Regreso al hotel.
Sobre las tres, volvimos al taxi, dejamos al guía en un punto del camino y Admed Camel nos volvió a comentar que no le importaba trasladarnos a la motonave con la maleta sin coste adicional alguno. Fue muy amable, pero ya habíamos quedado con el representante de la agencia en que nos recogería en el hotel cuando acabásemos nuestras visitas. Además, aún no sabíamos cuál iba a ser nuestro barco. Tras enviarle un whatsapp, esperamos unos minutos en el vestíbulo, donde tuvieron el detalle de ofrecernos un zumo.
Check-in en la motonave Le Fayan.
Al cabo de un rato, apareció un conductor que nos llevó a la motonave Le Fayan, que estaba amarrada muy cerca del Museo de Luxor y en primera fila, así que no necesitamos atravesar otras para llegar al vestíbulo. Tenía muy buena pinta: nos gustó, si bien carecía de esas ostentosas escaleras tipo Titanic y de salones con lámparas de araña y esculturas faraónicas que se ven en otros barcos.

Nos dieron la bienvenida con una bebida, tomaron los datos de los pasaportes y nos entregaron las tarjetas-llave y las claves del wifi gratuito; en una pantalla, aparecían los horarios de abordo. Por entonces recibí un mensaje del guía, comentándonos que nos vería en la cena, ya que habíamos renunciado a hacer la excursión de los templos esa tarde. Ya muy cerca de nuestra cabina, descubrimos un pequeño gimnasio y una cabina para servicio de masajes.

El camarote nos pareció amplio y confortable. El suelo de madera (una suerte librarnos de la moqueta), un ventanal acristalado enorme, cuarto de baño impecable, albornoces, zapatillas, armario, sillones y mesita, escritorio, nevera; dos botellitas de agua y servicio de café y té de cortesía… Todo limpísimo (luego supimos que arreglaban las cabinas dos veces al día, una por la mañana y otra por la tarde). Y, claro, un muñequito hecho con toallas sobre la cama. Como no habíamos llegado a tiempo para tomar la comida en el comedor, nos habían dejado un par de bandejas con varios bocadillos y fruta. Todo un detalle. Enseguida tuvimos la impresión de que íbamos a sentirnos muy cómodos allí.

Después de comer algo, mientras mi marido se echaba una siesta, yo me dispuse a salir. Tenía cosas que hacer en Luxor, aunque antes subí a la cubierta superior (terraza) para echar un vistazo: muy chula la terraza, piscina y jakuzzi pequeños pero con el agua muy limpia, tumbonas, sillas y mesas con sombrillas, bar… El único problema era que apretaba el sol de lo lindo. Cosas de Egipto.

Otro detalle bueno de la motonave era que estaba atracada muy cerca del Museo de Luxor y frente al Museo de la Momificación, precisamente los lugares que tenía apuntados para visitar, dado que ambos museos abren también en horario de tarde, a partir de las cinco.
Museo de la Momificación de Luxor.
Horario: Mañanas, abre 09:00 am; última entrada, 12:00 pm. Tardes, abre 05:00 pm; última entrada, 07:00 pm.
Precio: adultos, 220 EGP; estudiantes, 110 EGP.
Apenas tuve que caminar unos metros para llegar al cartel que lo anuncia. A continuación, bajé unas escaleras y me hallé dentro del museo, pequeño pero muy interesante. Como en todos los sitios donde estuvimos, al preguntarme de dónde era y decirles que de España, se les iluminaba la cara: ¡Very good, good people!. Nos aprecian mucho, ahora más que nunca: ya os imagináis por qué.

El museo ofrece una detallada exposición sobre los procesos de momificación en el Antiguo Egipto, abarcando sus distintos periodos históricos. Comienza con paneles en los que se muestran mediante dibujos las diferentes fases. Las explicaciones están en árabe e inglés.

A continuación, llegué al espacio donde está la momia intacta de Maseharti, sumo sacerdote y general de la dinastía XXI, hallada en Deir el-Bahri junto con su ataúd pintado. Más adelante, varios animales momificados (un gato, un carnero y un cocodrilo), así como ataúdes pintados, vasijas, ungüentos, cofres, instrumentos para la extracción de órganos, sustancias para tratar el cuerpo y otros elementos básicos para asegurar el mejor viaje de la momia al más allá.


Museo de Arte Antiguo de Luxor.
Horario: Mañanas, abre 09:00 am; última entrada, 12:00 pm. Tardes, abre 05:00 pm; última entrada, 07:00 pm.
Precio: Adultos, 400 EGP; estudiantes, 200 EGP.
No está muy lejos del Museo de la Momificación, pero me despisté inexplicablemente y tuve que dar un pequeño rodeo por algunas callejuelas. Luxor no es ni mucho menos un lugar peligroso para una mujer sola, aunque tuve que lidiar con vendedores, conductores de calesas, taxistas y otras personas seguramente bienintencionadas que querían ayudarme cuando me veían mirando el teléfono. Pero, vamos, sin problemas.
Este museo es más grande y requiere algo más de tiempo que el anterior, pero se puede ver en una horita, aunque creo que yo pasé dentro algo más. Inaugurado en 1975, es un edificio rectangular del que se destaca la exposición en dos plantas de los artefactos en un ambiente de tonos ocres y grises, sin iluminación natural hasta llegar a la sala final.


Las piezas expuestas corresponden a los hallazgos realizados en los templos y necrópolis de la antigua Tebas. Hay estatuas de reyes, gobernantes y altos cargos, fragmentos de estelas, relieves y pinturas de templos y tumbas, armas, flechas, escudos, sarcófagos, vasijas, útiles de escritura, instrumentos medicinales, papiros… En su mayoría pertenecen a los Imperios Medio y Nuevo. Destacan una estatua de Tutmosis III y una cabeza de Amenhotep III.

No voy a extenderme más porque no tendría mucho sentido copiar aquí un catálogo. Prefiero poner algunas fotos antes de concluir que me pareció una visita muy interesante y que puede aprovecharse también para resguardarse un poco del calor en Luxor.


Templo de Luxor iluminado.
Horario: abre a las 06:00 am; última entrada, 07:00 pm.
Precios: Adultos: 500 EGP; estudiantes, 250 EGP.
A las seis y media, me reuní con mi marido, pues teníamos la ilusión de recorrer completa la Avenida de las Esfinges. Sabíamos que a esa hora ya no era posible, pero se nos ocurrió que podríamos hacer un trozo con las esfinges iluminadas. Así que decidimos entrar al Templo, que cierra a las ocho, con la última entrada a las siete. Sin duda es uno de los templos que lucen más de noche que de día gracias a su fantástica iluminación. Y así lo vimos la vez anterior, pero no pasaba nada por repetir.

Lo malo de ir por la tarde-noche es que a esa hora se dan cita casi todos los grupos, con lo cual la afluencia de gente es brutal. Para dejar pasar un poco la hora punta, nos acercamos a las primeras esfinges y llegamos hasta donde está la barca. A partir de allí, un guardia con toda amabilidad nos impidió avanzar, pues, según nos dijo, a partir de las seis se cierra el acceso. En fin, tendríamos que esperar al día siguiente.

Aprovechamos para tomar algunas fotos del exterior y comparándolas con las de la otra vez, nos dimos cuenta que las dos estatuas de Ramsés de entonces se habían convertido en nada menos que seis ahora. Pongo unas fotos de entonces donde se aprecia la diferencia.

Ya que habíamos pagado la entrada, no perdimos la oportunidad de unirnos al gentío y pasear por el interior del templo, en un remake casi idéntico de lo vivido quince años atrás.




¡Qué bonito es este templo de noche! Ni siquiera las multitudes hacen que desmerezcan esas columnas inmensas elevándose al cielo de Luxor. Contaré más cosas de este templo cuando haga el relato de nuestra visita matutina.


Había sido un día muy intenso, así que volvimos a la motonave para cenar. Por primera vez, bajamos al restaurante, donde nos condujeron a la que sería nuestra mesa para todo el crucero: para los dos solos. También conocimos a nuestro camarero principal (los demás también atendían), que hablaba algo de español. Un joven que se esforzó por hacer bien su trabajo y ser amable al mismo tiempo. El bufet libre era bastante completo y de buena calidad. Me gustó mucho que hubiera sopas a diario; además, carnes, pescados, pasta, arroces, guisos locales e internacionales, dulces… Sin embargo, el apartado estrella eran los panes: ¡madre mía, qué surtido! Nunca había visto tantas clases de pan y todos con una pinta estupenda. Estaba claro: había que intentar probarlos todos. Imposible, no pudimos, no tuvimos tiempo. Lástima porque estaban riquísimos. Las bebidas eran de pago: cervezas de medio litro, 200 libras, refrescos y cerveza sin alcohol, 150 libras. El agua grande, 95 libras. No recuerdo otros precios. Nos llamó la atención que éramos los únicos españoles. ¿No había grupo? A nuestro lado, en otra mesa, se sentó una pareja argentina. El comedor estaba a media ocupación: americanos, holandeses, italianos, franceses… Creo que en el crucero no viajamos ni treinta personas.


Subimos a relajarnos un rato en la terraza para tomar el aire. Corría una brisa muy agradable. Al ponerse el sol, bajó la temperatura y se estaba de vicio. Mientras tomaba mis últimas fotos de Luxor de noche (con una pareja de recién casados a la vista), nuestro guía del crucero me envió un whatsapp comunicándonos que los globos no saldrían al día siguiente por previsión de fuertes rachas de viento. Debo de estar gafada con los globos, pues ya me anularon el de Capadocia por lluvia. Menos mal que aquí se canceló con antelación, evitándonos un madrugón inútil.



Egipto por Libre, mucho mejor