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Twillingate, la capital de los Icebergs. Así reza en la web de la ciudad. Y es por este motivo, por el que tenía que ser parada obligatoria en nuestro viaje por Terranova. Se ha ganado el título de "Iceberg Capital of the World" por su ubicación geográfica privilegiada y la densidad de avistamientos que registra cada año. Twillingate está situado en pleno Iceberg Alley, un corredor oceánico por el que fluyen los gigantes trozos de hielo desprendidos de los glaciares del oeste de Groenlandia y del ártico canadiense guiados por transportados por la corriente helada del Labrador.
Para el primer día en Twillingate, habíamos reservado un tour en barco para ver icebergs en el mar. Lo contratamos con Icebergs Quest Ocean Tours porque cuando buscamos en información por internet, nos pareció que era la que tenía mejores reseñas. Como ya habíamos “tirado la casa por la ventana” en St. Anthony, en esta ocasión hicimos el tour básico en un barco compartido.
Normalmente suelen tener tres salidas diarias, una a las 9h30, otra a las 13h y la de la tarde, a las 16h. Nosotros, para poder aprovechar el resto del día, cogimos la de primera hora de la mañana. Como estábamos alojados a tan solo 3 km del puerto de donde salía el tour, pudimos levantarnos un poco más tarde de los habitual y desayunar sin prisas. Ahhhhhh, por cierto, la ducha seguía sin tener agua caliente, joooooo!!!
Para el primer día en Twillingate, habíamos reservado un tour en barco para ver icebergs en el mar. Lo contratamos con Icebergs Quest Ocean Tours porque cuando buscamos en información por internet, nos pareció que era la que tenía mejores reseñas. Como ya habíamos “tirado la casa por la ventana” en St. Anthony, en esta ocasión hicimos el tour básico en un barco compartido.
Normalmente suelen tener tres salidas diarias, una a las 9h30, otra a las 13h y la de la tarde, a las 16h. Nosotros, para poder aprovechar el resto del día, cogimos la de primera hora de la mañana. Como estábamos alojados a tan solo 3 km del puerto de donde salía el tour, pudimos levantarnos un poco más tarde de los habitual y desayunar sin prisas. Ahhhhhh, por cierto, la ducha seguía sin tener agua caliente, joooooo!!!
En la reserva ponía que había que estar una hora antes de la salida, así que a las 8h30 estábamos puntuales en el embarcadero. Cuando vimos que la gente empezaba a hacer cola, nosotros hicimos lo mismo y aquí es cuando aparece la “picaresca de los occidentales”.
Unos 15 min antes de la hora salida, el capitán nos pidió que nos acercáramos alrededor del barco para darnos una pequeña charla sobre la seguridad en el barco. Cuando terminó, empezamos a embarcar y ¿a que no sabéis lo que pasó? Pues que los que estaban inicialmente atrás en la fila, no respetaron el orden inicial. Algunos pensaréis que, al final, iba a haber sitio para todos en el barco. Y si, nadie se iba a quedar en tierra, pero subir de los primeros al barco, te podía garantizar elegir sitio y para unos aficionados a la fotografía como nosotros, eso era importante. Antes hemos comentado lo de la “picaresca de los occidentales” y es que, cuando hemos viajado por Japón o Corea del Sur, estas cosas no pasan.

A la hora prevista, zarpamos hacia alta mar. Durante el trayecto, disfrutamos de unas vistas increíbles: casitas de colores alineadas a la orilla del mar y el imponente faro de Long Point alzándose sobre el acantilado.


Apenas llevábamos unos 20 min de travesía cuando apareció el primer iceberg a lo lejos. Era gigantesco. Una pena no haber podido incluir algo en las fotos que ayudara a medir su verdadero tamaño.
Cuando llegamos a lo máximo que tienen permitido acercarse (por seguridad), el barco empezó a girar justo al lado contrario de donde estábamos nosotros y todos los que estábamos en esa zona, nos empezamos a mover para poder verlo, pero el capitán dijo por la megafonía del barco que no nos preocupáramos porque iba a dar varias vueltas alrededor de los icebergs para que todo el mundo los pudiera ver perfectamente. Cumplió su promesa, con creces, jejeje
Cuando llegamos a lo máximo que tienen permitido acercarse (por seguridad), el barco empezó a girar justo al lado contrario de donde estábamos nosotros y todos los que estábamos en esa zona, nos empezamos a mover para poder verlo, pero el capitán dijo por la megafonía del barco que no nos preocupáramos porque iba a dar varias vueltas alrededor de los icebergs para que todo el mundo los pudiera ver perfectamente. Cumplió su promesa, con creces, jejeje


El tour duró unas dos horas en las que pudimos ver y disfrutar de cuatro icebergs a lo largo de la costa de Twillingate. Para que os hagáis una idea de lo que vimos, os dejamos una selección con las mejores fotos.
Mientras navegábamos de uno a otro, la tripulación nos explicó cómo se forman estos gigantes, el largo viaje que recorren hasta Terranova y Labrador y su inevitable final derritiéndose cual cubitos de hielo. Todo esto ambientado, además, con música folclórica local.
Mientras navegábamos de uno a otro, la tripulación nos explicó cómo se forman estos gigantes, el largo viaje que recorren hasta Terranova y Labrador y su inevitable final derritiéndose cual cubitos de hielo. Todo esto ambientado, además, con música folclórica local.




Tenemos que reconocer que, aunque no se puede comparar al tour privado en lancha que hicimos en St. Anthony, éste también estuvo muy bien y además, es bastante más económico.
Se me olvidaba… Afortunadamente, la biodramina que me había tomado en el desayuno funcionó de maravilla y, gracias a eso, pude disfrutar de la travesía sin ningún síntoma de mareo.
Se me olvidaba… Afortunadamente, la biodramina que me había tomado en el desayuno funcionó de maravilla y, gracias a eso, pude disfrutar de la travesía sin ningún síntoma de mareo.

Antes de ponernos con la siguiente actividad del día, y aprovechando que estábamos tan cerca del alojamiento, nos acercamos para “saldar deudas” y comentarles también lo de la ducha. Con la temperatura que veníamos teniendo, ducharse con agua fría, no era una opción, jejeje
Poco antes de las 13h, llegamos a Long Point donde teníamos previsto hacer una pequeña caminata. Previamente nos pasamos por un supermercado para comprar unos sándwiches para comer durante la actividad.
Poco antes de las 13h, llegamos a Long Point donde teníamos previsto hacer una pequeña caminata. Previamente nos pasamos por un supermercado para comprar unos sándwiches para comer durante la actividad.


En torno al faro de Long Point hay una red de senderos con distintas distancias y dificultades, para que cada uno pueda elegir en base a su forma física. Nosotros elegimos las rutas de Sleepy Cove y Nanny´s Hole porque eran cortitas y habíamos leído que transcurrían por la costa.
Incluida la parada para comer, nosotros tardamos aproximadamente dos horas en hacer el recorrido, aunque ya sabéis que paramos un montón para hacer fotos y nos entretenemos con cualquier cosa que nos llame la atención. Durante la caminata, tuvimos la oportunidad de ver, además de alguno que estaba lejos, un par de icebergs que estaban bastante cerca de la costa.
A pesar de que la temperatura no subió de los 12 °C, como a medida que avanzaba el día, el cielo se había despejado completamente, la fuerza del sol hizo que, a ratos, hasta pasáramos calor.
Incluida la parada para comer, nosotros tardamos aproximadamente dos horas en hacer el recorrido, aunque ya sabéis que paramos un montón para hacer fotos y nos entretenemos con cualquier cosa que nos llame la atención. Durante la caminata, tuvimos la oportunidad de ver, además de alguno que estaba lejos, un par de icebergs que estaban bastante cerca de la costa.
A pesar de que la temperatura no subió de los 12 °C, como a medida que avanzaba el día, el cielo se había despejado completamente, la fuerza del sol hizo que, a ratos, hasta pasáramos calor.

Para la tarde, teníamos planificada hacer “un trozito” del trail de Spiller´s Cove, así que casi tiempo para descansar, volvimos al parking (situado junto al faro) y pusimos rumbo al siguiente punto del mapa.
Aquí me tengo que apuntar otro “gallifante” porque al meter la dirección en el GPS (siempre las llevamos metidas desde casa), me equivoqué y en vez de Spiller´s Cove, introduje Spillar´s Cove que es otra caminata que lleva hasta French Beach. A pesar de la confusión, no perdimos demasiado tiempo ya que el comienzo de ambas caminitas está relativamente cerca.
Aquí me tengo que apuntar otro “gallifante” porque al meter la dirección en el GPS (siempre las llevamos metidas desde casa), me equivoqué y en vez de Spiller´s Cove, introduje Spillar´s Cove que es otra caminata que lleva hasta French Beach. A pesar de la confusión, no perdimos demasiado tiempo ya que el comienzo de ambas caminitas está relativamente cerca.
Aunque Spiller´s Cove es una caminata compuesta de varios tramos, que unidos llegan hasta los 7 km, nosotros solo hicimos la primera parte que llega hasta la playa que da nombre a la caminata. El tramo que hicimos nosotros fue prácticamente llano y apto para cualquier persona con un mínimo de forma física y según el GPS, fueron aproximadamente 2 km ida y vuelta. La foto de portada del diario está hecha allí.
Al de poco de empezar el recorrido, llegamos a una playa de cantos blancos y con el agua de un color azul turquesa increíble. Como había unas escaleras de madera para poder bajar a la orilla, aprovechamos para comprobar cómo de frías son las aguas del Atlántico Norte y de paso, sacar unas fotos de larga exposición.
Al de poco de empezar el recorrido, llegamos a una playa de cantos blancos y con el agua de un color azul turquesa increíble. Como había unas escaleras de madera para poder bajar a la orilla, aprovechamos para comprobar cómo de frías son las aguas del Atlántico Norte y de paso, sacar unas fotos de larga exposición.


Un poco más adelante, nos encontramos con otra playa, esta vez de arena, pero con las aguas igual de transparentes. En esta ocasión, nos tuvimos que conformar con las vistas desde el sendero porque no vimos una forma sencilla de bajar a la orilla. Así todo, las vistas de ambas playas eran espectaculares.

Poco después de las 18h dimos por finalizado el paseo y volvimos al parking con intención de volver a Twillingate, aunque antes hicimos una breve parada en Durrell para sacar unas fotos a unas cabañas de colores, que encontramos junto a la carretera. Aprovechamos también para hacer una parada técnica y de paso, probar unos helados que tenían una pinta muy buena. A pesar de haber solo 12°C, nos “entraron” de maravilla. Además de los helados, compramos unos tés fríos de limón y todo nos salió por $14,15 (9,08€).
Como no habíamos parado en todo el día y lo único que habíamos comido era un sándwich al mediodía, decidimos que nos lo habíamos ganado y nos sentamos a cenar en una hamburguesería que habíamos visto de camino al alojamiento. El local se llamaba Burgie's Seaside Eatery y además de cenar estupendamente, disfrutamos de unas bonitas vistas de la bahía de Twillingate. La cena nos salió por $53,99 (34,6€).
Al terminar de cenar vimos que el cielo se estaba poniendo de esos de colores que tanto nos gustan a nosotros y buscamos un sitio para ver si podíamos conseguir un bonito atardecer. La foto que ponemos a continuación, la sacamos debajo del puente que une las islas sur y norte de Twillingate.

Y cuando pensábamos que el día no podía acabar mejor, el cielo se tiñó de tonos cálidos y nos regaló un atardecer de esos que tardan en olvidarse (sobre todo al conseguir incluir un iceberg en una de las fotos).


Al llegar al alojamiento comprobamos que seguíamos sin agua caliente, así que aprovechando que teníamos la posibilidad de hacer llamadas con el móvil, llamamos a nuestra anfitriona y le dijimos lo que pasaba. Nos dijo que iba a mandar a alguien para resetear el sistema y que esperáramos ½ hora. Según nos contó, era un sistema nuevo y aún no sabían muy bien cómo funcionaba. Afortunadamente, pasados unos 45 min volvimos a probar y por fin, nos pudimos duchar.
*** final del día 11 ***
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