Bazar Kan el-Khalili
Después de un rato en el coche llegamos a las proximidades de la plaza Midan el-Husayn. Las terrazas de espléndidos cafés ocupan un lado de la plaza y una mezquita alza su altísimo minarete justo a la entrada del bazar. En la parte opuesta se ven las torres de la mezquita El-Azhar. Tuvimos tan solo una hora gastar los últimos euros en este animado bazar que data de 1292. Ya no se venden los productos de la artesanía local, sino los objetos destinados al consumo del turismo masivo.

El guía fue a hablar con la policía y nos asignaron un poli de paisano para poder ir seguros en nuestra visita al bazar. Parecía una buena idea al principio, pero lo que hizo el poli bueno fue guiarnos por las tiendas de sus amigos y alejarnos de otras donde los vendedores nos miraban recelosos. El otro inconveniente es que tuvimos que ir todos en grupo y no pudimos perdernos por el bazar y ver todo lo impresionante que es.

Los orígenes del zoco se remontan a 1382, cuando el emir Dyaharks el-Jalili construyó un gran caravasar (o jan). Un caravasar era una posada para comerciantes, con estancias para sus animales y cargamentos y, a veces, el punto de referencia para la actividad económica en las zonas ubicadas en sus alrededores. Este caravasar todavía existe, entre la angosta calle de Sikka Jan el-Jalili y Badestan.
El mercado es digno de verse y existen algunos puntos de interés especial. El más popular entre los visitantes es el café de Fishawi lleva abierto en forma continua día y noche por más de 200 años. Su interior acogedor, aunque un poco claustrofóbico, está decorado con espejos por todos lados. Ya que en esta ocasión no pudimos ir lo intentaremos en la próxima
Como siempre nos llamaron la atención muchas cosas , como este vendedor de hielo picandolo en plena calle.

Era una de las visitas que mas prometía , incluso ideal para hacer por libre, pero al final nos fuimos bastante disgustados pues no la pudimos disfrutar hablando con la gente, regateando, comprando detalles, viendo cosas, sacando fotos.... ni siquiera llegamos a ver ninguna de las famosas teterías del bazar. Ya no se venden los productos de la artesanía local, sino los objetos destinados al consumo del turismo masivo y solo quedan unos pocos negocios con talleres propios de dimensiones reducidas.
En el bazar compramos una cajita de nácar que aunque es bastante común en todos lados nos gusto bastante (y gracias a nuestra manager de regateo conseguimos un buen precio , 20 libras).También nos gustaron mucho las lámparas y alguna que otra cosa de cuero , pero ya teníamos las maletas llenas para la vuelta.

Una vez acabada la mini visita nos dirigimos de nuevo a la entrada del recinto, para subir en el bus e irnos de nuevo para el hotel, donde descansamos un rato , bajamos a cenar al polo sur y subimos rápidamente para cama a descansar , al día siguiente tocaba madrugón para volver a casa.