Nos levantamos pronto para iniciar las visitas a la ciudad, así que a las ocho y media estamos desayunando y en seguida nos vamos dando un paseo para poder ver los máximos sitios posibles. Hoy ya no llueve y hace un tiempo fantástico para recorrer la ciudad puesto que no hace demasiado calor. Este primer día estamos sólo dos familias, ya que la tercera llegará esta noche a la misma hora que llegamos nosotros y se incorporará al viaje.
Como hoy es lunes y Santa Sofía está cerrado, nos dirigimos a la cisterna que a esta hora está prácticamente vacía ya que acaba de abrir sus puertas, así que en poco más de media hora ya estamos listos para seguir disfrutando de los monumentos.
Vamos a visitar la Mezquita Azul, que a estas horas ya tiene cola, aunque va bastante rápido. A pesar de que nos ponemos pañuelos en la cabeza, como es verano y la ropa no tapa lo suficiente nos dan unos paños azules para taparnos los brazos y las piernas y una vez dentro disfrutamos de la belleza de sus azulejos y de su arquitectura. Tengo que decir que a pesar de que es una mezquita impresionante, para mi gusto no es de las más bonitas ya que Estambul tiene algunas joyas menos conocidas que a mí personalmente me impresionan más, pero es cuestión de gustos. Nuestros amigos empiezan a alucinar con todo lo que ven, especialmente su hija de 16 años, a la que todo lo que ve le encanta y disfrutará de este viaje más que ninguno de nosotros.
Tras hacer la visita decidimos tomar un café o una cerveza y nos sentamos un ratito en un local que tenía café expreso para coger fuerzas ya que nuestra próxima visita sabemos que será agotadora: el Gran Bazar.
Con las fuerzas repuestas, nos introducimos en este laberinto de calles, colores, comerciantes y turistas que es el Gran Bazar y empezamos a hacer las primeras compras con sus regateos. Me ha sorprendido que esta vez hemos comprobado que era más difícil regatear y en varias ocasiones nos fuimos sin comprar porque no llegamos a un acuerdo en el precio, cosa que antes era impensable ya que en general una vez que preguntas el precio siempre te ibas con la compra, pero esta vez hemos visto hasta cierta desidia por su parte.
Pero a pesar de eso, es imposible ir al Gran Bazar y no comprar, así que cargados con nuestras bolsas y ya cansados, nos vamos a comer a nuestro restaurante favorito en Estambul: el Tria Elegance. La última vez comimos allí en dos ocasiones y nos encantó, así que esta vez decidimos volver y fue una de las mejores comidas del viaje. Comimos varias entradas, platos de pescado buenísimos todos, algún postre, cervezas, cafés y nos invitaron a te turco y pagamos unos 95 € los siete.
Tras la comida nos fuimos a visitar la pequeña Santa Sofía, antigua iglesia bizantina de San Sergio y San Baco, que para mí es de las más bonitas de Estambul aunque también es de las más sencillas.
Desde aquí nos vamos a visitar la otra pequeña joya: la pequeña mezquita Sokullu Mehmet Pasa, pero cuando llegamos están llamando a la oración y apenas nos dejan unos minutos para visitarla. Esta mezquita es de una belleza que me emociona; además tiene una escuela coránica alrededor de su patio y siempre hay jóvenes estudiantes por allí. En su interior tiene una pequeña piedra negra incrustada entre los azulejos que según nos contaron es de la Meca.
Con algo de pesar por no haber podido disfrutarla más, volvemos al hotel pasando por el hipódromo y los obeliscos para dejar las compras y descansar unos minutos antes de salir de nuevo a visitar una de las partes de la ciudad a las que más nos gusta ir: el Puente Gálata.
Después de una ducha y tras descansar un rato en la habitación nos echamos nuevamente a las animadas calles de la ciudad rumbo a la zona del puerto. Para nosotros es de nuestras zonas preferidas por la vida que tiene y por sus increíbles vistas de las mezquitas desde el otro lado del puente.
Damos un buen paseo hacia el mercado de pescado que hay a la izquierda del puente y vamos fichando algún restaurante de pescado fresco de los que hay allí. La verdad es que es la primera vez que estamos en Estambul en verano y el ambiente es muy diferente, ya que en invierno hace mucho frío y hay cosas que no puedes hacer, así que por primera vez nos sentamos en una terraza del Puente Gálata a tomar unas cervezas y fumar una sisha (capricho de nuestros hijos) y allí vemos el atardecer y cómo las mezquitas empiezan a iluminarse. En ese momento llaman a oración y vivimos un momento tan mágico que es difícil de repetir en ninguna otra ciudad.
Después de esta experiencia tan fantástica nos vamos a cenar unos salmonetes a la plancha fresquísimos
Volvemos a cruzar el puente para intentar ver la mezquita nueva iluminada, pero desgraciadamente está cerrada y nos quedamos con las ganas. En ese momento justo aparece la tercera familia de nuestro viaje que acababan de llegar al hotel y todavía no nos habíamos visto, así que tras charlar un rato decidimos irnos a descansar porque estamos agotados de todo el día pateando y ellos se van a dar un paseo a Sultanahmed. Nos vamos pronto a la cama para madrugar al día siguiente e intentar ver lo máximo posible hasta la hora de irnos al aeropuerto ya que por la tarde volamos a Izmir.