La orilla occidental del Nilo, en Luxor.
Ese día dejábamos el hotel para instalarnos en el crucero, pues oficialmente hay pensión completa desde el almuerzo del domingo. Así que el guía de la agencia me llamó la noche anterior para preguntarme a qué hora venía a recogernos para llevarnos al barco, donde podíamos hacer el check-in a partir de las doce y comer a continuación. Me propuso también salir después, a las tres y media, para la visita que teníamos incluida a los Templos de Karnak y Luxor, dejando para el día siguiente la del Valle de los Reyes, el Templo de Hatshepsut y los Colosos de Memnón. Le dije que teníamos otros planes y que deseábamos movernos libremente durante toda la jornada, pues teníamos previsto ir por nuestra cuenta a las tumbas y templos de la orilla occidental, con lo cual, si era posible, preferíamos pasar al día siguiente el recorrido por los Templos de Luxor y Karnak. No puso ninguna pega y nos comentó que cuando acabásemos le avisáramos por whatsapp para enviar un coche a recogernos al hotel y trasladarnos al barco con las maletas. Caramba, cuántas facilidades. Estábamos un tanto perplejos.
Al igual que el día anterior, habíamos quedado a las siete de la mañana con Ahmed Camel, que se presentó puntual, como de costumbre. El día anterior habíamos concretado los lugares que queríamos ver: el valle de los reyes, el valle de las reinas, Deir-el-Medina, las tumbas de los nobles, Medinet Habu y el Rameseum. También le pedimos un guía, pues para ver todo lo que queríamos era necesario no perder tiempo. Ignoro el motivo, pero vino otro guía. Pese al precio, fue un acierto, pues hablaba un correcto español y era todo un entendido. Nos enseñó lo más importante de cada lugar y en qué debíamos fijarnos, aunque sobre todo valoramos la ventaja de ir a tiro hecho a cada sitio. Claro que hubiésemos podido hacerlo nosotros solos, pues hay carteles e indicadores por todas partes, pero habríamos tardado bastante más, lo que no resultaba muy apetecible en un día en que se preveía mucho calor. En cualquier caso, Ahmed Camel nos repitió que por él no había problema, nada de horarios estrictos ni de prisas, pues solo terminaríamos el tour cuando hubiésemos visto todo lo que deseábamos ver, que era mucho.

Para no repetir lo mismo en cada sitio, comentar que el horario de visita es prácticamente idéntico en todos: abren a las 06:00 am y la última entrada es a las 04:00 pm en invierno y a las 05:00 pm en verano. La única excepción es Deir-el-Medina, cuyo último acceso es a las 05:00 pm tanto en invierno como en verano. No se señala hora de cierre, aunque se suele entender que es una hora más tarde de la indicada para el último acceso.

Unos días antes, compré las entradas online, lo que nos permitió ir más rápido, aunque solo nos encontramos con gran afluencia de gente en el Valle de los Reyes. Recuerdo que los precios se refieren a los extranjeros, pues los egipcios pagan un importe mucho menor. Los niños hasta seis años tienen entrada gratis. Los estudiantes, pagan la mitad que los adultos. No hay descuentos para mayores no egipcios.

El Valle de los Reyes.
Precio general: 750 EGP (adultos), 350 EGP (estudiantes). Incluye entrada a tres tumbas.
Entradas extra a las siguientes tumbas: Aye, 200 EGP adultos, 100 EGP estudiantes; Tutankhamon, 700 EGP adultos y 350 EGP, estudiantes; Ramsés V y VI, 220 EGP adultos y 110 EGP estudiantes; Seti I, 2000 EGP adultos y estudiantes.


Dejando atrás Deir-el-Bahri, la pista conduce hacia unas montañas rocosas que se bifurcan en dos valles, el Valle de los Reyes y el Valle de los Monos, este último poco visitado por los turistas ya que solo cuenta con un par de tumbas abiertas. En el Valle de los Reyes hay más de 60 tumbas, identificadas con la sigla KV seguida por el número de su descubrimiento, si bien solo una pequeña parte están abiertas al público; además, existe una rotación para evitar su deterioro. Esta zona comenzó a utilizarse como necrópolis en el primer periodo intermedio, entre 2152 y 1994 a.C. El último soberano enterrado aquí fue Ramsés XI (1104-1075 a.C.).


Maquetas en el centro de visitantes del Valle de los Reyes.


Las tumbas son todas subterráneas, lo que se conoce como hipogeos. Su configuración siempre es diferente, al igual que su distribución y su tamaño, si bien todas las estancias solían estar decoradas con pinturas de colores vivos sobre un fondo también de color. Aunque las escenas son diferentes, se repite mucho la temática, que alude a rituales.


También difiere el estado de conservación y su decoración; pero las que están incompletas o a medio acabar sirven como muestra del proceso seguido para su elaboración, que requería varias etapas: en primer lugar, la excavación de la roca por parte de los canteros con cinceles de bronce o mazas de piedras duras. Más tarde, los albañiles picaban, alisaban y enlucían los muros antes de que los artesanos realizasen en color rojo un bosquejo de las figuras que compondrían la decoración, que luego sería corregido por un maestro, que repintaba las figuras en color negro. A continuación, un escultor con herramientas de sílex convertía las líneas dibujadas en bajorrelieves a los que los pintores daban color: comenzaban pintando la carne en color ocre, para aplicar después los tonos amarillos, azules y verdes, quedando el negro para el final.


La entrada general incluye la visita de tres tumbas de entre las nueve o diez que suelen estar abiertas, ya que hay alternancia para facilitar su conservación. No me acordaba de cuáles visitamos en el otro viaje (no se permitía ni siquiera introducir una cámara en el recinto del Valle de los Reyes, y sin las fotos mi memoria no da para tanto), pero sí que para llegar a una que me había gustado mucho había que subir una escalera; tras consultarlo en el foro, supe que se trataba de la de Tutmosis III, actualmente cerrada. Viendo fotos y por recomendaciones del foro, apunté las tumbas de Tausert y Setnakt (KV14), Ramsés III (KV11) y Merempath (KV8). Por si alguna fallaba, quedó de suplente la de Ramsés IX. En cuanto a las tumbas con pago adicional, pese a su elevado precio, tenía muy claro que quería visitar la Tumba de Seti I (KV17); y, de paso, incluí también la de Ramsés V y VI (KV9). Estuve dándole vueltas a la de Tutankamón, pero al final decidí ahorrar tiempo y algo de dinero, no lo voy a negar. Hay tantos sitios que visitar en Egipto...


Está permitido hacer fotos sin cargo con dispositivos móviles dentro de todas las tumbas, siempre sin flash, por supuesto. Antes de entrar, pregunté si podía utilizar mi cámara compacta y no me pusieron ninguna pega. Lo que no vi fueron cámaras grandes. En el interior, la luz es la que es y también hay reflejos; pero, bueno, las fotos constituyen un recuerdo fantástico queden bien o no tan bien.

Una advertencia: en el interior de las tumbas hay vigilantes que se ofrecen para mostrarte detalles llamativos, lugares “secretos” o hacerte fotos. Ojo, pedirán propina y, según comentaban algunos turistas, la mayor parte de las fotos salen desastrosas. Sobre todo en el Valle de los Reyes, conviene desentenderse; en otras localizaciones, a veces no resulta tan sencillo, incluso por nuestra culpa, al dejarnos llevar por la curiosidad.

De camino, pasamos sin detenernos frente a la casa de Howard Carter. No me di cuenta de sacar una foto. Al llegar al parking del Valle de los Reyes, había ya bastantes turistas, pero solo dos autobuses con grupos. Cuando nos marchamos, aquello era un auténtico maremágnum. Así que mejor madrugar. Sorteando a la gente, subimos a los cochecitos que te acercan desde el aparcamiento hasta la zona de las tumbas. No recuerdo el precio, pero no es caro, vale para la ida y la vuelta y te ahorra una pequeña caminata, incómoda a pleno sol.

En el Valle de los Reyes, los guías no tienen permitido dar explicaciones en el interior de las tumbas, una medida que hay que aplaudir porque de lo contario, los “tapones” dentro serían de órdago. Así que nuestro guía nos fue llevando a cada una de las que habíamos elegido y nos esperó fuera tras contarnos sus respectivas historias y los principales detalles en que nos deberíamos fijar.
Tumba de Merempath (KV8).
Empezamos por la más próxima a la entrada, una a la que acuden muchos grupos (los guías la aconsejan para perder poco tiempo). Me dio la sensación de que era una de las que vimos la vez anterior. Sin desmerecerla, fue la que menos nos impresionó. Vale para abrir boca, pero creo que no la elegiría otra vez. Eso sí, el orden que seguimos en las visitas resultó perfecto: de menos espectacular a más.


Howar Carter excavó en 1922 esta tumba, perteneciente al hijo y sucesor de Ramsés II. Con 166 metros de longitud hacia el interior del valle, es una de las más profundas y está decorada con escenas del Libro de las Puertas, el Libro de las Cavernas y la Letanía de Ra. En el techo de los corredores se pueden apreciar estrellas amarillas sobre fondo azul. No sé por qué, en esta tumba las fotos me salieron muy amarillas, así que me limito a poner unos collages poco lustrosos.

Lo más destacado es el sarcófago original, de granito rosa, que se halla al final de un empinado corredor, en una cámara funeraria abovedada. Contenía cuatro ataúdes. En las paredes hay textos y dibujos del Libro de los Muertos. Había mucha gente alrededor y los vigilantes se colocaban en los sitios estratégicos para estorbar e intentar forzarte a darles propina. Pues iba a ser que no.

Tumba de Ramsés III (KV11).
Descubierta en 1768 por un viajero escocés, pertenece al último gran faraón del Imperio Nuevo y es una de las más largas (188 metros de longitud) y decoradas del Valle de los Reyes, un reflejo del esplendor de su reinado.

Se trata de una las más visitadas con la entrada general, así que nos encontramos con bastante gente, aunque sin resultar agobiante. Nos gustó mucho desde el principio.

Sus paredes están cubiertas de relieves y pinturas que representan al faraón haciendo ofrendas a los dioses, y que aluden también al Libro de los Muertos, al Libro de las Puertas. Igualmente aparecen escenas astronómicas y de la vida cotidiana del faraón, esto último algo poco habitual en las tumbas reales.


El sarcófago, de granito rojo, está en el Museo del Louvre de París y la tapa en el Museo Fitzwilliam de Cambridge. La momia fue hallada fuera de la tumba, en Deir-el-Bahari, y su estudio confirmó que el faraón murió degollado.

Presenta ciertos problemas de conservación en sus pigmentos por el paso del tiempo, la humedad y la gran cantidad de personas que acuden a verla. En cualquier caso, es espectacular y merece mucho la pena recorrerla.

Por momentos, había bastante gente, pero esperé a que pasaran los grupos y durante unos minutos me quedé casi sola para tomar fotos tranquilamente.

Tumba de Tausert y Setnakt (KV14).
Esta tumba presenta la curiosidad de que inicialmente fue concebida para la reina-faraón Tauser, esposa de Seti II, siendo usurpada y ampliada posteriormente por Setnakht, fundador de la XX Dinastía y que borró el nombre de Tauser, alterando también textos y figuras. Con 160 metros de longitud, muestra la superposición artística de ambos gobernantes.



Cuenta con dos cámaras funerarias: en la primera, aparece Tauser con los dioses y cuenta con escenas del Libro de las Cavernas; la segunda, ampliada por Setnakht, presenta escenas del Libro de los Muertos.



Esta tumba estaba menos concurrida y me pareció muy bonita, así que tomé bastantes fotos.


