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Ayer había sido uno de esos días que se pueden clasificar como “redondos”. Un arco natural de piedra rojiza, un faro, un sitio geológico espectacular y para cerrar el día, un zorro rojo y a buen rato sacando fotos a puffins.
Para el día de hoy no teníamos nada especial planificado. Volveríamos a Elliston a jugar con nuestros amigos los frailecillos y por lo demás, lo que se nos ocurriera. Nos llevan tamos sin prisa y desayunamos tranquilamente en el alojamiento.
Para las 9:00 h ya estábamos en el mirador de Elliston. ¡No os podéis imaginar la cantidad de puffins que había en el islote! Y para que no penséis que exageramos, os dejamos la siguiente foto. Por cierto, aunque el día había amanecido con nubes y claros, en el mirador hacía muchísimo viento, lo que provocaba que los escasos 3°C parecieran -6°C.
Para el día de hoy no teníamos nada especial planificado. Volveríamos a Elliston a jugar con nuestros amigos los frailecillos y por lo demás, lo que se nos ocurriera. Nos llevan tamos sin prisa y desayunamos tranquilamente en el alojamiento.
Para las 9:00 h ya estábamos en el mirador de Elliston. ¡No os podéis imaginar la cantidad de puffins que había en el islote! Y para que no penséis que exageramos, os dejamos la siguiente foto. Por cierto, aunque el día había amanecido con nubes y claros, en el mirador hacía muchísimo viento, lo que provocaba que los escasos 3°C parecieran -6°C.

Como “sarna con gusto no pica”, estuvimos un buen rato disfrutando de las simpáticas aves. A pesar de que sus plumas les protegen del viento del y del frío, tampoco hay que ser masoquista y si hay un lugar para resguardarse, pues bienvenido sea.


Las siguientes dos fotos nos gustan especialmente. La primera porque el puffin parece estar posando para nosotros. Además, el desenfoque que le da el teleobjetivo al fondo azul del cielo es espectacular. Y la segunda, porque como no somos buenos sacando fotos en movimiento, nos hizo ilusión conseguir una foto nítida de puffin en vuelo.


Para tener un poco de variedad en las fotos, intentamos sacar detalles como, por ejemplo, cuando se sacuden las plumas tras volver del mar o cuando se retuercen de una manera muy graciosa para rascarse zonas del cuerpo, que de otra forma no llegarían.

Según habíamos podido leer mientras preparábamos el viaje, Spillar´s Cove y el faro de Bonavista, también eran sitios donde anidaban puffins, pero recordaréis que cuando estuvimos en días anteriores, solo habíamos visto agujeros. Como no teníamos otra cosa que hacer en todo el día, nos volvimos a pasar para confirmar que eran madrigueras de puffins.
Antes de llegar al faro, hicimos una parada técnica en el pueblo y aprovechamos para comprar el hamaiketako. Unos hot chocolate y algo para untar, $12,46 (7,98€).
¡Confirmado! Los puffins habían llegado también al faro de Bonavista y había un montón, aunque no tantos como en Elliston (el islote es mucho más pequeño). La pena es que no había ninguno en tierra firme.
Antes de llegar al faro, hicimos una parada técnica en el pueblo y aprovechamos para comprar el hamaiketako. Unos hot chocolate y algo para untar, $12,46 (7,98€).
¡Confirmado! Los puffins habían llegado también al faro de Bonavista y había un montón, aunque no tantos como en Elliston (el islote es mucho más pequeño). La pena es que no había ninguno en tierra firme.


Cada vez que veníamos desde Port Rexton hacia Elliston o Bonavista, pasábamos por Port Union y como había varios carteles en la carretera anunciando el pueblo, decidimos pasarnos a ver de qué se trataba.
Port Union, situada en la península de Bonavista, es la única ciudad de Canadá fundada directamente por un sindicato. Fue fundada en 1916 bajo el liderazgo de Sir William Coaker y la Fishermen's Protective Union (FPU) con el objetivo de liberar a las familias pesqueras de la espiral de deudas del brutal sistema mercantil de la época.
Para romper el monopolio de los comerciantes de la capital, la FPU construyó en Port Union su propia sede, una red de comercios cooperativos, una imprenta, astilleros e incluso su propia planta hidroeléctrica. Port Union se convirtió en un símbolo histórico de la lucha obrera y el cooperativismo en Terranova.
Port Union, situada en la península de Bonavista, es la única ciudad de Canadá fundada directamente por un sindicato. Fue fundada en 1916 bajo el liderazgo de Sir William Coaker y la Fishermen's Protective Union (FPU) con el objetivo de liberar a las familias pesqueras de la espiral de deudas del brutal sistema mercantil de la época.
Para romper el monopolio de los comerciantes de la capital, la FPU construyó en Port Union su propia sede, una red de comercios cooperativos, una imprenta, astilleros e incluso su propia planta hidroeléctrica. Port Union se convirtió en un símbolo histórico de la lucha obrera y el cooperativismo en Terranova.


A partir de la década de 1920 y tras la Gran Depresión, las dificultades económicas globales y los cambios en la industria pesquera debilitaron la influencia política del sindicato. Coaker falleció en 1938 y la FPU fue perdiendo peso gradualmente.
A pesar de ello, el modelo de Port Union demostró el poder de la acción colectiva. Hoy en día, Port Union está protegida como Sitio Histórico Nacional. Muchas de las antiguas instalaciones del sindicato han sido restauradas y funcionan como museos sobre la historia del movimiento obrero en Terranova.
A pesar de ello, el modelo de Port Union demostró el poder de la acción colectiva. Hoy en día, Port Union está protegida como Sitio Histórico Nacional. Muchas de las antiguas instalaciones del sindicato han sido restauradas y funcionan como museos sobre la historia del movimiento obrero en Terranova.


Aunque lo que vimos nos gustó, nos fuimos de Port Union con un sabor de boca un poco agridulce: la mayoría de los edificios estaban cerrados o en plena reforma.Nos habría gustado ver más.

Entre los puffins y la visita cultural, nos entró hambre, así que volvimos a Bonavista y comimos en el Mary´s Brown, $36,20 (22,56€).

Antes de volver a Spillar´s Cove, pasamos, otra vez, por el mirador Elliston a ver si necesitaban algo nuestros “amiguitos”, jejeje


Al mirar el mapa de la zona, parecía que la carretera se acababa en el pequeño pueblo de Maberly, una pequeña comunidad costera históricamente vinculada al municipio de Elliston. Originalmente llamada Muddy Brook, pasó a llamarse Maberly a principios del siglo XX. Como pueblo no tiene mucho interés ya que, como se suele decir, “son cuatro” casas y una de ellas es la tienda Puffin Craft Shop.
Pero la curiosidad de ver hasta donde llegaba, tuvo su “RECOMPENSA” (si… en mayúsculas). Y es que tras una curva, aparecieron de entre los matorrales un zorro rojo (hembra) y una cría. ¡Nos había tocado la lotería fotográfica!
Las primeras fotos las sacamos desde el coche y es que se quedaron junto a la carretera actuando como si nos estuviéramos allí. Como cualquier cría, estuvo jugando con la madre hasta que a veces se pasaba de la raya y recibía alguna “regañina”.
Pero la curiosidad de ver hasta donde llegaba, tuvo su “RECOMPENSA” (si… en mayúsculas). Y es que tras una curva, aparecieron de entre los matorrales un zorro rojo (hembra) y una cría. ¡Nos había tocado la lotería fotográfica!
Las primeras fotos las sacamos desde el coche y es que se quedaron junto a la carretera actuando como si nos estuviéramos allí. Como cualquier cría, estuvo jugando con la madre hasta que a veces se pasaba de la raya y recibía alguna “regañina”.


Estando parados en el arcén de la carretera, vimos que se acercaba un coche en sentido contrario y le hicimos señales para que tuviera cuidado. Cuando llegó a nuestra altura y le dijimos que había una mamá zorro con una cría y resulta, que era también una fotógrafa aficionada y nos dijo que ella había visto a la madre con alguna cría más y que tras los matorrales, había una cabaña abandona y ahí tenían la madriguera.
Aunque mi primer impulso fue salir del coche e ir a investigar, mi “pepito grillo” me recordó que eran animales salvajes y que no sabíamos cómo se podían comportar ante nuestra presencia.
En esos momentos, la chica aparcó su coche y nos invitó a ir con ella. Como parecía que no era la primera vez que estaba allí, no me lo pensé dos veces. Anna, prefirió esta vez, quedarse en el coche.
Tras las presentaciones de rigor, dimos un pequeño rodeo a los matorrales y allí estaban. Como mi inglés no da para mucho, no sé si la chica era de allí o simplemente estaba de paso como yo, pero lo que si le entendí es que había venido varias veces y en una de las ocasiones, había visto hasta cuatro crías.
Aunque mi primer impulso fue salir del coche e ir a investigar, mi “pepito grillo” me recordó que eran animales salvajes y que no sabíamos cómo se podían comportar ante nuestra presencia.
En esos momentos, la chica aparcó su coche y nos invitó a ir con ella. Como parecía que no era la primera vez que estaba allí, no me lo pensé dos veces. Anna, prefirió esta vez, quedarse en el coche.
Tras las presentaciones de rigor, dimos un pequeño rodeo a los matorrales y allí estaban. Como mi inglés no da para mucho, no sé si la chica era de allí o simplemente estaba de paso como yo, pero lo que si le entendí es que había venido varias veces y en una de las ocasiones, había visto hasta cuatro crías.

Una vez pasada la desconfianza inicial, nos sorprendió ver como la madre dejaba a la cría con nosotros y se marchaba tranquilamente (suponemos que a buscar comida). El rato que estuvimos sacando fotos, la cría no paró quieta y hasta pudimos ver como ponía en práctica lo que, seguramente, había visto hacer a su madre para cazar.

Cuando se cansó de nosotros, volvió a los matorrales y lo perdimos de vista. Tengo que reconocer que, a falta de ballenas, ver de tan cerca a una cría de zorro rojo, ha sido una de las experiencias más increíbles del viaje.
Y siguiendo con el plan que teníamos previsto, nos acercamos a Spillar´s Cove para confirmar lo que ya habíamos visto en Bonavista, que los agujeros que habíamos visto en los islotes cercanos a tierra firme, eran en realidad madrigueras de puffins.
Y siguiendo con el plan que teníamos previsto, nos acercamos a Spillar´s Cove para confirmar lo que ya habíamos visto en Bonavista, que los agujeros que habíamos visto en los islotes cercanos a tierra firme, eran en realidad madrigueras de puffins.

¡Efectivamente, allí estaban! Eso sí, había muchos menos que en Bonavista o que en Elliston, pero eso no quitó para que pasáramos un buen rato con ellos.



Como era nuestro último día en la península de Bonavista, habría sido de mala educación irse sin despedirse de nuestros simpáticos amigos, ¿no? Antes, hicimos una parada técnica para meter algo caliente en el cuerpo, ya que, a pesar de haber hecho un día bastante bueno, la temperatura no había subido de los 6 °C y el viento seguía siendo helador.
Lo que nos sorprendió al llegar al mirador es que, a pesar de haber muy mala mar (se puede ver en la fotografía), la mayoría de los puffins (incluidos los del islote) estaban en el mar. Afortunadamente para nosotros, media docena de ellos estaban en tierra firme y nos pudimos despedir de ellos como es debido, jejeje
Lo que nos sorprendió al llegar al mirador es que, a pesar de haber muy mala mar (se puede ver en la fotografía), la mayoría de los puffins (incluidos los del islote) estaban en el mar. Afortunadamente para nosotros, media docena de ellos estaban en tierra firme y nos pudimos despedir de ellos como es debido, jejeje



Cuando vimos esta fotografía por la noche en el alojamiento nos gustó mucho por varias razones: está increíblemente nítida, el fondo (gracias al teleobjetivo) está perfectamente desenfocado, la pose del puffin mola mucho, pero lo que más nos llamó la atención es que pillamos a nuestro amigo con el párpado cerrado.

Antes de irnos de Elliston, volvimos a pasar por la tienda Puffin Craft Shop para comprar alguna cosilla que se nos había quedado pendiente. Además, nos despedimos de la chica que tan bien nos había atendido durante nuestras visitas.
Durante el trayecto de regreso al alojamiento, reconozco que no debí de ser muy buena compañía para Anna. Y es que, aunque todavía nos quedaban unos días en St. John's, la capital, “mi ansiado viaje a Terranova” estaba llegando a su fin. Hay que ser realistas: habiendo estado ya dos veces, la posibilidad de regresar una tercera es bastante remota.
Durante el trayecto de regreso al alojamiento, reconozco que no debí de ser muy buena compañía para Anna. Y es que, aunque todavía nos quedaban unos días en St. John's, la capital, “mi ansiado viaje a Terranova” estaba llegando a su fin. Hay que ser realistas: habiendo estado ya dos veces, la posibilidad de regresar una tercera es bastante remota.

*** Final del día 17 ***
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