Tercer día de visitas en Egipto.
A la mañana siguiente, después de desayunar, conocimos a nuestro guía del crucero y confirmamos que el grupo éramos nosotros dos. El programa incluía visitar los templos de Karnak y Luxor, comenzando por el primero. El guía hablaba un español aceptable y enseguida nos confesó que era un enamorado de la cultura del antiguo Egipto y que con él íbamos a aprender muchísimo. Incluso nos haría exámenes
.
Templo de Karnak.
Horario: abre a las 06:00 am; última entrada, 04:00 pm.
Precio: adultos, 600 EGP; estudiantes, 300 EGP.

Fuimos en coche hasta la entrada habitual del templo de Karnak, el complejo religioso más grande del antiguo Egipto, pues cubre un área muy extensa con múltiples templos y santuarios en diferente estado de conservación. Está formado por los recintos dedicados a Amón-Ra, Montu, Mut y el desaparecido templo de Amenhotep IV.


Ya lo habíamos visitado durante nuestro anterior viaje y las comparaciones fueron inevitables; sobre todo me fijé en el aspecto diferente que presentaban las columnas, ahora iluminadas por el sol, lo que les brindaba un espectacular tono dorado, mientras que la otra vez fuimos por la tarde, con unos colores algo más apagados y menos definidos, pero con el encanto que le brindaba la inminente puesta de sol. En cualquier caso, nos causó la misma fantástica impresión.


Fotos de 2010 con una luz totalmente distinta.



Su edificación comenzó alrededor del 2055 a.C. durante el Imperio Medio y no dejó de ampliarse hasta la época ptolemaica (sobre el 360 a.C.), con contribuciones de faraones como Seti I, Ramsés II y Hatshepsut. Ya en el mismo Centro de Visitantes, frente a las maquetas del complejo, nuestro guía nos fue contando un montón de detalles al respecto que, lamentablemente, no soy capaz de recordar.


A continuación, pasamos por lo que fue el puerto del templo hasta llegar al primer pilono, presidido por dos espectaculares filas de esfinges con cabeza de carnero. Aquí nunca puede faltar la foto de recuerdo. Seguimos a un gran espacio abierto con columnas, esfinges y esculturas; el Templo de Seti, aparece a la izquierda, y el Templo de Ramsés III a la derecha.



Este es un templo de visita obligatoria en Egipto, al que también acuden todos los tours, con lo cual siempre suele estar repleto de gente, que se apiña fundamentalmente en la Sala Hipóstila, la más famosa, con una superficie de 5.000 m2 y 134 columnas de piedra, algunas de hasta 23 metros de altura, que destacan por sus relieves, muchos de los cuales conservan colores originales.



Aún sin librarnos del hechizo de la Sala de los Pilares, avanzamos con la mirada puesta en los obeliscos de Tutmosis I y de Hatshepsut, pasados los cuales enfilamos hacia el grupito de gente que cumple el ritual de pedir sus deseos dando vueltas en torno a la escultura de un gran escarabajo de piedra que representa al dios Jepri; enfrente, el Lago Sagrado, donde se purificaban los sacerdotes antes de realizar los rituales en el templo.





Ya con tiempo libre, me dirigí hacia los restos de las construcciones realizadas por Tutmosis III, cuya sala central (Templo de la Gran Fiesta), se cree que fue diseñada conforme al modelo de la tienda militar que ocupaba durante sus campañas bélicas. En la parte posterior, a cielo abierto, hay un recinto decorado con relieves de fauna y flora exóticas que el faraón llevó a Egipto tras su campaña en Siria.

Los templos egipcios cambian poco en milenios; los humanos, bastante más en unos pocos años







Paseé después por la zona ocupada por el octavo y el noveno pilono, construido por Horembeb con sillares del demolido templo de Atón, y me dediqué a hacer fotos por todas partes, pues todo me llamaba la atención, si bien necesitaría un montón de horas y de documentación para identificar detalladamente lo que estaba viendo.




Templo de Jonsu.
Al suroeste del recinto, cerca de la puerta que comunica con la Avenida de las Esfinges, este templo está dedicado al dios lunar Jonsu, hijo de Amón y de Mut. Fue construido durante los reinados de Ramsés III y Ramsés IV, y ampliado posteriormente. Está muy bien conservado y merece la pena recorrerlo; además, está incluido en la entrada del templo de Karnak.





Aquí tuve un pequeño incidente (si se le puede llamar así) con un “vigilante”, que se empeñó en mostrarme algo maravilloso. No sé cómo, me vi con él y con otro personaje que abrió una capilla cerrada con llave, donde pude ver varios relieves policromados. Naturalmente, la deferencia requería una propina. Nada nuevo, pero si normalmente se conforman con lo que les das aunque te pongan mala cara, en esta ocasión me pidieron insistentemente más, lo que me causó una sensación de incomodidad. Tras entregarles otra moneda de euro a cada uno, me puse muy seria y les dije que no les iba a dar más. Y allí se acabó el asunto: ellos saben perfectamente hasta qué límite pueden llegar con los visitantes.


Al cabo de un rato, iba a pasar al Templo de Opet, que está al lado del de Jonsu, cuando divisé a los dos personajes que se dirigían hacia mí con intención de mostrarme nuevas maravillas. Como no tenía ganas de más rollos, preferí dar media vuelta y me alejé de allí.
