La noche en el tren fue otra vez horrible. Esta vez no hubo ronquidos de nadie, pero con el tamaño de la cama y mi 1,90 de estatura, se hizo muy difícil conciliar el sueño.
A nuestra llegada a Hanói el chófer nos llevo al Hotel Medaillon. Hicimos el ritual de siempre, ducha, coger ropa limpia y desayunar. Teníamos por delante 4 horas de bus y una hora de barco hasta llegar a la Bahía de Halong.
En esta excursión coincidiríamos otra vez con Bernardo y María, así que nos pasamos las 4 horas de viaje entre risas. Vaya marcha que tienen el gaditano y la gallega, jajá.
Al llegar al puerto lo que más me sorprendió fue la cantidad de barcos que había. No es un puerto bonito, y no tiene ningún tipo de encanto, son simplemente 500 barcos fondeados en la orilla.
La distancia del puerto a la bahía es de aproximadamente 1 milla. Con un día claro debían verse de sobra los islotes, pero otra vez la dichosa bruma dificultaba la visión y hacía imposible ver nada desde lejos.
Mientras llegábamos a la bahía, nos dieron de comer en el Golden Lotus cruise. El barco está bien, la habitación es bastante grande y confortable, pero no tiene nada que ver con la foto que te muestran en su publicidad. Se ve que las hacen cuando los estrenan, porque ningún barco de la bahía era tan bonito como los que se ven en los catálogos; la mayoría incluso no lleva ni las velas izadas.
La comida en el barco fue estupenda, con mucho marisco y mucha cantidad, nos quedamos todos encantados.
Tras el atracón, el barco llego a la isla TiTop. Lo único que hay aquí es una playita con un bar y un montón de escaleras para subir al mirador.
Nos dieron una hora para hacer lo que quisiéramos. Nosotros decidimos subir hasta arriba y después pegarnos un baño en la playa. Sin duda fue una decisión muy acertada porque cuando llegamos al mirador estábamos chorreando en sudor.
A pesar de la bruma las vistas eran muy bonitas, merece mucho la pena subir. Si tenéis opción de elegir el momento de visitar la isla, hacedlo por la mañana pronto, ya que el sol dará de frente al resto de islas y las fotos quedaran mucho mas bonitas.
Bajamos las escaleras y directos al agua. La playa era de arena blanca fina y con unas vistas preciosas, pero el agua dejaba mucho que desear. De temperatura estaba estupenda, pero tenéis que tener en cuenta que por aquí circulan a diario cientos de barcos y que al haber miles de islotes, apenas hay corriente, así q el agua estaba turbia y marrón, además de tener un poco olor a gasolina.
Volvimos al barco y pusimos rumbo a la cueva Sung Sot. Fuimos el último grupo en visitarla, así que pudimos hacerlo con toda la tranquilidad del mundo.
La cueva es más espectacular por su tamaño que por lo que contiene en su interior, pero tiene varios miradores con vistas muy bonitas a una parte de la bahía.
Después de media hora al fresquito de la cueva, volvimos al Golden Lotus para llegar a la sleeping zone. Es una zona cerrada por muchas islas donde duermen la mayoría de los barcos. Aquí es donde se supone que se ven películas, se hace karaoke y se pescan calamares.
Nosotros después de cenar intentamos lo de los calamares, pero ya me habían advertido que no se pesca nada. Imaginaros todos los días 500 barcos pescando calamares, si todavía queda alguno, seria mucha casualidad que nos picara a nosotros.
Cuando nos cansamos de menear la caña, estuvimos un rato charlando con María y Bernardo en la cubierta del barco, se estaba de maravilla. Teníamos que aprovechar, ya que al día siguiente nuestros caminos se separarían.
A nuestra llegada a Hanói el chófer nos llevo al Hotel Medaillon. Hicimos el ritual de siempre, ducha, coger ropa limpia y desayunar. Teníamos por delante 4 horas de bus y una hora de barco hasta llegar a la Bahía de Halong.
En esta excursión coincidiríamos otra vez con Bernardo y María, así que nos pasamos las 4 horas de viaje entre risas. Vaya marcha que tienen el gaditano y la gallega, jajá.
Al llegar al puerto lo que más me sorprendió fue la cantidad de barcos que había. No es un puerto bonito, y no tiene ningún tipo de encanto, son simplemente 500 barcos fondeados en la orilla.
La distancia del puerto a la bahía es de aproximadamente 1 milla. Con un día claro debían verse de sobra los islotes, pero otra vez la dichosa bruma dificultaba la visión y hacía imposible ver nada desde lejos.
Mientras llegábamos a la bahía, nos dieron de comer en el Golden Lotus cruise. El barco está bien, la habitación es bastante grande y confortable, pero no tiene nada que ver con la foto que te muestran en su publicidad. Se ve que las hacen cuando los estrenan, porque ningún barco de la bahía era tan bonito como los que se ven en los catálogos; la mayoría incluso no lleva ni las velas izadas.
La comida en el barco fue estupenda, con mucho marisco y mucha cantidad, nos quedamos todos encantados.
Tras el atracón, el barco llego a la isla TiTop. Lo único que hay aquí es una playita con un bar y un montón de escaleras para subir al mirador.
Nos dieron una hora para hacer lo que quisiéramos. Nosotros decidimos subir hasta arriba y después pegarnos un baño en la playa. Sin duda fue una decisión muy acertada porque cuando llegamos al mirador estábamos chorreando en sudor.

A pesar de la bruma las vistas eran muy bonitas, merece mucho la pena subir. Si tenéis opción de elegir el momento de visitar la isla, hacedlo por la mañana pronto, ya que el sol dará de frente al resto de islas y las fotos quedaran mucho mas bonitas.

Bajamos las escaleras y directos al agua. La playa era de arena blanca fina y con unas vistas preciosas, pero el agua dejaba mucho que desear. De temperatura estaba estupenda, pero tenéis que tener en cuenta que por aquí circulan a diario cientos de barcos y que al haber miles de islotes, apenas hay corriente, así q el agua estaba turbia y marrón, además de tener un poco olor a gasolina.

Volvimos al barco y pusimos rumbo a la cueva Sung Sot. Fuimos el último grupo en visitarla, así que pudimos hacerlo con toda la tranquilidad del mundo.

La cueva es más espectacular por su tamaño que por lo que contiene en su interior, pero tiene varios miradores con vistas muy bonitas a una parte de la bahía.

Después de media hora al fresquito de la cueva, volvimos al Golden Lotus para llegar a la sleeping zone. Es una zona cerrada por muchas islas donde duermen la mayoría de los barcos. Aquí es donde se supone que se ven películas, se hace karaoke y se pescan calamares.
Nosotros después de cenar intentamos lo de los calamares, pero ya me habían advertido que no se pesca nada. Imaginaros todos los días 500 barcos pescando calamares, si todavía queda alguno, seria mucha casualidad que nos picara a nosotros.
Cuando nos cansamos de menear la caña, estuvimos un rato charlando con María y Bernardo en la cubierta del barco, se estaba de maravilla. Teníamos que aprovechar, ya que al día siguiente nuestros caminos se separarían.