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Como no solo de puffins vive el hombre, la mayor parte del día lo tenía planificado para visitar varios sitios a lo largo de la península de Bonavista. Como se puede ver en la foto, el día amaneció nublado (aunque sin previsión de lluvia) y la temperatura más o menos igual que el día anterior.

Nuestra primera parada en Tickle Cove, un pintoresco y tradicional pueblo costero situado en la península de Bonavista. Es famoso por su arco marino (Sea Arch) y sus característicos acantilados rojizos.
El llamativo tono rojo de la piedra proviene de la oxidación del hierro (hematita) presente en sus granos minerales. Estos sedimentos se acumularon originalmente en antiguos ambientes continentales y costeros hace millones de años.
El llamativo tono rojo de la piedra proviene de la oxidación del hierro (hematita) presente en sus granos minerales. Estos sedimentos se acumularon originalmente en antiguos ambientes continentales y costeros hace millones de años.


La erosión provocada por las aguas del océano Atlántico han esculpido cuevas marinas que dieron lugar al famoso arco. En los estratos también se observan fracturas curvadas rellenas de cuarzo, testimonio de intensas tensiones tectónicas pasadas. El sitio forma parte de la ruta Discovery UNESCO Global Geopark.
Además, el lugar también es famoso por la canción tradicional "Tickle Cove Pond", escrita por el pescador y compositor local Mark Walker.
Desde el parking (con sitio para cuatro coches), apenas tuvimos que andar 300 m hasta la plataforma (de color verde fosforito) que han puesto para poder ver el arco de forma segura. Aunque está perfectamente señalado, el camino no está preparado para personas con movilidad reducida (escaleras y terreno irregular).
Además, el lugar también es famoso por la canción tradicional "Tickle Cove Pond", escrita por el pescador y compositor local Mark Walker.
Desde el parking (con sitio para cuatro coches), apenas tuvimos que andar 300 m hasta la plataforma (de color verde fosforito) que han puesto para poder ver el arco de forma segura. Aunque está perfectamente señalado, el camino no está preparado para personas con movilidad reducida (escaleras y terreno irregular).


El arco resulta espectacular, pero gracias a los nubarrones del fondo y el resol que de vez en cuando iluminaba la piedra, ayudaron a darle más dramatismo a la escena. Moviéndonos un poco hacia la derecha de la plataforma, conseguimos otro punto de vista donde veía completamente la entrada del mar. El sonido de las olas, al romper contra las rocas, era ensordecedor.


De regreso al parking, nos detuvimos en un rincón donde nos recreamos haciendo largas exposiciones. El efecto sedoso del agua sobre el rojo intenso de las piedras, hizo que las fotos no quedaran nada mal ¿Qué os parece?

Cuando terminamos la visita al arco marino, eran las 10h30 y pusimos rumbo al siguiente punto que teníamos previsto: King’s Cove Lighthouse trail, una caminata que va recorriendo la costa hasta llegar al faro del mismo nombre. El recorrido ofrece dos opciones: el inside loop, de 1,7 km, que llega únicamente hasta el faro, y el outside loop, de 3,5 km, que además del faro permite contemplar la joya geológica de Brook Point.
King's Cove fue un asentamiento pesquero muy próspero e influyente en el siglo XIX. De hecho, debido a su rica vida cultural, comercial y a la presencia de instituciones educativas y religiosas, se ganó el apodo histórico de "The Athens of the North" (La Atenas del Norte). La iglesia católica de San Pedro y San Pablo es un reflejo de esa época de bonanza e importancia comunitaria.
Justo al lado de la iglesia comienza el recorrido que transcurre, inicialmente, por los prados conocidos como Paddy Murphy's Meadow (famosos también por inspirar canciones del folkclore tradicional de Terranova).
King's Cove fue un asentamiento pesquero muy próspero e influyente en el siglo XIX. De hecho, debido a su rica vida cultural, comercial y a la presencia de instituciones educativas y religiosas, se ganó el apodo histórico de "The Athens of the North" (La Atenas del Norte). La iglesia católica de San Pedro y San Pablo es un reflejo de esa época de bonanza e importancia comunitaria.
Justo al lado de la iglesia comienza el recorrido que transcurre, inicialmente, por los prados conocidos como Paddy Murphy's Meadow (famosos también por inspirar canciones del folkclore tradicional de Terranova).



El faro de King's Cove Head fue construido en 1893 y es de las pocas torres cilíndricas de hierro fundido que se fabricaban por piezas modulares de forma industrial. Era un sistema muy valorado a finales del siglo XIX por su bajo coste, su durabilidad frente al duro clima atlántico y la facilidad para montarlas en acantilados remotos. Hoy en día, apenas quedan en pie alrededor de 26 estructuras de este tipo en todo Canadá.
Durante décadas, la vida del faro estuvo ligada a familias locales. Su primer guardián fue James Batterton, quien asumió el cargo en 1893. El puesto pasó posteriormente por varios miembros de su familia y, más adelante, por la familia Maddox, gestionándose de forma prácticamente familiar durante generaciones hasta que la automatización llegó a finales del siglo XX.
Durante décadas, la vida del faro estuvo ligada a familias locales. Su primer guardián fue James Batterton, quien asumió el cargo en 1893. El puesto pasó posteriormente por varios miembros de su familia y, más adelante, por la familia Maddox, gestionándose de forma prácticamente familiar durante generaciones hasta que la automatización llegó a finales del siglo XX.

Originalmente, el faro era totalmente manual, dependiendo de la gestión humana y los sistemas de combustión tradicionales. Con los años, la tecnología avanzó: en la década de 1970 se pasó temporalmente a baterías y, finalmente, en 1984 se instalaron paneles solares para automatizar por completo el destello de su baliza. Debido a su valor arquitectónico y a su papel esencial en la historia marítima de Terranova (cuando todavía era una colonia británica dependiente por completo de la pesca y la navegación), fue declarado Edificio Federal de Patrimonio Reconocido en Canadá en 1990.


Después de dar buena cuenta (fotográfica) del faro y alrededores, pensamos que sería buena idea seguir un poco más y llegar hasta Brook Point. Por el camino, nos entretuvimos sacando fotos a unos brotes de abeto blanco/negro especie predominante en los bosques de Terranova. A finales de la primavera o principios del verano, es cuando estos brotes surgen con ese color verde brillante y esa textura escamosa antes de convertirse en las piñas que todos conocemos.

Las capas rocosas multicolores que se pueden ver en Brook Point proceden de la formación Crown Hill. Estos acantilados costeros son un ejemplo clásico de roca sedimentaria. Capas de sedimento se van acumulando unas encima de otras y que con el tiempo se comprimen y cementan para formar roca. En este caso, una cadena de arena, limo y barro fue erosionada por ríos de una antigua cadena montañosa volcánica.

Más allá de su valor geológico, el lugar es increíblemente fotogénico, no solo por las vistas de la costa este de Terranova, sino por el colorido de las rocas. El característico rojo intenso nace de la oxidación de minerales ricos en hierro, mientras que los tonos ocres y morados provienen de cenizas volcánicas y de los cambios químicos causados por fluidos antiguos que se filtraron a través del sedimento.

De vuelta a Port Rexton, a la altura de Hodderville, nos topamos con una peculiar forma de arte. Unas piedras pintadas de colores al borde de la carretera. La "Quilt Rock" es la piedra más grande e imita una colcha de retazos o edredón tradicional (quilt) de colores vivos. No se trata de una obra comercial sino de un proyecto de arte popular y comunitario. La artista local repinta y actualiza los diseños y colores de la roca periódicamente, acompañando las piedras con figuras de gnomos y detallas decorativos bordeando el camino. Lo más curioso de todo es que viene anunciado en Google Maps.

Antes de nuestra siguiente actividad, hicimos una parada técnica y compramos unos sándwiches, algo para picar y unos refrescos. $36,05 (23,11€). Como no encontramos un sitio donde comer sentados, recurrimos una vez más al nuestro cobijo de nuestro coche.
Pasadas las 15h subimos hasta el mirador de Gun Hill. Durante los siglos XVII y XVIII se instalaron baterías de cañones para proteger Port Rexton y su puerto de las incursiones y ataques de la armada francesa durante los recurrentes conflictos entre británicos y franceses por el control de Terranova.
Nos costó bastante localizar el inicio del sendero de subida al mirador ya que cuando fuimos al punto que teníamos anotado en el mapa, había un cartel que decía que era propiedad privada y que, desde allí, no se podía subir al mirador. Gracias al buen sentido de la orientación de Anna, conseguimos localizar el punto correcto donde comenzaba el sendero. Por si puede ser útil, dejamos las coordenadas aquí.
Pasadas las 15h subimos hasta el mirador de Gun Hill. Durante los siglos XVII y XVIII se instalaron baterías de cañones para proteger Port Rexton y su puerto de las incursiones y ataques de la armada francesa durante los recurrentes conflictos entre británicos y franceses por el control de Terranova.
Nos costó bastante localizar el inicio del sendero de subida al mirador ya que cuando fuimos al punto que teníamos anotado en el mapa, había un cartel que decía que era propiedad privada y que, desde allí, no se podía subir al mirador. Gracias al buen sentido de la orientación de Anna, conseguimos localizar el punto correcto donde comenzaba el sendero. Por si puede ser útil, dejamos las coordenadas aquí.

También se utilizó como punto de vigilancia costera. Al ser el punto más alto de la zona, los habitantes y comerciantes locales lo utilizaban tradicionalmente como un puesto de observación. Desde allí vigilaban la llegada de los barcos mercantes cargados de provisiones desde Europa o las goletas de pesca que regresaban a casa tras la temporada en los bancos de pesca.

Para el resto de la tarde no teníamos planificadas más actividades, así que volvimos al mirador de Elliston a ver si teníamos más suerte con los puffins. Con los puffins, no lo sé, pero con los zorros, sí: en dos días habíamos visto dos ejemplares (creemos que no eran el mismo por el color del pelaje).
Aunque popularmente se les llame "zorros rojos", esta especie guarda una curiosidad genética: en una misma camada pueden convivir ejemplares de tonalidades muy diversas. Junto al clásico pelaje anaranjado de patas negras y cola de punta blanca, en Terranova es frecuente cruzarse con otras variantes. Una de ellas es el zorro cruzado (cross fox), de tonos pardos y una marca oscura en forma de cruz sobre los hombros y la espalda; otra es el zorro plateado o negro (silver fox), de pelaje oscuro salpicado de puntas plateadas.
Para los zorros, los acantilados donde anidan las aves marinas (como los frailecillos o las gaviotas) son zonas estratégicas de alimentación, especialmente en temporada de cría. Por internet habíamos visto vídeos de zorros con un puffin en la boca tras cazarlo y, aunque sabemos que es ley de vida y que lo hacen para sobrevivir, la verdad es que da mucha pena. Nos pasó lo mismo cuando descubrimos que en Islandia aún se cazan para consumo humano. ¡Con lo simpáticos que son, jejeje!
Aunque popularmente se les llame "zorros rojos", esta especie guarda una curiosidad genética: en una misma camada pueden convivir ejemplares de tonalidades muy diversas. Junto al clásico pelaje anaranjado de patas negras y cola de punta blanca, en Terranova es frecuente cruzarse con otras variantes. Una de ellas es el zorro cruzado (cross fox), de tonos pardos y una marca oscura en forma de cruz sobre los hombros y la espalda; otra es el zorro plateado o negro (silver fox), de pelaje oscuro salpicado de puntas plateadas.
Para los zorros, los acantilados donde anidan las aves marinas (como los frailecillos o las gaviotas) son zonas estratégicas de alimentación, especialmente en temporada de cría. Por internet habíamos visto vídeos de zorros con un puffin en la boca tras cazarlo y, aunque sabemos que es ley de vida y que lo hacen para sobrevivir, la verdad es que da mucha pena. Nos pasó lo mismo cuando descubrimos que en Islandia aún se cazan para consumo humano. ¡Con lo simpáticos que son, jejeje!

De camino al mirador, nos cruzamos con una chica que, al vernos cargados con las cámaras y el teleobjetivo, nos paró en seco para darnos la gran noticia: había un montón de puffins, ¡y algunos incluso en tierra firme!
Como os podéis imaginar, mi corazón se puso a 100 (ya hemos contando que tiendo a “sobre emocionarme” en este tipo de situaciones. Y cuando por fin llegamos… allí estaban ¡TODOS!
Como os podéis imaginar, mi corazón se puso a 100 (ya hemos contando que tiendo a “sobre emocionarme” en este tipo de situaciones. Y cuando por fin llegamos… allí estaban ¡TODOS!

Os dejamos un resumen con las mejores fotos y un pequeño vídeo de la magnífica sesión fotográfica que tuvimos. Aquí se vuelve a cumplir el refrán de que «más vale una imagen (bueno, alguna más) que mil palabras». Ahora nos callamos para que podáis disfrutar vosotros también, jejeje.




A medida que avanzaba la tarde, el cielo se fue nublando bastante y para las 18h30 el “bajón” de luz era muy importante. Se notaba que las cámaras tenían que “tirar de ISO” para mantener la luminosidad de las fotos. Seguro que los aficionados a la fotografía saben de qué hablamos.
Y hablando de aficionados a la fotografía, así somos. A pesar del viento y del frío, tirados en el suelo buscando la mejor instantánea. Eso sí, respetando a las aves con un silencio sepulcral (solo roto por el sonido de los obturadores) y siempre desde la distancia marcada.
Y hablando de aficionados a la fotografía, así somos. A pesar del viento y del frío, tirados en el suelo buscando la mejor instantánea. Eso sí, respetando a las aves con un silencio sepulcral (solo roto por el sonido de los obturadores) y siempre desde la distancia marcada.

Cuando volvíamos hacia el aparcamiento, empezamos a hablar con una pareja que también se retiraba y que habíamos visto el día anterior. La chica estaba súper emocionada porque, por fin, había podido fotografiar puffins de cerca y es que nos confesó que llevaban varios días por la zona y no habían tenido suerte hasta el día de hoy.
Antes de volver al alojamiento, pasamos por un par de tiendas de suvenires para cumplir con los compromisos familiares y de amistades. Tenemos que hacer una mención especial a Puffin Craft Shop, donde la chica que nos atendió fue súper amable y maja con nosotros. Además, mientras estuvimos allí, pudimos ver cómo ella misma elaboraba algunas de las cosas que se vendían.
Antes de volver al alojamiento, pasamos por un par de tiendas de suvenires para cumplir con los compromisos familiares y de amistades. Tenemos que hacer una mención especial a Puffin Craft Shop, donde la chica que nos atendió fue súper amable y maja con nosotros. Además, mientras estuvimos allí, pudimos ver cómo ella misma elaboraba algunas de las cosas que se vendían.

Como andábamos cortos de provisiones, antes de volver al alojamiento, pasamos por Bonavista y entramos en el supermercado Foodland para comprar la cena y el desayuno para el día siguiente $37,74 (24,18€).
Mientras cenábamos, ya en el alojamiento, empezó a llover. Pero ya daba igual: ¡habíamos tenido un día increíble!
Mientras cenábamos, ya en el alojamiento, empezó a llover. Pero ya daba igual: ¡habíamos tenido un día increíble!

*** Final del día 16 ***
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