Día intenso el de hoy. Muy bien aprovechado.
Me he despertado cual ansias al amanecer... A las 4:30 de la mañana. En la predicción ponía que hoy amanecía despejado y así ha sido. Desde la cama he corrido las cortinas para ver si podía seguir durmiendo, pero ahí estaba el Nanga Parbat, en todo su esplendor, sin una sola nube. Así no me vuelvo yo a dormir, es imposible. Dos días esperando a que se asomara y ahí está. Imponente, un macizo aislado protagonizando el paisaje.
Lo bueno es que no me he tenido que cambiar de ropa, básicamente me he puesto los pantalones sobre las mallas y a zurrir. Es una montaña muy bestia, y es que tienes vistas claras desde los 3.500 metros a los que estamos hasta los 8.100 del Nanga sin nada en medio, lo tienes al alcance. El Nanga tiene fama de ser uno de los ochomiles más difíciles junto con el K2 o el Annapurna. La montaña en la que han fallecido varios alpinistas españoles, entre ellos el gran Alberto Zerain. Es uno de los 8000 más sencillos de ver de cerca de los 14 que hay. Fairy Meadows es un balcón excepcional al que puede llegar cualquier mortal independientemente de su forma física. Con razón es tan turístico.
Con mi cámara al hombro me he pegado un paseo por toda la zona. Hay una parte en la que hay un lago que llaman "Reflection Lake", y es que refleja perfectamente el Nanga, que con los primeros colores del amanecer se queda precioso. Poco a poco van saliendo los primeros turistas a echarle fotos, la gente se nota contenta y es que lleva sin verse la montaña como una semana con las nubes. Los protagonistas de todo el prado, además de la montaña, son dos perros que se ve que son míticos de Fairy Meadows: una especie de labrador y un husky que parece que posen a posta. El husky se ha encaprichado conmigo y me ha seguido a tomarme mi desayuno. Me he pegado mi desayuno en mi terraza más a gusto que nadie. Viendo la vergüenza de desayuno que me pusieron ayer, me pillé unas galletas, barritas energéticas y un Monster pakistaní (marca Sting), y con mi mantita liado he desayunado como los dioses. Tres horas que me he pegado paseando, echando fotos y desayunando.
A las 7:30 me he acercado a pagar y aquí me han intentado hacer la anchoa. Hay que decir que han respondido bien, pero me la han querido liar. Yo tenía mi conversación por WhatsApp con el dueño bien grabada, en donde decía que quería pasar dos noches y él me respondía que me costaría 14.000 rupias. Unos 42 €. Yo pensé que por 20 euros me parecía ok. Al ir a pagar, el tío va y me dice que eso es un error y que eso es por noche, no por los dos días. Aquí se ha puesto a enseñarme tarifas sacadas de su móvil, facturas de otros clientes y demás, pero yo tranquilamente le volvía a enseñar la conversación de WhatsApp diciéndole que entendía el error, pero que no es un error mío y que no soy yo quien debe pagar ese error, porque de haberme dicho “por noche” quizá hubiera buscado otra opción. Al final, el tío, a regañadientes, me ha hecho la factura por lo acordado por WhatsApp y sin mucha alegría me ha despedido. Que no me lien, si no sabes llevar negocios no me lo achaques a mí. Yo no soy de regatear, y menos en un país como Pakistán pero lo hablado es lo hablado. A Dios gracias tenía todo en el WhatsApp y era clarísimo de quién era el error. Esto por 20 euros la noche lo veo bien, pero por 40€ me parece un poco timo. La cabaña está lejos de estar limpia, el personal pasa de ti, la comida pésima, la luz funciona a deshoras y el agua caliente lo mismo: un día no hay, que al siguiente hay por la mañana y por la tarde. Esto no vale 40 euros la noche. 20 ya me parece caro viendo los estándares que me he ido encontrando. Habría que ver el resto de lodges los precios que manejan y como son por dentro, posiblemente hay opciones similares mas baratas.
Para las 8 he empezado a bajar bien contento de que me haya salido bien la jugada, el Nanga todo espléndido a mi derecha y el camino sencillo de 5 kilómetros cuesta abajo. No me he encontrado ningún grupo de turistas locales, por lo que he podido andar de seguido y a las 9 estaba en la zona de jeeps donde mi amigo Osama me estaba esperando. El hombre se ha alegrado genuinamente de que haya sido puntual, parecía que no se lo esperaba. Imagino que para él cuanto antes llegue abajo antes puede volver a subir.
La bajada ha sido igual de espeluznante que la subida, esta vez con las vistas más claras se pueden ver al fondo los picos nevados del Hindú Kush. Es de locos que esta gente esté todos los días subiendo y bajando este camino. Al final no es una broma. Buscando en internet tiene un registro de un accidente grave al año, en donde mueren de golpe de 5 a 7 personas por fallos de frenos, deslizamientos y demás. Estas son las típicas locuras que cuando estamos de viaje aceptamos sin miramientos, pero que en la Unión Europea serían totalmente ilegales. Los jeeps mismos no tienen ni cinturones de seguridad instalados. Estás vendidísimo.
Cuando Osama ha llegado por fin a Raikot Bridge, le he aplaudido y le he dado sus 1.000 rupias de propina, que bien merecidas están. El hombre lleva la espalda chorreando. En Raikot Bridge he ido al hotel donde dejé mis cosas. He apañado la mochila, puesto el GPS y el personal del hotel me ha despedido como si fuera una eminencia. Son tres chavales jóvenes muy simpáticos que les hace muchísima gracia verme en la Honda.
Hoy la ruta en moto ha sido hasta un pueblo que se llama Minapin. He desandado parte de lo que hice el otro día, hasta desviarme en Gilgit. Me hace un sol espectacular y se pueden ver las montañas nevadas desde la carretera, incluido el Nanga Parbat.
La carretera se desvía en Gilgit y se mete de lleno en el famoso valle de Hunza. Aquí se empiezan a ver poblaciones en el fondo del valle y poco a poco se va estrechando hasta aparecer el Rakaposhi imponente al frente, una montaña bastante mítica de casi 8000 (7.788 m). La ruta iba perfecta, me he ido parando, mis fotitos, sin agobios... Hasta que a 40 kilómetros de Minapin me encuentro que la carretera está bloqueada. Un chaval se me acerca y me cuenta que han detenido a un vecino de Nagar de forma injusta y han bloqueado la Karakorum Highway para que lo liberen. Aquí las huelgas modo Latinoamérica. El chaval me ha dicho que le siga, se ha montado en su moto y me ha llevado hasta un camino de tierra que baja a un puente del río. Me dice que es la única vía para saltarse el bloqueo y que siga siempre recto y saldré al otro lado.
El desvío me ha supuesto perder unos 20 minutos, pero en cambio he pasado por una zona rural chulísima. Las vistas con el río Hunza abajo y el Rakaposhi a lo bestia al frente, junto con el día a día de los locales, han sido un puntazo. La gente aquí se nota que les hace más ilusión verte. En cuanto me paro a echar una foto, el que venga en moto se para para preguntarme de dónde soy e invitarme a un té. Es curioso, pero muchos me dicen lo de que me vaya a tomar un té con ellos.
Con unas vistas preciosas he llegado a las 17:00 a Minapin. He ido directamente a un sitio que había visto en Google que todas las reseñas hablan maravillas de la comida: Osho Thang. El sitio es un oasis en medio del caos del mini pueblo. Es una zona ajardinada súper bien cuidada. Llena de cerezos, manzanos y albaricoqueros. Me ha atendido el jefe, un hombre mayor y bonachón con su gorro topi pakistaní, me ha puesto un té y me ha empezado a preguntar por mi día. El tío resulta que sabe español y dice que si he venido por el blog de Against the Compass. Si bien lo conozco, le he dicho que he venido por la foto de la comida de Google, se la he enseñado y me ha dicho muy orgulloso que eso es lo que cenaré hoy. Ya educadamente le he preguntado por la habitación y el tío me ha dicho que cuánto quiero pagar. Aquí tienes habitaciones de muy top a muy básicas. Le he dicho que lo intermedio y me ha dicho que si me parece bien 5.000 rupias (15 €). Ni se me pasa por la cabeza regatearle viendo que hay agua caliente, cama y el jardín está ideal. Muy agradable el hombre.
Me he pegado la ducha del siglo y he echado el rato en el jardín hablando con uno de los camareros sobre mi motillo. Dice que eso es un todoterreno y que si quisiera podría llegar al campamento base del Rakaposhi con ella. Me parece ya pasarse. Luego me ha estado hablando de lo del bloqueo y resulta que han conseguido que liberen al chaval que habían detenido.
A las 19 me han puesto el plato estrella. Es una especie de guiso de cordero hecho en una olla de piedra. Recuerda al gulash en parte. Me ha sabido a gloria bendita, qué cosa más buena. Tras dos semanas de comer pollo, el cordero sabe el triple de bien. Muy bueno, jugosito, tierno y con una salsa que, mojándola en chapati, está espectacular. También es cierto que he pillado la cena con más hambre que un perro chico, ya que casi no había comido en todo el día. Duchado, bien comido, buena temperatura, tranquilidad y encima con internet, lento pero funcional. Un oasis.
Mañana hago una ruta hasta un campamento que hay cerca del Rakaposhi. Se supone que se puede hacer en el mismo día ir y venir hasta el campamento base, pero serían 1500 metros de desnivel que pueden hacerse muy pesados. No tengo prisa alguna. Así que voy a subir con calma y como me vea.