El día ha amanecido algo mejor que ayer pero, aun así, el tiempo está bastante feo. Solo se aprecia la mitad de la montaña, pero al menos no llueve. A las 7 de la mañana han ido tocando a la puerta diciendo que hay agua caliente. Ayer me intenté duchar pero nada. Yo ya estaba preparado pero, viendo que el agua caliente es un lujo, me he duchado bastante a gusto sin capazos.
Hoy el desayuno ha sido lo más esperpéntico que hay. Estoy en lo que viene siendo de los mejores sitios de Fairy Meadows: "Raikot Sarai". La habitación está muy bien, con lo que se supone unas vistas preciosas, pero lo que viene siendo el servicio es bastante lamentable. Me he acercado a las 8 y, en la sala común, me ha aparecido el muchacho que parece que está siempre. Le he preguntado por el desayuno, no ha habido manera de comunicarme bien, y a los 20 minutos me aparece con UN huevo frito y pan chapati. Solo un huevo. Le he dicho que si sería posible algo mas tipo mermelada o algo y solo me respondía con onomatopeyas, imposible comunicación alguna. Menos mal que llevo barritas energéticas y he podido salvar la situación, pero nada, no hay por dónde cogerlo: un huevo frito y parece que me estén haciendo un favor, no me termina de encajar esto.
Hoy la idea era hacer la ruta hasta el campamento base del Nanga Parbat. He salido para las 8:30. Yo ya había leído que se ponen muy pesados con que necesitas guía cuando no es verdad. Nada más echar a andar me han abordado dos pakistaníes y yo solo les respondía “morning walk”, por lo que han terminado cediendo. Pero cediendo de malas maneras. El tema de la amabilidad pakistaní con estos guías improvisados no va. Yo creo que esto, al ser tan turístico, está bastante viciado. A los 10 minutos aún me ha salido otro pakistaní por el bosque diciéndome lo de “you need guide” y yo con lo de “no problem, only morning walk”, cual disco rayado y con una sonrisa. Terminan cediendo. Por fin ya he podido andar tranquilo.
La ruta va al lado del río para pasar luego al lado del glaciar. Va alternando bosques con zonas de pasto con vacas, caballos y hotelillos precarios. Al pasar por ellos me animan a tomar un té, pero viendo que se están metiendo aún más nubes he continuado sin tregua. A los 6 kilómetros se llega a un mirador en el que se ve toda la lengua glaciar y se intuye lo que debería ser el Nanga Parbat, pero ni Nanga ni nango me parece a mí. De aquí he subido un poco y, a dos kilómetros del campamento base, me he dado la vuelta. Estaba ya andando en niebla y es absurdo llegar porque no voy a ver absolutamente nada. Una pena, pero bueno, no se puede hacer más. Mejor el mal tiempo aquí que con la moto.
La vuelta ha sido como si fuera Cristiano Ronaldo andando por Gran Via. Ni un solo grupo se ha quedado sin pararme a hablar con ellos. Son todos turistas locales, casi siempre de Lahore y algún grupo de Islamabad. Es curioso porque viajan solo grupos de amigos, no se ven mujeres, salvo de forma muy excepcional. Misma dinámica de ayer: nada más que me preguntan ahora si las vistas en el campamento base son buenas. La respuesta es sencilla porque me lo preguntan estando lloviendo y con niebla espesa. Yo les saludo a todos y me paro a hablar sin problema. Total, no todos los días uno puede sentir lo que es ser famoso y la ilusión con la que me abordan es contagiosa.
El último kilómetro lo he hecho ya bajo lluvia importante y he llegado al alojamiento destemplado. Me he cambiado y me he metido debajo de las mantas 10 minutos.
Hoy para comer, misma historia de ayer. A los locales les sirven en un momento y a mí, que llego antes que nadie, me terminan sirviendo el último. Aquí hay un problema de comunicación gordo porque es que me ponen lo mismo que a los locales pero sin el pollo: arroz, con dal y chapati. En algún momento me habrán dicho si pollo o no, pero yo no me he enterado y deciden por mí. Aun así, de 40 minutos no baja la espera. Tampoco tengo nada que hacer y, al menos, me ponen té para entrar en calor, pero esta gente son un caos. Aquí he coincidido con un chaval irlandés que parece ser que viaja solo. Se me ha acercado a preguntarme si he reservado el alojamiento por mi cuenta o con agencia. Le he dicho que por mi cuenta y ha pasado a preguntarme precios. Se ve que le han cobrado por 3 días y tres noches en Fairy Meadows 600 dólares. El chaval está jodido porque sospechaba que le habían timado y yo se lo he confirmado. También el máquina viaja con 3 pakistaníes, dime para qué. Me ha costado a mí la noche 20 euros y el jeep subir y bajar 40. Como mucho, si me clavan por la comida, me ha salido todo por 100. Hemos estado compartiendo experiencias del viaje. Él está ya terminando, pero lo ha hecho todo con agencia. Me sorprende porque además es un chaval joven. Yo creo que es un poco un error porque se puede hacer todo por libre, como la pareja suiza que iba por libre viajando en transportes públicos.
A media tarde me he ido a la zona del campo de polo, chavales jugando críquet, polo sin caballos y grupitos de chavales de Lahore haciéndose vídeos para TikTok. Les encanta grabarse andando hacia la cámara en modo fucker mientras se atusan el pelo. Lo hacen todos, alguno varía y se pega su carrera delante de la cámara. Luego música epiquísima y para el Insta.
A la tarde ha empezado a despejar el cielo y por fin se ha dejado ver el Nanga Parbat. Cómo cambia el estado de ánimo de estar todo el rato lloviendo a, de repente, que salga el sol y se vean las montañas. Desde Skardu, que salí con el cielo encapotado, no había vuelto a ver trozos de cielo azul. Mañana debe estar despejado, así que debería poder tirarle alguna foto que no he podido tirarle hasta ahora.
Para cenar me la han vuelto a liar, tardando casi una hora y sin que pudiera elegir qué quiero cenar. Aquí ya me he dado cuenta del porqué el servicio es tan pésimo. Estamos 6 grupos: 3 de pakistaníes, una pareja occidental, el chaval irlandés y yo. El único que va sin guía, por su cuenta, soy yo. El que se encarga de gestionar las comidas es el guía de cada grupo, y lo gestiona con antelación porque muchos turistas entran al salón con la mesa puesta y la comida al instante. Por eso me ponen de cenar el último y básicamente de lo que le han hecho a los otros. No está pensado para turistas occidentales que viajan solos. Al final te entiendes con muchísima dificultad, pero estar una hora esperando y que lleguen los grupos a mesa puesta, pues al principio me explotaba la cabeza. Tampoco hay mucho que hacer, por lo que esperar no es problema y, entendiendo ya el problema, es comprensible.
A ver si las nubes se quedan solo en este par de días y puedo disfrutar lo que queda con buen tiempo. La lluvia con la moto debe ser un follón importante. Aun así, me agencié antes de venir un mono de moto impermeable que, cuando me lo ponga, junto con mi casco de escalada, encima de la motillo sí que voy a estar sacado de la peli de Dos tontos muy tontos.