Lunes 7/10
Una vez en tierra firme, nos dirigimos a la zona de control de pasaportes. Previamente, antes de aterrizar, te entregan un impreso del departamento de inmigración de Nueva Zelanda, que tienes que rellenar con tus datos personales, datos del vuelo, motivo de la visita, si llevas alimentos, material de senderismo, pesca, buceo, acampada. El gobierno neozelandés es muy receloso ante la entrada de algún producto que pudiera alterar su ecosistema.
Teníamos que recoger la autocaravana antes de las cuatro y media, ya que a esa hora cerraban las oficinas de United (empresa con la que contratamos la campervan que es como llaman en NZ a las autocaravanas). Una vez recogimos las maletas, paramos a cambiar euros por dólares neozelandeses y llegamos al primer control. No sé si fue coincidencia de la llegada de varios vuelos o, por el contrario siempre es así, pero aquello estaba a tope. Pasaban los minutos y avanzábamos muy lentamente. Hasta dudé si, a ese ritmo, llegaríamos a tiempo de recoger la campervan. Estuvimos haciendo cola como media hora para llegar al mostrador, que te hicieran las preguntas típicas (motivo de la visita, mostrar algún documento donde aparezca la fecha de salida del país) y te sellaran el pasaporte. Una vez pasado el primer control, otra vez a caminar hasta un segundo control. Nuevamente, una cola tremenda. No quedaba otra, había que tener paciencia. En esta ocasión, llegas a otro mostrador, enseñas el pasaporte y te preguntan si traes algo para declarar. Le contestamos que sí, que llevábamos botas de montaña, así que nos llevó hasta otro señor que nos pidió que le mostráramos el calzado de montaña para comprobar que no traíamos barro o suciedad del exterior. Como quiera que en los foros ya sabíamos de estos controles, pues ya traíamos las botas limpísimas. Tras esto, nos pasó a otra zona donde teníamos que pasar las maletas por una cinta-escáner hasta que, por fin, ya estábamos en la salida de la terminal. Qué alivio. Creo que estaríamos como una hora, más o menos, para pasar estos controles. Una vez en el exterior, esperamos a que personal de la empresa de campervans nos recogieran y nos trasladaran hasta las oficinas, que estaban a unos diez minutos del aeropuerto. Tras realizar los papeleos pertinentes, un chico se dispuso a explicarnos cómo funcionaba todo. No sé si es porque tenía que haber salido ya de trabajar o es que siempre lo hacen así pero la verdad es que, en cinco minutos, nos explicó lo básico de la campervan (depósitos de aguas grises, negras, luces, convertir salón en dormitorio...). Vamos, nos dio un cursillo intensivo, y hablándonos como si nosotros tuviéramos un nivel de inglés avanzado. A veces se me quedaba mirando, como pensando: "no se está enterando de nada"...pero yo asentía a todas sus explicaciones. En fin, gracias a los gestos que hacía y lo poco que le entendimos, salimos airosos y nos pusimos en marcha hacia un supermercado de la cadena “Countdown” que estaba cerca del aeropuerto para llenar la despensa. Nunca había conducido un vehículo de siete metros de largo, y menos aún por el carril izquierdo, pero, es cierto cuando dice que te adaptas rapidísimo. Aunque he de reconocer que, el primer día camino del camping, al doblar en algunas calles, me subí como tres veces en la acera con la rueda de atrás. Y al ver los coches venir por mi lado, la tendencia era irme hacia la izquierda, por lo que mi mujer iba toda tensa avisándome: “Cari, que te subes a la acera, no te pegues tanto; Cari te estás metiendo en el carril bici...". Pero al segundo día, pareces que llevas conduciendo por la izquierda toda tu vida. Llegamos al camping Takapuna Beach Holiday Park, en Devonport, a las afueras de Auckland. Allí alquilamos una parcela con electricidad (powered site). Estábamos pegados al mar con vistas a la isla de Rangitoto. Allí íbamos a pasar una noche, que finalmente fueron dos por un cambio de planes que explicaré en mi siguiente etapa. Al llegar, dimos un breve paseo por la zona, nos dimos una ducha y a dormir que ya notábamos los efectos del jet lag. Estábamos derrotados.
Teníamos que recoger la autocaravana antes de las cuatro y media, ya que a esa hora cerraban las oficinas de United (empresa con la que contratamos la campervan que es como llaman en NZ a las autocaravanas). Una vez recogimos las maletas, paramos a cambiar euros por dólares neozelandeses y llegamos al primer control. No sé si fue coincidencia de la llegada de varios vuelos o, por el contrario siempre es así, pero aquello estaba a tope. Pasaban los minutos y avanzábamos muy lentamente. Hasta dudé si, a ese ritmo, llegaríamos a tiempo de recoger la campervan. Estuvimos haciendo cola como media hora para llegar al mostrador, que te hicieran las preguntas típicas (motivo de la visita, mostrar algún documento donde aparezca la fecha de salida del país) y te sellaran el pasaporte. Una vez pasado el primer control, otra vez a caminar hasta un segundo control. Nuevamente, una cola tremenda. No quedaba otra, había que tener paciencia. En esta ocasión, llegas a otro mostrador, enseñas el pasaporte y te preguntan si traes algo para declarar. Le contestamos que sí, que llevábamos botas de montaña, así que nos llevó hasta otro señor que nos pidió que le mostráramos el calzado de montaña para comprobar que no traíamos barro o suciedad del exterior. Como quiera que en los foros ya sabíamos de estos controles, pues ya traíamos las botas limpísimas. Tras esto, nos pasó a otra zona donde teníamos que pasar las maletas por una cinta-escáner hasta que, por fin, ya estábamos en la salida de la terminal. Qué alivio. Creo que estaríamos como una hora, más o menos, para pasar estos controles. Una vez en el exterior, esperamos a que personal de la empresa de campervans nos recogieran y nos trasladaran hasta las oficinas, que estaban a unos diez minutos del aeropuerto. Tras realizar los papeleos pertinentes, un chico se dispuso a explicarnos cómo funcionaba todo. No sé si es porque tenía que haber salido ya de trabajar o es que siempre lo hacen así pero la verdad es que, en cinco minutos, nos explicó lo básico de la campervan (depósitos de aguas grises, negras, luces, convertir salón en dormitorio...). Vamos, nos dio un cursillo intensivo, y hablándonos como si nosotros tuviéramos un nivel de inglés avanzado. A veces se me quedaba mirando, como pensando: "no se está enterando de nada"...pero yo asentía a todas sus explicaciones. En fin, gracias a los gestos que hacía y lo poco que le entendimos, salimos airosos y nos pusimos en marcha hacia un supermercado de la cadena “Countdown” que estaba cerca del aeropuerto para llenar la despensa. Nunca había conducido un vehículo de siete metros de largo, y menos aún por el carril izquierdo, pero, es cierto cuando dice que te adaptas rapidísimo. Aunque he de reconocer que, el primer día camino del camping, al doblar en algunas calles, me subí como tres veces en la acera con la rueda de atrás. Y al ver los coches venir por mi lado, la tendencia era irme hacia la izquierda, por lo que mi mujer iba toda tensa avisándome: “Cari, que te subes a la acera, no te pegues tanto; Cari te estás metiendo en el carril bici...". Pero al segundo día, pareces que llevas conduciendo por la izquierda toda tu vida. Llegamos al camping Takapuna Beach Holiday Park, en Devonport, a las afueras de Auckland. Allí alquilamos una parcela con electricidad (powered site). Estábamos pegados al mar con vistas a la isla de Rangitoto. Allí íbamos a pasar una noche, que finalmente fueron dos por un cambio de planes que explicaré en mi siguiente etapa. Al llegar, dimos un breve paseo por la zona, nos dimos una ducha y a dormir que ya notábamos los efectos del jet lag. Estábamos derrotados.