quería quitar a empujones. Lo que mola del equipo es que se ven muy genuinos, se notan que trabajan siempre juntos y que lo que para mi es duro para ellos es un día más en donde terminan con bromas entre ellos constantemente.
La llegada a Ali Camp, yo ya me he empezado a oler que esto es cosa seria. Es un campamento muy salvaje, cero comodidad. Solo estoy yo con mi grupo y mucha mucha nieve. Me dice Musa que no hace falta montar tienda y que duerma dentro del parapeto que tienen hecho, al estilo de las carpas de los porteadores. El campamento está situado sobre el glaciar en una serie de peñascos con unas vistas escandalosas. He dejado la mochila y me he metido dentro del parapeto. Un ambiente cargadísimo a humo de tabaco, de cerilla, de gas y de comida que tira para atrás. Lo cierto es que se está caliente, y afuera comienza a nevar. Los que llevan el campamento son los que se llaman “rescue team”, unos chavales que todas las noches se dedican a ayudar a cruzar el Gondogoro y a mantener las cuerdas en condiciones. Les he preguntado cómo lo ven esta noche y solo me dicen “Don’t worry, we are with you all the time”. La idea es comer, dormir un poco, cenar y volver a dormir. A las 23:00 nos despertamos, comemos un poco y arrancamos a Gondogoro.
Me han puesto para comer un básico de queso, huevos duros, galletas y frutos secos. He terminado y lo he dejado a un lado. Me he sacado el saco de dormir y al ratito escucho un ruidito. Miro a mi izquierda y un ratoncito precioso se estaba poniendo las botas con los frutos secos. Me ha recordado a cuando dormimos en Etiopía, en el volcán Erta Ale, que también salió a saludar un ratoncito. El tío, después de pillar frutos secos, ha cogido una galleta más grande que él y se ha ido.
He mareado hasta quedarme dormido, con un 84% de saturación y como 90 pulsaciones por minuto en reposo. Me han despertado a las 19 para cenar algo y vuelta a dormirme. Desde que llegamos no ha parado de nevar. Que sea lo que Dios quiera.