Hoy la predicción del tiempo es un drama. Me he despertado lloviendo y afuera pinta bien feo. Parece ser que estos días ha estado lloviendo bastante fuerte por la zona y mañana empieza a mejorar. Aun así, hoy algo tengo que hacer. No puedo quedarme un día más en el hotel mareando. Sigo con el plan y, si acaso, me quedo un día más en Fairy Meadows, que será más chulo.
Hoy el plan es ir a Fairy Meadows. Es un sitio bastante famoso y popular entre el turismo local. Es una especie de explanada frente al Nanga Parbat (8.125 m), donde hay varios alojamientos y desde donde sale la ruta al campamento base. Lo que tiene miga de Fairy Meadows es cómo llegar hasta allí. Solo se puede en jeep. Estos salen desde donde estoy, Raikot Bridge. He desayunado con calma y al terminar, el del hotel me ha acompañado a la zona de los jeeps, me dice que los jeeps salen incluso con lluvia. La verdad que me da respeto porque el camino tiene fama de peligroso, pero al menos es llovizna no lluvia torrencial. Parece ser que ida y vuelta, yo solo, me cobran 45 €. Que si me quiero esperar se puede compartir el viaje, por lo que si encuentro tres personas más, me saldría la ida por unos 5 €. Son las 8, lloviendo, y no hay ni un turista en la zona y el turismo local no se caracteriza por ser madrugador… Tampoco me parece un abuso el precio para una ruta famosa por la espectacularidad y que se demora unas dos horas. Le he dicho al hombre que gestiona los jeeps que arranquemos, y me ha llevado con mi conductor. El mismísimo Osama Bin Laden, un parecido importante. Los americanos no lo mataron en Abbottabad, es conductor de jeep en Raikot Bridge. El hombre ni papa de inglés, pero sonrisa perpetua. Me han dicho que me eche una foto con el para que sepa quién es mi conductor a la vuelta, asi que selfie.
La ruta en jeep va hasta un pueblecito que se llama Tato. La ruta hace honor a su fama, es una barbaridad lo expuesta que va. El jeep, por momentos, pasa a centímetros de un desfiladero con una caída que uno, cuando mira abajo, inconscientemente busca si hay algún jeep en el fondo, porque no es descabellado. A medio camino nos hemos quedado taponados con otro jeep que ha dicho “hasta aquí”. Han estado 15 minutos con el jeep, y al final, entre todos, lo han conseguido echar a un lado, quitar unas piedras del camino, y así hemos podido sortearlo mientras se quedaban arreglándolo. Llegando al pueblo de Tato el desfiladero se hace más pequeño y se empieza a ver el río, hasta que finalmente me ha dejado el jeep al lado del cauce. Con el translator le he dicho a Osama que el viernes nos vemos en ese punto a las 10, y me ha dado el ok. He pagado la mitad, así que fijo que está ahí.
Del pueblo de Tato a Fairy Meadows es una rutilla corta pero empinada. Unos 600 metros de desnivel en 5 kilómetros muy cómodos. Lo único que, con la niebla y la lluvia, he empezado calado desde el primer minuto. Aun poniéndote el chubasquero, te empapas por el sudor. Así que a Dios gracias no hace frío.
La subida ha sido sin parar de saludar gente que bajaba y hacerme algún que otro selfie. Les encanta pararme a hablar. La conversación prototípica:"Hi, how are you, where are you from?" De ahí suele evolucionar a si me gusta Pakistán, si no me da miedo viajar solo y selfie al final. Sobre todo son grupos de chavales de Islamabad o Lahore que viajan juntos. La gente mayor, los porteadores y demás, saludan y ya. Pero como sea grupo de jóvenes, toca charleta asegurada. Se hace al final gracioso, y termino preguntándoles a ellos también de dónde son, pero con cuidado, que como les diga que voy a Islamabad o Lahore, me dan entonces el Instagram para que les escriba cuando esté allí. Es modo India, pero un poco más suavizado. Allí eran más intensos.
He llegado a media mañana a Fairy Meadows chorreando. He pillado una cabañita que está de lujo por 22 €, que se supone tiene unas vistas espectaculares al Nanga Parbat. De momento las vistas están bloqueadas, a ver si mañana se desbloquean. Me he cambiado de ropa y me he ido para el bar. Mientras me tomaba un té, uno de los chavales me ha dicho que me fuera con él.
Resulta que esta semana hay un campeonato de polo. Acaban de jugar un partido y va a empezar el siguiente. El campo está a la espalda del alojamiento. Nunca lo había visto y tenía ganas de ver si me topaba con esto, y mira tú la suerte. Está todo el pueblo en los alrededores del campo, gritando y animando. En medio, un campo de césped y barro con 12 caballos, 6 por equipo. Me he puesto bajo un techado para poder grabar algo mientras mi nuevo colega me explicaba las normas. Me parece un deporte súper bestia. Los caballos van al galope a saco. Pegan unas hostias con los palos que de vez en cuando se dan entre ellos. Los palos se van rompiendo cada dos por tres, y cuando se rompe uno, una especie de utillero sale corriendo a darle otro al jinete. Si un jinete golpea a otro caballo con el palo, le puede devolver el golpe. Terminan pegándose unas leches entre sí tremendas. El espectáculo es que, al estar lloviendo, el campo resbala y los caballos se caen y se levantan en un momento, a la vez que el jinete, que sale disparado, vuelve a montar y al galope de nuevo. Es un festival de estímulos. Muy chulo. No he llegado a entenderlo muy bien, pero al final ha ganado un equipo 6-3. Los jinetes no llevan distintivos, por lo que saber quién pertenece a quién es imposible. Más aún cuando se forma la pelotonera de caballos, en donde un jinete intenta darle a la bola pero lo bloquean entre todos, los caballos relinchando, brincando… Muy bruto. Una hora de partido
Con el partido terminado, me he vuelto, y para comer, la verdad es que no me han dado opción: arroz con dal y chapati. Al menos no hay pollo ni la especia típica que llevo comiendo hasta ahora.
A la tarde me he echado una siesta, y cuando ha dejado de llover, me he vuelto a pasar por la zona del polo. Los chavales juegan al polo sin caballos, algunos jinetes están paseándose con su caballo, parece que hay compraventa de caballos, pues hay grupos de varios pakistaníes alrededor de los animales discutiendo. Está bonito el ambiente. Menos mal, porque si fuera por las vistas, hoy no se ha dejado ver nada de nada.
A la tarde-noche, cena y a matar el tiempo hasta dormir. Mañana se prevé mejor tiempo. Con que se aclare una vez el pico, me doy con un canto en los dientes.