Primer día de visitas.
Nos levantamos con tiempo suficiente para desayunar en el comedor del hotel, que abría a las seis de la mañana. En Egipto, todo el mundo madruga. Desde la terraza de nuestra habitación vimos decenas de globos surcando el cielo de Luxor. ¡Muy chulo!

El bufet no estaba mal, bien provisto de comida árabe e internacional. Preparaban zumos naturales y tortillas al momento. Como era el primer día, no teníamos intención de comer nada crudo, pero el melón tenía una pinta estupenda y caíamos en la tentación. ¡Qué rica está la fruta en Egipto! En adelante, no dejamos de tomarla ningún día.

A las siete en punto, Ahmed Camel nos estaba esperando en la puerta. Es una persona muy agradable, su taxi no es nuevo pero está limpio y resulta cómodo. Intentamos comunicarnos como buenamente pudimos, ya que mi inglés oral no es tan bueno como el escrito. Puedo traducir cualquier texto sin problemas, pero a la hora de hablar me cuesta bastante. De camino, recogimos al guía de habla española. A continuación, emprendimos el largo viaje hacia Abydos, nuestro primer destino de la jornada. Me quedé con muchas ganas la otra vez, así que Abydos y Dendera eran destinos imprescindibles para mí en esta ocasión. La agencia me ofertó la excursión por 180 euros por persona, un precio absurdamente alto. De esta forma, nos costó 160 euros en total. Se puede reducir el precio significativamente contratando solo al conductor, sin guía.

De camino a Abydos.
Nuestra primera visita del día era el Templo de Abydos, situado en la localidad del mismo nombre, a unos 145 km al norte de Luxor. Se tarda casi tres horas en hacer este recorrido. Atravesamos una zona desierta, por una carretera desdoblada, pues no me atrevo a llamarle autopista, aunque tiene peaje y todo, por lo que pudimos comprobar. Claro que este tipo de vías no son comparables a las europeas, más que nada porque las normas de tráfico en Egipto son peculiares y cada cual hace más o menos lo que le parece. Hay peatones que cruzan cinco carriles por cualquier lado, carros que vienen de frente, coches que adelantan por delante, por detrás, por la izquierda y la derecha… Un horror. Curiosamente, aunque se circula por la derecha, no es extraño ver a los camiones y vehículos lentos situarse a la izquierda, obligando a adelantar por la derecha, rezando también por no encontrar a otro casi parado en tu trayectoria. Nuestro taxista tuvo que detenerse varias veces para pasar controles de tráfico y de policía; en algunos, se limitaba a facilitar sus datos (los agentes comprobaban si el vehículo estaba en las listas que portaban) y en otros, pagaba algún importe. Evidentemente, los conductores necesitan autorización para realizar estas excursiones con turistas, ese el motivo de que nos pidiera las copias de nuestros pasaportes.

Itinerario de la jornada según Google Maps, más que nada para localizar los dos templos, porque no estoy segura de que fuésemos exactamente por ahí.


Antes de llegar al templo, pasamos por la población actual, donde vimos a la gente en sus ocupaciones diarias, algo que siempre me interesa mucho, aunque al ir en coche me resultó más difícil tomar esas fotos que tanto me gustan cuando voy en autobús. Sobre todo me llamaron la atención las panaderías y los sempiternos puestos de frutas y verduras, que demuestran la importancia de la agricultura en la economía egipcia. Nuestro guía tuvo el detalle de comprarnos un manojo de plátanos, que son de tamaño pequeño pero maduros y de sabor muy dulce.



Templo de Abydos.
Horario: abre a las 07:00 am y la última entrada es a las 04:00 pm (a las 03:00 en Ramadán).
Precios: 260 EGP (4,67 euros) adultos y 130 EGP estudiantes.
Ahmed nos dejó en el parking. Había muy pocos turistas. Llevábamos las entradas sacadas e impresas, aunque no es necesario, pues vale con mostrarlas en el teléfono móvil. En la distancia, y según las explicaciones de nuestro guía, pudimos apreciar que la arquitectura del templo es de estilo egipcio, al contrario que el de Dendera, de estilo greco-romano, que veríamos más adelante.


Por su cercanía a Tinis, entonces capital, Abydos fue elegida como necrópolis por los reyes de las primeras dinastías, al inicio del tercer milenio antes de Cristo. Durante el denominado periodo tinita, se desarrolló la escritura jeroglífica y se produjo la unificación de Egipto con Namer, rey de Tinis-Abydos, quien acabó trasladando la capital a Menfis.



Abydos era también un centro de culto al dios Osiris, pues según la leyenda su cabeza fue sepultada allí después de que su hermano Seth lo asesinara y descuartizara, convirtiéndose en sitio de peregrinación y enterramiento tanto real como simbólico, pues eran muchos los que deseaban poner su estela cerca de la tumba de Osiris.


En los alrededores, se han encontrado más de 350 tumbas de todas las condiciones, desde las de origen real a otras muy modestas consistentes en un pozo en la tierra. Asimismo se han hallado tumbas de animales sagrados, como chacales (encarnación del dios Anubis), ibis (encarnación del dios Thot) y halcones (encarnación del dios Horus).


Templo de Seti I.
Setis I inició su construcción y su hijo Ramsés II lo finalizó. Su estructura responde a los números sagrados dos y siete: dos pilonos, dos atrios, dos hipóstilos y siete puertas que conducen al interior; siete arcadas atraviesan las dos salas hipóstilas y conducen a siete camarines que conforman el núcleo del templo.


La fachada que vemos al llegar no es la verdadera del templo, sino un pórtico de doce columnas que constituía el telón de fondo del segundo gran atrio. Por una rampa, se alcanza el templo cubierto y la primera sala hipóstila, que impresiona al primer vistazo, con sus dos filas de doce columnas en forma de papiro que sostienen el techo.




La segunda sala hipóstila, o gran sala, está compuesta por tres filas de doce columnas, decoradas con bajorrelieves de muy fina elaboración, muchos de los cuales mantienen sus colores originales. Un recreo para la vista y la imaginación, que puede dispararse al divisar los jeroglíficos que, supuestamente, representan un helicóptero, un submarino y un avión. En realidad, responden a explicaciones menos fantasiosas.



Los santuarios son siete y están dedicados a Seti I, Osiris, Isis, Horus, Amón, Mut y Khonsu. El camarín de Osiris es algo diferente y cuenta con un pasillo que conduce a un templo anexo con tres camarines, dedicados a Osiris, Isis y Horus. Una maravilla recorrerlos todos y fijarse en los detalles. Las escenas y los colores son fantásticos pese a que algunas zonas estén deterioradas.



Algunos techos están manchados de negro, se supone que por el humo de las hogueras y las cocinas de los cristianos que se establecieron en el templo sobre el siglo IV d.C. y que dañaron también la mayor parte de los rostros de las deidades egipcias, razón por la cual las caras aparecen melladas.



En la zona izquierda del templo, hay otra sala y dos camarines dedicados a deidades funerarias. Continuamos por un pasillo cuyo techo está plagado de estrellas y en cuyos muros se encuentra la llamada “lista real”, por la cual Seti I rendía homenaje a sus 76 predecesores, una relación que tuvo gran importancia para establecer la cronología de los faraones. Resulta significativo que solo falten dos: Hatshepsut, por ser mujer, y Akenaton, por su herejía.



El Cenotafio de Seti I (Osireion).
El cenotafio es una tumba simbólica donde mora el alma del difunto, pero no su cadáver. La tumba de Seti I está en el Valle de los Reyes, mientras que este cenotafio, edificado con enormes sillares, se considera la tumba espiritual de Osiris. Algunas zonas se atribuyen al faraón Merenptah. Tras estar parcialmente sumergido, en la actualidad se encuentra inmerso en un proyecto de conservación iniciado en 2023. De hecho, pudimos observar a arqueólogos y operarios trabajando en el lugar, que se contempla desde un mirador elevado, pues no se permite el acceso al interior.

Al acabar la visita guiada, tuvimos todo el tiempo que quisimos para movernos por nuestra cuenta. En resumen, fue una estupenda experiencia visitar el templo de Abydos, que contiene algunos de los bajorrelieves mejor conservados del Imperio Nuevo con sus colores originales, entre los que destaca el tono rojo y también los amarillos.


A continuación, volvimos al coche para emprender viaje hacia Dendera (también se puede encontrar con los nombres de Dandera o Dandara) deshaciendo parte del camino recorrido anteriormente y, por lo tanto, acercándonos a Luxor.

Pero...... Esta complicado, salvo llevarlo atado desde casa gracias a algún guia que sea competente y conocedor del lugar, la visita es casi una aventura, seria aventurarse por tu cuenta con ese probable guia, o con un conductor del lugar, la otra y mas utilizada ultimamente es acordar con el dueño del House of Life Abydos Hotel, que esta justo enfrente de la entrada al templo de Seti I, ellos pueden organizarlo, aunque solo lo...