Medinat Habu. Templo de Ramsés III.
Precio: 220 EGP adultos y 110 EGP estudiantes.


Después de la tranquilidad de las visitas anteriores, en las que estuvimos casi solos, aquí volvimos a encontrarnos con bastante gente, aunque sin llegar a las masificaciones de otros lugares en Luxor.


Superado en tamaño solo por el de Karnak, este complejo arqueológico está presidido por el templo funerario de Ramsés III, en cuyos pilones y paredes se conmemoran muchas de las victorias militares del faraón, a quien se ve dominando a sus enemigos derrotados.


Con anterioridad, Tutmosis III y Hatshepsut (dinastía XVIII), levantaron un pequeño templo dedicado a Amón, que sufrió muchas transformaciones posteriores.




Durante las tensiones políticas sufridas por Egipto a lo largo de la XX dinastía, la población de Tebas se refugió tras sus imponentes murallas defensivas, por lo que llegó a tener consideración de centro administrativo y residencial, ya que el faraón tenía su propio palacio en el interior.


En los primeros siglos de nuestra era, fue utilizado como poblado e iglesia por los coptos, quienes cubrieron con yeso los relieves y las caras de los dioses egipcios, lo cual ha contribuido a su conservación.

Destaca también la impresionante Puerta Siria (Migdol), fortificada y poco habitual en los templos egipcios, para pasar a continuación al templo propiamente dicho, que Ramsés edificó tomando como modelo el Ramesseum.


El templo luce impresionante y se mantiene bien conservado, por lo cual pudimos admirar el patio, varios pilonos decorados con espectaculares relieves glorificando al faraón, las salas hipóstilas y las capillas. Varios recintos y la mayor parte de las columnas conservan una viva policromía, que nos llevó a imaginar el fantástico aspecto que debió tener en su época de apogeo.


También pudimos contemplar restos arqueológicos de los almacenes, el palacio real, el templo pequeño, el lago sagrado…


Sin duda, una visita sumamente recomendable. Los amantes de la fotografía seguro que lo disfrutarán. Pese al calor que apretaba ya con fuerza, nos gustó mucho.


Rameseo (Ramesseum).
Precio: adulto, 220 EGP; estudiante, 110 EGP.

Nuestra última visita de esta excursión fue al templo funerario construido por Ramsés II para declarar su eterna grandeza e impresionar a sus súbditos. Erigido a lo largo de veinte años, actualmente está en ruinas.


Dedicado a Amón, albergó una estatua colosal del faraón de 16 metros de altura, cuyos restos aparecen esparcidos por el suelo. Resulta impresionante imaginar la escultura erguida. El complejo albergaba también otros templos más pequeños, de los que se pueden ver algunos restos, como los cimientos del templo de Tuya, la madre de Ramsés.


El primer pilono estaba decorado con escenas bélicas de los triunfos de Ramsés II. En el segundo pilono aparecen relieves que relatan la supuesta matanza de los hititas en Qadesh, con el faraón disparando flechas, y sosteniendo la cabeza de su enemigo antes de asestarle el golpe definitivo.

En el segundo patio, destacan las columnas osiríacas, con estatuas de Ramsés a semejanza de Osiris, con los brazos cruzados y sosteniendo el ang (llave de la vida) y el bastón. Aún se conservan en la sala hipóstila algunos capiteles que sostenían el techo, con restos de policromía.


Muros de ladrillo protegían todo el recinto. También se pueden restos de almacenes de adobe que se utilizaban para servicios del templo.

En definitiva, una visita corta e interesante, pero de la que (en mi opinión) se puede prescindir si se va corto de tiempo.


Otros lugares que visitar en la orilla occidental.
Son sitios a los que van todos los tours, pero nosotros decidimos saltárnoslos porque ya los habíamos visitado en nuestro anterior viaje. No obstante, se trata de lugares muy importantes que hay que conocer, así que me apetece mencionarlos. Las fotos que pongo las tomé en 2010.
Deir-El-Bahari. Templo de Hatshepsut.
Precio: 440 EGP adultos y 220 EGP estudiantes.


Deir-El-Bahari es un anfiteatro natural de montañas rojas, donde hay tres templos. Además de los de Mentuhotep I y Tutmosis III, el más famoso es el de la reina Hapshepsut, construido por el arquitecto Senmut, con quien las leyendas le atribuyen un romance. Cuenta con una original estructura de tres terrazas escalonadas, que alcanzan treinta metros de altura, y comunicadas por una gran rampa central. Cada nivel está formado por columnatas de pilares de caliza de sección cuadrada, precedidos por estatuas osiríacas. Hallado en ruinas, tuvo que ser reconstruido, pero sin que se lograra siquiera dar una idea de su antiguo esplendor.




Destacan también los relieves que narran detalles de la vida de la reina y también de una expedición a las tierras de Punt (actual Eritrea). En diferente estado de conservación, algunos mantienen sus colores originales.



Los Colosos de Memnón.
Sin horario y de acceso gratuito.
No hay tour que no pare frente a estas dos gigantescas estatuas de piedra que representan al faraón Amenofis III (Dinastía XVIII), sentado, con las manos en las rodillas y la vista dirigida hacia el este, el Nilo y el sol naciente. Hay otros cuatro colosos, cuyos restos han aparecido esparcidos y de los que se ha conseguido restaurar uno de ellos en una misión dirigida por el arqueólogo español Miguel Ángel López Marcos. Se construyeron con enormes bloques de cuarcita y su función inicial era presidir la primera entrada de los pilonos que conducían a al templo funerario de Amenhotep III, que fue en su época el más grande y suntuoso del Antiguo Egipto, pero del que ya no queda nada. Separadas por una distancia de quince metros, las dos estatuas eran gemelas, medían 18 metros de altura y pesaban 720 toneladas cada una. La del lado sur se ve que está elaborada de un solo bloque de piedra, pero en la del lado norte, la más dañada, se distinguen cinco bloques de piedra arenisca, consecuencia un intento de reconstrucción realizado en tiempos del emperador romano Séptimo Severo, quien, involuntariamente, liquidó uno de los mayores atractivos de las esculturas para sus contemporáneos.

Las estatuas se hicieron muy famosas en la época romana y recibieron muchos turistas al extenderse la noticia de que el coloso del norte “cantaba”, emitiendo unos sonidos semejantes a lamentos, que los visitantes griegos interpretaron como un saludo de Memnón (personaje de la mitología griega) a su madre, Aurora, la luz del alba. Lo cierto era que la parte superior de la escultura se resquebrajó como consecuencia de un terremoto y los gemidos se debían a las dilataciones térmicas provocadas por las brisas matinales. Tras la reconstrucción parcial ordenada por Séptimo Severo, los sonidos nunca volvieron a escucharse, aunque los visitantes siguieron viniendo y dejando sus mensajes en forma de grafitis que todavía se pueden apreciar en algunas zonas del coloso del lado sur, aunque en mis fotos de entonces no se distinguen.


