El tren ha hecho su llegada a la estación de Senzhen con un retraso de poco más de una hora. Es el primer tren que no ha sido puntual en todo este largo viaje. Es sorprendente que nos pase, precisamente, en el último de todos.
Senzhen es una ciudad china. Se trata de la última antes de cruzar la frontera al territorio especial de Hong Kong. Si se está en territorio Chino sale muchísimo más barato volar o usar otro medio para ir allí, cruzar la frontera a pié, para luego coger el metro hasta el centro de Hong Kong.
Es curioso, porque cuando empecé a mirar los trenes de Guilin a Hong Kong, me enviaban de vuelta a Beijing para coger un tren de alta velocidad. La mayoría de trenes que hacen este recorrido son de alta velocidad. Los lentos suelen quedarse en Senzhen. Lo mismo pasa con los aviones, las compañías de low cost tienen su sede en la ciudad china, no en HK. Tenedlo en cuenta si los que me leéis tenéis pensado viajar a esta gran urbe desde otra ciudad del mainland.
Ir a Hong Kong, significa consiguientemente salir finalmente de China. Antes de pasar la frontera, nosotras queremos tener buena cara y por si las flies el trayecto nos durara mucho más de lo realmente necesario, vamos a desayunar como unas campeonas. A estas alturas, los que me hayáis leído durante todo el viaje, habréis observado que me encanta la hora del desayuno. Así pues aunque sea, según el reloj, casi más una comida que un desayuno, me permitiréis que llame a lo que hacemos “desayuno” porque, seamos serios, aquellos bollos que me he comido en el tren, no pueden llamarse como tal, y más me apetece perder en mi vida una comida, que no un desayuno.
La estación de tren conecta con el centro comercial Lo Wu Shopping Plaza, así que también iremos a investigar un poco para ver qué es lo que allí se vende. Senzhen es un paraíso de la compras. Hasta aquí se desplazan muchos habitantes de HK para cargar con algunas falsificaciones a buen precio. Nosotras sólo miramos porque tampoco nada nos llama la atención. En esta ciudad están también localizadas muchas fabricas de producción. De hecho, nació como ciudad meramente industrial, por su atractiva localización de proximidad con el puerto de Hong Kong. Poco a poco, fue atrayendo a mucha población con el reclamo de encontrar un empleo y así fue como al final se ha convertido en una ciudad de más de diez millones de habitantes. A modo de curiosidad, aquí es dónde se encuentra la fábrica de Apple para los famosos iPhone.
El paso por ambas fronteras es algo lento. La verdad es que el personal es bastante ágil, pero las colas que se forman son bastante grandes. Y eso que hay casi dos plantas de un edificio que separa ordenadamente a los viajeros según su procedencia…!
Cambiamos los pocos yuanes que nos quedan en moneda dólar hongkonés para afrontar al menos el ticket de metro. El metro es cómodo y nos lleva con un sólo cambio de línea a nuestro lugar de hospedaje en plena calle Nathan.
A la salida del metro, mientras intentaba orientarme con el mapa, una señora se ha acercado a ayudarnos desinteresadamente y nos ha acabado guiando hasta la mismísima puerta de las Chungking Mansions . Allí viven más de 4000 personas y nuestro hostal se encuentra en la quinta planta del edificio. Los bajos son un caos: allí se mezclan turistas en la búsqueda de suvenires o trajes a medida, con obreros que suben material a alguna de las casas, con taxistas en busca de clientes, casas de cambio y tenderetes diversos.
Nada más salir del ascensor, nos encontramos con Peter el dueño del hostal. Ayer le recordé nuestra visita, sobretodo porque cuando hice la reserva la hice para los mismos días del mes de mayo y tuve que rectificarla. Enseguida me recuerda el error que cometí con una gran sonrisa.
Al entrar agradecemos enormemente el aire acondicionado que nos proporciona nuestra habitación. El clima de Hong Kong es tremendamente húmedo y las horas de viaje tampoco han ayudado a nuestro bienestar corporal, así que una buena ducha no nos va a venir nada mal. Descansamos un par de horas mientras nos organizamos en la ciudad.
Salimos después por Nathan Road y sus alrededores. M flipa en colores con las lucecitas y las grandes tiendas de lujo. Le encanta la ciudad, para mi sorpresa, puesto que suele odiar los sitios muy concurridos. No sé si las continuas lucecitas en los escaparates la han sumido en un trance hipnótico del que me costará hacerla salir. Todo esto es muy , pero que muy extraño
Andamos hasta el puerto Victoria para disfrutar del espectáculo de luces que empieza a las 20h. Nos toca esperar casi más de una hora, pero como hemos conseguido sentarnos en un banco del paseo no nos importa ni un ápice. Multitud de turistas esperan con nosotras la llegada de la noche y del espectáculo. Continuamente barcos y ferris rompen la calma de las aguas. El centro financiero al otro lado, en la isla, se presenta imponente. Las vistas son especialmente bellas y aunque el iluminado de los contornos de los edificios rompe con mis cánones del buen gusto, he de reconocer que Hong Kong no sería Hong Kong si no tuviera esas lucecitas en su skyline.
El espectáculo de luces y sonido parece sacado de una película de ciencia ficción. Láseres de color verde y amarillo salen de las azoteas de los edificios más emblemáticos al compas de la música, que no es más que un continuo bucle de ritmos.
Ya que estamos en el paseo marítimo y ha caído la noche, paseamos por la zona, llena a rebosar de gente. Decir que Hong Kong es una ciudad llena de lujo es decir poco. Las joyerías abundan y yo me pregunto cómo con tantísima competencia entre los comercios son capaces de mantener a plantillas de personal tan amplias como las que tienen.
Pese a que llegamos bien entrada la noche al hostal, intentamos ver una película. Hace muchísimos días que no nos hemos dado el gustazo. No tenemos demasiado éxito porque no somos capaces, ninguna de las dos, de mantener la concentración. M quiere leer y yo sé que debo subir alguna entrada. Estamos cansadas y tenemos sueños. Así que al final hacemos un poco de todo y un mucho de nada. ¡Bona nit!