Hoy, junto a los dos días que le siguen en el calendario son los días más raros y/o estúpidos que tenemos agendados. La razón es que la última semana antes de iniciar esta aventura me dí cuenta que el billete Cracovia-Riga, no lo tenía comprado. La razón es que cuando lo miré en su día, no conseguí una combinación que no implicará menos de 5 cambios de trenes en el medio de la noche y lo dejé para más adelante.
¡OMG! cuando vi mi gran agujero negro en la planificación me vino el mayor de los horrores. Volví a buscar y efectivamente no hay combinación plausible entre ambas ciudades. La solución menos dolorosa ha sido ir en tren hasta Cracovia. Pasar allí medio día y coger por la noche un autobús nocturno que después de un cambio en Vilnius, nos deja en Riga a la hora del mediodía.
Esto recorta también a poco más de medio día nuestra estancia en Riga, pero por lo que he visto podemos ver los más importante del casco histórico en tan solo unas horas.
Así pues el día empieza con un tren hacia Varsovia. Un tren de lo más incómodo. Los compartimentos son para 8 personas y aunque damos gracias a Dios de esta estatura media que nos ha proporcionado, vemos que los Polacos que son mucho más altos/as que nosotras, lo pasan aún peor con las estrecheces del tren. La suerte es que he cogido un tren rápido que en sólo 4 horas recorrerá los casi 300 kilómetros que separan las dos ciudades.
Nada más salir de nuestra pequeña cárcel dejamos las maletas en la consigna de la estación. La estación de autobuses sabemos que está al lado, pero queremos localizar antes de nada el punto exacto de salida de nuestro autobús. Salimos a las 23h y no nos apetece por entonces ir perdidas.
Preguntamos unas 5 veces el punto exacto. Cada persona que nos responde nos manda por un camino diferente. Al final resulta que estaba a solo 2 minutos de dónde hemos dejado las maletas, pero aún así las falsas pistas nos han mareado por al menos una hora.
Ahora que ya tenemos la información básica, vamos a llenar el buche. Es Sábado y está todo a reventar, sobretodo el centro comercial de la estación. Elegimos un japonés en el que, aparte de comer, aprovechamos para situarnos respecto al casco histórico. Mi hermano, que ha de desplazarse a menudo a esta ciudad por trabajo, nos ha aconsejado bajar a verlo.
El Palacio de Cultura y Ciencia domina la ciudad desde dónde estamos. Es el edificio más alto de toda Polonia y el octavo de Europa.
Conseguimos andar hasta el centro de Varsovia. Hace muchísimo frío, pero es sábado y la calle está repleta de gente que nos guían con su peregrinación hacía el casco histórico. Deambulamos por sus calles adoquinadas y entramos en varías iglesias que nos encontramos en nuestro camino. La desgracia hace que nos encontremos con bodas hasta en tres de ellas, con lo que las visitas del interior son cortas y/o inexistentes. Aún así pasamos por la Iglesia de la Santa Cruz, cuyo Cristo cargando la cruz destaca a la puerta de la misma.
La Iglesia de los visitandines, dónde Chopin tocaba sus piezas, también se encuentra en nuestro recorrido. Seguimos hacia la Iglesia de las Carmelitas ( o de la Asunción de la Virgen María) y posteriormente a la Plaza de la ciudad vieja, con el castillo real a un lado y la estatua del Rey Segismundo III Vasa, actual punto de encuentro de la ciudad. Este Rey fue quien trasladó la capital política de Cracovia a Varsovia. La espada que sostiene en su mano derecha es símbolo de su valor, y la cruz en la mano izquierda; de su constante disposición a luchar contra el mal. Según la leyenda, si cayese hacia abajo la espada del rey, sería éste un presagio de que a la ciudad se acerca algún desastre. Durante la II guerra mundial el monumento se desplomó y su quebrantada columna fue colocada en el interior del Castillo Real.
Entramos en la Catedral de San Juan Bautista. Es de construcción sencilla pero es muy bonita. A veces no es necesario recargar para ganar belleza.
Finalmente, acabamos nuestro paseo en la Plaza de la Sirena. La Sirena, que según la leyenda Polaca, da nombre a la ciudad: Sawa.
Leyenda Polaca:
Hace ya más de mil años, que por las frías aguas del Báltico, dos sirenas hermanas, de naturaleza curiosa, decidieron vivir una aventura: ambas nadarían hasta llegar al territorio de los humanos, y después de esa experiencia, regresarían juntas con los suyos, a no ser que…?
Una de las hermanas decidió navegar, hasta llegar a las costas de Dinamarca, y allí, hoy la podemos ver sentada en una roca a la entrada de Copenhage. La Otra, llegó a Gdansk, pequeña ciudad polaca donde el rio Vístula desemboca, y su curiosidad infinita, la hizo navegar rio arriba.
Cuentan los más sabios, que la Sirenita salió a descansar a la arena que en un recodo del rio se deposita a orillas de lo que sería una gran ciudad y tan sólo era una aldea sin nombre.
Tanto la gustó ese lugar, que decidió quedarse allí a vivir.
Los pescadores que vivían aquí, al ver que alguien durante su pesca agitaba las aguas y creaba olas en el Vistula, embrollaba las redes y liberaba los peces; decidieron capturar tan dañino ser, y terminar para siempre con el problema.
Pero al oir sus bellísimos cantos, dejaron sus planes y todos y cada uno se enamoraron de la Sirenita SAWA
Ella en agradecimiento todas las tardes cantaba a la puesta del sol
Un día un ambicioso mercader, paseando por el Vístula vió a la Sirenita, y decidió capturarla y encarcelarla para presentarla en los mercados y ganar una fortuna con tan extraño ser: mitad mujer, mitad pescado. Y así lo hizo.
Los llantos de la sirena encarcelada, fueron escuchados por un pescador humilde, fuerte y hermoso y valiente: WARS . La vió y ambos se enamoraron
Una noche ayudado por otros compañeros, rescataron a Sirenita de su celda , y la liberaron a las aguas del Vístula.
La Sirena en prueba de gratitud, les prometió que siempre que fuera necesario, ella les defendería con su espada.
Nota: WARS+SAWA= WARSAWA que es Varsovia en Polaco
Estamos ya cansadas. No sabemos si es por el frío o qué. Así que desandamos los pasos hacía la estación del tren. Buscamos un sitio donde apoltronarnos (palabra a la altura de pulular) hasta tarde. Después de varios intentos en el centro comercial, acabamos en la franquicia de alquiler de espacio, más barato del mundo: el Starbucks. Cierran a las 23h y hemos localizado un local muy cerquita de dónde tenemos las maletas y por ende de nuestro punto de partida.
Yo necesito un té calentito, puesto que mi resfríado ha ido a más con las bajas temperaturas de la capital. Aprovechamos para gastar todo nuestro efectivo en comida para el viaje.
Poco antes de la hora prevista vamos a nuestro andén. Ya tenemos a parte de nuestros compañeros de viaje esperando, así que nos da la confianza de no habernos equivocado. Viene antes de la hora prevista y sale antes de la hora prevista, una manía que he podido apreciar en varios de los países que he visitado.
Me pongo mi música relajante y vamos a ver cuánto rato consigo dormir.