TRACK de la ruta
Hoy toca una de las etapas más duras del trekking. El trekking tiene como tres objetivos, o puntos clave: llegar a Concordia, llegar al campamento base del K2 y cruzar el paso Gondogoro a 5.600 metros.
La noche ha sido fría de narices y cuando ha sonado el despertador a las 5:00 estaba cayendo una lluvia de aguanieve tremenda. He abierto la tienda de campaña y todo con niebla, sin verse nada a 10 metros. El día ha empezado mal. Uno aquí se plantea mandarlo a tomar por culo, pero como te dicen que el clima es cambiante… En la predicción de Garmin me decía que se suponía día despejado. Me he puesto los pantalones de invierno, el forro, el plumas, la braga, el gorro y los guantes, y he salido corriendo a desayunar.
A lo lejos veo a la pareja de suizos que me saludan mientras se preparan, así que me anima el ver que no soy el único que se propone hoy andar 25 km a 5000 metros con niebla.
A las 5:30 estaba desayunando. Es el mejor momento del día sin duda, me levanto con hambre y me ponen porridge de ese, con tortilla, chapati y crêpes con mermelada. La pena es que la Nocilla se congela y no se puede comer. Increíblemente, mientras desayunaba ha comenzado a asomar el sol y las nubes se han ido disipando, llegando a despejarse el K2. En cuestión de 30 minutos.
Hoy la ruta son 25 kilómetros con 700 metros de desnivel. Esto en Murcia se haría fácil, es más, hay rutas del Camino de Santiago más largas que se hacen sin problemas, pero aquí se le añaden dos cosas: se anda a casi 5.000 metros y el terreno. Al final han sido 12,5 kilómetros de ida que han sido una preciosidad y 12,5 kilómetros de vuelta en los que me he querido morir al final.
Para llegar al campamento base del K2 hay que cruzar una curva glaciar que serpentea arriba y abajo para entonces meterse de lleno en el glaciar del K2. Esta curva glaciar tiene su río, sus túneles, puentes… A la ida ha sido un espectáculo. Es como un laberinto de hielo, con precipicios, incluso pozos de hielo y pequeñas grietas. Una vez cruzado el laberinto se pasa por un pequeño puesto militar, que pobre de los que destinen aquí, y se anda por un pedregal incomodísimo unos kilómetros. Aquí es prácticamente llano con ligero ascenso, por lo que vamos relativamente rápidos.
Antes de bajar al glaciar hacemos una parada de descanso junto con los suizos. De este punto llega la parte más bonita de todas: se baja al mismo glaciar y se anda íntegramente por hielo. El K2 enfrente, con nubes pero asomando precioso. Ríos glaciares, grietas que hay que saltar y montañas de hielo tremendas. Hay puntos donde la formación característica en forma de seta, formada por una piedra enorme sujeta por una columna de hielo, llega a formar bosques. Un paisaje acojonante.
Mi guía lleva un ritmo que yo le he dado por perdido y siempre va 200 metros por delante de mí. El chico suizo está aclimatado de la leche (lleva un mes en Pakistán) y va también muy por delante. Vamos rezagados la chica suiza y yo, junto con el guía pakistaní de ellos, que va el tío con pantalones de pijama. La chica se la veía andar mal hasta que se ha dado la vuelta blanca y me ha pedido algo de azúcar. Yo llevaba caramelos y barritas y se las ha comido como si fuera a morir. Se ve que le ha dado un bajón de azúcar y por un momento la muchacha casi pelecha. El novio, esperando 200 metros alante con mi guia, cuando ha visto que venía fastidiada ya ha aflojado el ritmo. Mi guía dice que el novio va tan rápido porque esta noche ha “fucking”. Me ha pedido que le diga cómo se dice “fucking” en español y a partir de ahí ha bautizado a la pareja suiza como “Follando guys”. Mi guía tiene su gracia el tío. Con las fotos llevo tan aburrido a Musa que, como me saca tanta ventaja, se dedica a esperarme en algún pedrusco subido y cuando me acerco me grita “Photo!”, y le hago una foto. Me está haciendo que le haga un book.
A medio camino se pasa por el campamento base del Broad Peak. Aquí hemos estado un rato mirando cómo dos escaladores bajaban, muy a lo lejos, del campamento base 2 al 1. Es una burrada que se encaramen en la montaña de esa manera. La ruta sigue ascendiendo y de vez en cuando nos adelantan grupos de mulas cargadas al campamento base del K2. Es una estampa surrealista ver filas de mulas andando por el glaciar. Mi guía dice que todos los años mueren en torno a 20-30 mulas, sobre todo en la parte de Concordia y campamento base del K2, por rotura de patas casi siempre. Es que es un disparate porque las mulas no pueden dormir a 5.000 metros, por lo que tienen que ir al campamento base del K2 y volver cerca del campamento Goro 2... Se hacen en un día como 60 kilómetros: 30 cargadas y 30 sin cargar. No sé de qué otro modo más civilizado podría proveerse de suministros un punto tan remoto como este.
Antes de llegar al campamento base nos hemos desviado para acercarnos al memorial de los fallecidos en el K2. Llegar al memorial casi hace que me pongan a mí ahí una placa. Está en la ladera del K2, en una piedra rojiza a la que para llegar hay que hacer sube-baja por glaciar, por piedras traicioneras con precipicios importantes. Luego el memorial es una sucesión de placas a lo largo de una piedra roja enorme. Aquí hemos parado a comer y, jugándonos la vida por un pedregal, hemos ido al campamento base del K2.
La llegada al campamento base ha sido como llegar a un campamento de superhombres. Hemos tardado 20 minutos del memorial al campamento. Antes de llegar hay que cruzar un riachuelo y subir una pequeña ladera. He conseguido subir la ladera destragado, echando el higadillo y me encuentro a una tiarraca pelirroja andando con bastones cuesta arriba a un ritmo increíble, un grupo de porteadores andando a todo lo que da, un tío con una pala quitando piedras de un campamento… Aquí el nivel de aclimatación que lleva la gente está a años luz del mío. Al final no se trata de ser superhombres sino de que se cascan aquí un mes y tienen un nivel de aclimatación tal que para ellos es como cuando hago yo ejercicio en Murcia.
El campamento base es mega pro. Se nota que hay muchísimo dinero metido. Cada expedición tiene su mini pueblo, con una especie de plazoleta, zona de tiendas, aseos, duchas, zonas de estar con sofás y césped artificial, cocinas… Está gente tienen hasta estufitas en las carpas dormitorios y duchas con agua caliente! Musa me ha llevado al campamento de una expedición nepali, aprovechando para saludar a unos amigos. Me han dado un té, me han enseñado el campamento y me he sentado un rato hablando con el chico de la pala que quitaba la piedra para generar un río que cruza el campamento y sirve de desagüe para la zona de lavarse las manos. El chaval me ha contado que lleva ahí desde el 15 de junio y que con suerte la primera semana de agosto se vuelve. Me dice que vuelve a Askoli en dos días. Hace campamento base del K2 a Gore 2 en uno, y de Gore a Askoli en otro. Una auténtica salvajada que solo se entiende cuando tu nivel de aclimatación, después de esos meses a 5.000 metros, es nivel superhéroe. Me ha gustado mucho el ambiente del campamento. Es totalmente distinto al del Everest. El Everest lo recuerdo más desordenado y con más caos y suciedad. Este está impoluto.
Tras echar ahí un buen rato ha tocado la vuelta. Aquí ha venido la gran pesadilla. 12,5 kilómetros por hielo y pedrizas. Ha habido un punto en donde he visto que eran las 13:00 y que, según los cálculos, llegaríamos sobre las 17:00, que me he querido morir. He llegado a un nivel de extenuación en el que hacía tiempo que no me veía. Me ha empezado a doler los isquios, la planta del pie derecho. Un soletón de narices, que con el reflejo en el glaciar no me salvaba ni con el paraguas. Musa era un punto rojo en la distancia y aún tenía narices de esperarme y encaramarse a un risco para que le echara una foto cuando no tenía fuerzas ni para respirar. Se le ha quedado una foto cojonuda con el Marble Peak, eso sí.
Cuando hemos abandonado el glaciar ha llegado lo peor. He mirado el reloj y mínimo dos horas, sabiendo encima que me queda la zona de pedruscos y el laberinto glaciar. Aquí sinceramente si me apietan me echo a llorar para que me lleven en brazos. Hemos llegado al laberinto glaciar y esto ya parece un troleo del Señor. Se ve mi tienda al otro lado, pero aun así se tardan 30 minutos serpenteando arriba y abajo por hielo.
La ruta ha sido una barbaridad, chula pero una barbaridad. Quizá con buen nivel de aclimatación es más llevadera, pero no es mi caso. He llegado a la tienda y el Musa quería que fuera a sentarme a la zona de comedor porque me habían preparado comida, pero yo en ese momento solo quería quitarme la mochila, tomarme un paracetamol y morir. Le he dicho “10 minutes” y me he tumbado en la tienda a replantearme la existencia.
Mañana es día de descanso. Se supone que si uno va bien aclimatado puede saltarse ese día y afrontar el día más duro del trekking, la subida a Gondogoro. Ayer me lo planteé, pero hoy no tengo dudas de que necesito el día de descanso. Después de estar 15 minutos tumbado me he medido la saturación y me marca 85% con 100 pulsaciones por minuto en reposo. Es imposible que yo mañana pueda saltarme el día de descanso después de 11 horas andando hoy.
Cuando he podido volver a pensar me he acercado y me he tomado una sopita, un café, unos vegetales fritos que me han sabido a gloria. Después de eso me he vuelto a la tienda a seguir muriendo. A las 8 me han llamado para cenar. Pasta con atún y, de postre, una gelatina con un mensaje de felicidades por haber alcanzado el campamento base.
Mañana no nos movemos de Concordia, así que hoy duermo sin despertador. Me he tumbado a las 9:00 y no he podido ni ver 10 minutos de capítulito. He caído muerto