Esta excursión es una de las que dejamos para hacer por agencia, porque teníamos el capricho del 4x4. En principio la íbamos a contratar en Playa del Carmen, pero como ya he contado anteriormente, nos liamos un poco y al final, comparando precios y servicios, acabamos contratando en Best Day, la agencia que hay ahora en el Palladium. Nos salió por 1.430 pesos por persona, con la comida incluida.
Nos recogieron en el lobby del Riviera a las 7:45 (muy puntuales, llegaron incluso un poco antes de la hora) y fuimos en van hasta Tulum. Allí tienen el “parking” de 4x4 y nos esperaba nuestro guía Isaías. Nos explicaron en que iba a consistir la excursión y nos dividimos de cuatro en cuatro en cada coche (máximo 5 si había algún grupo de 3). Nosotros fuimos con una pareja muy simpática, Óscar y Rocío, que cómo Óscar ya había conducido antes ese tipo de coches, lo llevó a la ida.
Todos los jeeps eran cerrados, por lo que no tuve que utilizar los pañuelos que me había llevado por si acaso para no tragar polvo. La verdad es que impresiona un poco, porque son automáticos y realmente potentes (no me hagáis mucho caso, pero creo que eran 3.800cc), así que si no lo has llevado nunca, cuesta un pelín acostumbrarse. Por la carretera normal no hay problema, pero cuando coges la carreterucha de tierra llena de baches de la parte final hasta Punta Allen, pues tiene su historia. La verdad es que nos lo pasamos muy bien. Esa parte de aventura, si vas con cuidado, es muy divertida. Te dicen que no pasarás de 40 km/h, pero nosotros, con el guía delante, fuimos bastante rato a 60 e incluso momentos hasta 80, pero la verdad, no me pareció peligroso. El camino entero será como de 1 hora y media, con parada en un puente a mitad de camino para tomar un refresco y sacar unas fotos de las vistas.
Estos son los jeeps en el puente y el camino:


Cuando llegamos al pueblo de Punta Allen te dan un pequeño aperitivo (cuidado con la salsa, que es extra-picante
En Punta Allen:


Un cartel informativo muy creativo:


En el embarcadero nos dividimos en las barcas, 6 u 8 personas. Nosotros tuvimos suerte y nos toco una con toldo. Haced lo posible para que os toque una con toldo, porque el paseo es bastante rato y sin toldo y con el solazo cómo que es menos agradable…
Este es nuestro capitán Antonio:


Las barcas:


Primero fuimos a ver si encontrábamos tortugas y delfines. Están en libertad, y por lo tanto no es seguro que se encuentren. Eso sí, los guías saben bien dónde buscar y se van avisando unos a otros, así que conseguimos ver una tortuga y un grupito de delfines. No hay que acercarse mucho, porque los animales se estresan, sobre todo las tortugas, y podemos hacerles daño solo con estar por allí molestando demasiado. Así que les vimos, echamos una fotillo y nos fuimos en seguida.
Tortuga y delfín:


Luego todas las barcas se fueron a hacer snorkel a la barrera de coral, pero como en nuestra barca estaba el fotógrafo “oficial”, la nuestra hizo el recorrido al revés, nos fuimos primero a darnos un baño a lo que llaman las “piscinas naturales”. Fue genial porque eso hizo que estuviéramos totalmente solos, tanto en las piscinas como para el snorkel.
Lo que llaman piscinas es una zona muy tranquila de aguas cristalinas que cubre menos de la cintura, dónde atraca la barca y deja que te bañes tranquilamente. El fotógrafo que os comentaba aprovecha para hacer unas fotos tipo “luna de miel” a las parejas que luego vende no demasiado caras junto a un reportaje de todo el día, pero nosotros llevábamos nuestra cámara acuática digital que aprovechamos bien para ese sitio tan paradisíaco.
Las piscinas naturales:


Después una media horita de snorkel en la barrera de coral, con cuidado de no tocar nada. Nunca había visto tantos corales diferentes, muy curioso el coral cerebro:

A la vuelta al pueblo, comimos un buffet de ensaladas, pescado fresco y pollo, todo muy bueno. De beber incluía agua y refrescos, aunque yo compre agua de coco, de un coco que te abren allí mismo. Es este caso no te ofrecen langosta con suplemento, como sabía que hacían en otras agencias. Dejamos la langosta para otro día.
A la vuelta me atreví yo a coger el 4x4 y de verdad que no es muy difícil. En asfalto era realmente fácil y en la zona de baches lo que tienes que hacer es tener siempre cogido bien fuerte el volante para que no se te vaya el coche con los botes. De lo que no nos libramos fue de unas buenas agujetas en la rabadilla al día siguiente… ¿no queríamos aventura?