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En todos los viajes hay un día de compras ¿no? Nosotros lo solemos dejar para el día antes de marchar, pero como el pronóstico del tiempo daba sol para todo el día y ya sabéis que la fotografía y el sol suelen ser incompatibles, decidimos adelantar el día de compras y pasamos la mañana en el centro comercial que teníamos cerca del alojamiento.
Hasta las 11h30 no llegamos a St. John’s. Como vimos que no había bastantes sitios para aparcar en la calle, no nos complicamos buscando un parking. La OTA nos costó $5,25 (3,36€) para 4 horas.
Para acabar con el tema de las compras, fuimos directamente a Water Street, la calle comercial por excelencia en St. John’s. Está considerada como una de las calles comerciales más antiguas de Norteamérica y destaca por su arquitectura del siglo XIX, sus tiendas independientes y su estrecha relación con la historia marítima de Terranova.
Mientras íbamos de tienda en tienda, vimos en un escaparate la camiseta que habíamos visto en Bonavista, pero que no habíamos podido comprar porque no tenían mi talla. Afortunadamente, aquí sí la tenían, así que se vino con nosotros para España. Como no podía ser de otra manera, ¡tenía que tener puffins! jejeje
Hasta las 11h30 no llegamos a St. John’s. Como vimos que no había bastantes sitios para aparcar en la calle, no nos complicamos buscando un parking. La OTA nos costó $5,25 (3,36€) para 4 horas.
Para acabar con el tema de las compras, fuimos directamente a Water Street, la calle comercial por excelencia en St. John’s. Está considerada como una de las calles comerciales más antiguas de Norteamérica y destaca por su arquitectura del siglo XIX, sus tiendas independientes y su estrecha relación con la historia marítima de Terranova.
Mientras íbamos de tienda en tienda, vimos en un escaparate la camiseta que habíamos visto en Bonavista, pero que no habíamos podido comprar porque no tenían mi talla. Afortunadamente, aquí sí la tenían, así que se vino con nosotros para España. Como no podía ser de otra manera, ¡tenía que tener puffins! jejeje


Como llevábamos varios días comiendo dentro del coche, decidimos que hoy comeríamos tranquilamente. Nos dimos un pequeño homenaje y comimos en el bar/restaurante On The Rocks Fusion Restobar. La chica que nos atendió fue muy maja y la comida estuvo realmente rica, $71.25 (45,55€).


Cuando se cumplió el tiempo del ticket de aparcamiento, dimos por finalizada la “shopping session” y nos acercamos hasta Signal Hill, un “must” si se visita la capital de Terranova.
Como nosotros ya habíamos estado en 2015, no le dedicamos mucho tiempo, pero aprovechando que la entrada es gratuita con la Discovery Pass, volvimos a ver las exposiciones. La verdad es que nos pareció que no habían cambiado mucho desde que estuvimos nosotros.
Acceder subir a Signal Hill y pasear por los alrededores es gratis. Lo que vale dinero es la entrada a la Torre Cabot y a las exposiciones del Centro de Interpretación.
Signal Hill es uno de los lugares más emblemáticos de St. John’s, desde donde se tienen unas vistas espectaculares de la ciudad, el puerto y el océano Atlántico, además de ser es una visita imprescindible para conocer la historia de Terranova.
Como nosotros ya habíamos estado en 2015, no le dedicamos mucho tiempo, pero aprovechando que la entrada es gratuita con la Discovery Pass, volvimos a ver las exposiciones. La verdad es que nos pareció que no habían cambiado mucho desde que estuvimos nosotros.
Acceder subir a Signal Hill y pasear por los alrededores es gratis. Lo que vale dinero es la entrada a la Torre Cabot y a las exposiciones del Centro de Interpretación.
Signal Hill es uno de los lugares más emblemáticos de St. John’s, desde donde se tienen unas vistas espectaculares de la ciudad, el puerto y el océano Atlántico, además de ser es una visita imprescindible para conocer la historia de Terranova.


Además de la Torre Cabot (construida a finales del siglo XIX para conmemorar el viaje de John Cabot a Norteamérica), también un Centro de Interpretación con varias salas de exposición.
Los objetos expuestos están dedicados principalmente a la historia militar y a la importancia estratégica del enclave en la defensa del puerto, especialmente durante los conflictos entre franceses y británicos.
Otra parte importante de la exposición repasa la evolución de las telecomunicaciones y el papel clave de Signal Hill en el envío de señales, destacando la hazaña de Guillermo Marconi al recibir la primera transmisión inalámbrica transatlántica el 12 de diciembre de 1901.
Los objetos expuestos están dedicados principalmente a la historia militar y a la importancia estratégica del enclave en la defensa del puerto, especialmente durante los conflictos entre franceses y británicos.
Otra parte importante de la exposición repasa la evolución de las telecomunicaciones y el papel clave de Signal Hill en el envío de señales, destacando la hazaña de Guillermo Marconi al recibir la primera transmisión inalámbrica transatlántica el 12 de diciembre de 1901.




Además de la parte cultural e histórica, Signal Hill cuenta con una red de senderos y miradores desde donde se tienen las mejores vistas tanto del puerto, como del faro de Fort Amherst.


Nuestra siguiente parada fue el faro de Cape Spear, el más antiguo de la provincia de Terranova y Labrador y el punto más oriental de Norteamérica.


El faro original de Cape Spear se construyó en 1836 y es el más antiguo que se conserva en la provincia de Terranova y Labrador. Representa un símbolo clave de la historia marítima de la región, cuando era un punto crucial para la navegación transatlántica.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el cabo se convirtió en una fortaleza defensiva clave para proteger los barcos aliados que cruzaban el Atlántico frente a los submarinos alemanes.
En 1962 fue nombrado Sitio Histórico Nacional de Canadá y se restauró el faro original a su apariencia del siglo XIX.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el cabo se convirtió en una fortaleza defensiva clave para proteger los barcos aliados que cruzaban el Atlántico frente a los submarinos alemanes.
En 1962 fue nombrado Sitio Histórico Nacional de Canadá y se restauró el faro original a su apariencia del siglo XIX.

En 1955, el faro antiguo (construido en madera) fue sustituido por una torre octagonal ligeramente inclinada y hecha completamente de hormigón armado.
La luz actual se divisa hasta a 22 millas náuticas (aprox. 40 km) y su cadencia es de 3 destellos blancos rápidos cada 15 segundos. Este ritmo exacto de 3 destellos en 15 segundos es la "firma" o código único del faro, lo que permite a los navegantes identificar desde altamar que están observando precisamente a Cape Spear y no a otro punto de la costa.
La luz actual se divisa hasta a 22 millas náuticas (aprox. 40 km) y su cadencia es de 3 destellos blancos rápidos cada 15 segundos. Este ritmo exacto de 3 destellos en 15 segundos es la "firma" o código único del faro, lo que permite a los navegantes identificar desde altamar que están observando precisamente a Cape Spear y no a otro punto de la costa.

Entre una cosa y otra, “se nos fue el santo al cielo” y casi no llegamos a tiempo para poder visitar el faro/museo (cierran a las 17h30). Vale que ya habíamos estado, pero es que es que nos apetecía repetir la visita al interior del faro. Y es que no solo era un faro, era la vivienda de una familia.

El interior del faro está decorado con mobiliario y objetos de época, intentando recrear el ambiente del siglo XIX, con elementos que ayudan a imaginar cómo era la vida cotidiana de los fareros y sus familias.

Viendo la temperatura que habíamos tenido nosotros durante nuestro viaje, siempre por debajo de 10°C y eso que era junio, no nos podemos imaginar cómo tenía que ser vivir aquí en invierno, con viento atlántico, temporales y niebla, teniendo que mantener el equipo del faro y atender las tareas propias de la casa.
El farero no se limitaba a encender una luz, debía vigilar su funcionamiento y asegurar que los barcos pudieran orientarse hacia el puerto de St. John's.
El farero no se limitaba a encender una luz, debía vigilar su funcionamiento y asegurar que los barcos pudieran orientarse hacia el puerto de St. John's.

Como hemos comentado antes, Cape Spear fue parte fundamental en la defensa de St. John’s. Todavía se pueden recorrer los búnkeres de hormigón y los emplazamientos de los cañones construidos en las rocas.

Cuando acabamos la (breve) visita al faro/museo, dimos un paseo por los alrededores sacando fotos a los dos faros y no sé cómo, pero nos pusimos a hablar con una chica que no paraba de mirar hacia el mar. Nos contó que era de New Brunswick (otra de las provincias que visitamos en 2015) y que el día anterior había estado en Ferryland y que también había visto las ballenas y el zorro. ¡Qué casualidad!
Entre “pitos y flautas” estuvimos casi media hora con la chica intercambiando experiencias de nuestros viajes. En esas conversaciones, siempre se aprende algo…
La última cosa que teníamos apuntado para hacer en el día era visitar el cercano pueblo de Petty Harbour, a 13 km de Cape Spear.
Entre “pitos y flautas” estuvimos casi media hora con la chica intercambiando experiencias de nuestros viajes. En esas conversaciones, siempre se aprende algo…
La última cosa que teníamos apuntado para hacer en el día era visitar el cercano pueblo de Petty Harbour, a 13 km de Cape Spear.

No es que no nos gustara, pero tampoco le vimos nada especial. Un pueblo costero “moderno” sin más. Así todo, estuvimos dando un paseo por la zona del puerto fotografiando los rincones que nos parecieron más interesantes.

De vuelta en St. John’s buscamos un sitio para cenar y dimos con el restaurante Cojones Tacos & Tequila, que tenía muy buena. Yo nunca había probado la comida mexicana, así que perfecto. La comida tenemos que reconocer que estuvo riquísima y además las raciones fueron muy grandes, $112.70 (71.57€).


Lo que no nos gustó fue la atención recibida. Para empezar, nos sentaron en una mesa pequeña, a pesar de que había otras más grandes libres. Es cierto que éramos dos, pero cuando empezaron a traer los platos que habíamos pedido, sencillamente no cabían en la mesa. Tuvimos que ser nosotros quienes pidiéramos que nos cambiaran a otra más grande, algo que podrían haber previsto perfectamente desde el principio.
Por norma, no somos partidarios de dejar propina y, en este caso, todavía menos, ya que el servicio nos pareció bastante justito. Aun así, lo más curioso llegó al pagar: al no añadir “tip” (propina), ni siquiera se despidieron de nosotros. Como se suele decir, “dos problemas tienen”.
Terminamos el día callejeando por St. John’s y fotografiando sus famosas casas de colores, símbolo de la ciudad. Aunque se pueden ver por casi cualquier calle del centro, las más fotogénicas las encontramos en Prescott Street y King’s Road.
Por norma, no somos partidarios de dejar propina y, en este caso, todavía menos, ya que el servicio nos pareció bastante justito. Aun así, lo más curioso llegó al pagar: al no añadir “tip” (propina), ni siquiera se despidieron de nosotros. Como se suele decir, “dos problemas tienen”.
Terminamos el día callejeando por St. John’s y fotografiando sus famosas casas de colores, símbolo de la ciudad. Aunque se pueden ver por casi cualquier calle del centro, las más fotogénicas las encontramos en Prescott Street y King’s Road.




*** Final del día 20 ***
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