Tras ponernos morados en el desayuno, cogemos todos los trastos para pasar un nuevo día en el mar y nos vamos dando un paseo al barco que nos habían reservado directamente desde el hotel. El concepto de este barco es diferente al de Göçeck ya que es bastante más pequeño lo que hace que se note mucho más el movimiento, pero a pesar de eso, ninguno tuvimos problemas de mareos.
Nos ubican en una zona de colchonetas con sombra que ocupamos casi en su totalidad y al lado de las chicas acomodan a un coreano jovencito que viajaba solo. En seguida iniciamos nuestro recorrido y nos ofrecen un te. El concepto de travesía es muy parecido al del anterior barco, con varias paradas para el baño y comida a bordo, pero si el barco en sí nos gustó más el primero, las zonas de baño y los sitios que vimos quizás nos gustaron más esta vez.
Nuevamente nos tiramos como locos al agua y empezamos nuestros baños. El color que tiene es tan espectacular que estamos deseando meternos en ella.
Por fin el barco se acerca a las ruinas de Kekova por las que vamos pasando sin parar ya que no está permitido el baño. El sitio es precioso, con casas y construcciones junto al agua y otras sumergidas en ella.
En una de las paradas preparan todo para la comida. En esta ocasión consiste en un buffet de entradas frías y unas brochetas de carne que nuevamente nos sorprenden por lo riquísimas y jugosas que están. Aunque el sitio es más incómodo porque tenemos que comer en las colchonetas, también disfrutamos de la comida y en ese momento las chicas empezaron a hablar con el chaval coreano que viajaba solo, así que estuvimos bastante entretenidos.
Después de comer, nos acercamos a ver Simena, donde está la famosa fortaleza y que nos sorprendió por sus callejuelas laberínticas llenas de pequeñas tiendas pintorescas. Allí desembarcamos y nos dejaron un tiempo para recorrerla.
La mayoría de la gente subía a la fortaleza, pero con el calor que hacía, nosotros tuvimos bien claro que no íbamos a subir ni locos, así que nos fuimos callejeando en busca del famoso sarcófago que está dentro del mar. Gracias a eso descubrimos las callejuelas y los rincones tan bonitos que tiene Simena.
Por fin encontramos la tumba, y como para variar estábamos asfixiados, nos volvimos a meter al agua y nos seguimos dando baños hasta el momento de volver a irnos.
Seguimos navegando y haciendo paradas en sitios preciosos, como esta calita desierta con ruinas a la que llegamos nadando desde el barco.
A lo largo de la travesía y al subir de cada baño en el barco nos siguen ofreciendo cosas para comer, primero sandía y luego para merendar té con unas pastas muy ricas.
Terminamos la excursión y nos vamos de vuelta al hotel a repetir nuestra rutina diaria de ducha, cervecita fría en la terraza con vistas al mar y salida a cenar al pueblo. Hoy nos vamos a cenar a un restaurante de comida tradicional turca que habíamos fichado y que nos daba buena pinta, y efectivamente cenamos tan bien que repetimos al día siguiente porque nos quedaron ganas de probar algunos platos. Paseo al hotel para bajar la cena y a dormir.