A las cuatro de la mañana me despierto y no puedo volver a pegar ojo. Hace bastante calor en la habitación y la temperatura no puede bajarse de 72ºF, con lo que no queda otra que quitarse el pijama. Tras dar vueltas y más vueltas me levanto sobre las 5 para ir preparándome y Silvia no tarda en seguirme. A las 6.50 estamos en la planta cuatro del hotel, donde está la recepción, el restaurante y una pequeña cafetería donde procedemos con nuestro primer desayuno en tierras americanas. Dos Dos coffe latte smalls size (para ellos el pequeño es enorme para nosotros), un yogur, un zumo de naranja y un croassant para Silvia y otro croassant para mí. Todo por unos 20 $.
Nos dirigimos a Times Square para coger por primera vez el metro, destino: El Downtown de la ciudad. Compramos la metrocard válida para una semana por 33 dólares cada uno. No se si la hemos llegado a amortizar pero vale la pena el hecho de no tener que estar comprando los billetes constantemente. Una vez llegamos al downtown, es tan pronto que no vemos turistas por la calle (son las 8:30 Am más o menos), sólo gente que va a trabajar a la zona financiera de Wall Street y unas personas vestidas de rojo que te abordan el la salida del metro para ofrecerte las travesías a Ellis Island y la estatua de la libertad (excursión que descartamos al ir demasiado escasos de tiempo)
. Battery Park está desierto con lo que decidimos acercarnos al Pier 6 desde donde ser realiza la primera actividad del día,el vuelo en helicóptero. Aún no han abierto y tras esperar brevemente nos dicen que tenemos hora a a las 10 y todas las horas están cogidas. Amablemente nos indican que en poco rato nos podrán colar en otro vuelo que no es el nuestro y además dura 5 minutos más. Buen comienzo. El vuelo es sencillamente expectacular, supongo que es obligatorio hacerlo si o si una vez en la vida. Silvia se Marea un poco pero creemos sinceramente que vale la pena. Hacemos fotos y más fotos desde todos los puntos de vista posibles y grabamos un video para no olvidar nunca este momento mágico. Además compramos la foto de rigor que te hacen junto al helicóptero, foto que evidentemente no te dejan hacer a ti... sólo 25 $.





A las 10:30 ya hemos acabado la actividad y decidimos coger el Ferry a Staten Island para observar la estatua de la libertad. El recorrido es magnífico ya que según te alejas de manhattan vas observando el Skyline. Además pasa relativamente cerca de la estatua de la libertad. Según bajamos volvemos a subir en dos minututos para hacer el recorrido a la inversa. Vale mucho la pena porque además el trayecto es gratutito. Tenemos suerte y nos tocan dos ferrys con terraza exterior. Eso sí hace un frío y muchísimo viento, además de una pelea atroz para coger los mejores sitios para inmortalizar el momento. Es por eso que en el viaje de vuelta escogemos una terraza inferior (no la de arriba) que está mucho más protegida y con menos gente.


Una vez volvemos a Manhattan, sobre las 11:30, seguimos con nuestra ruta por Battery Park, donde la cola para visitar la estutua de la libertad es quilométrica. El parque es bastante bonito de ver y se ve enseguida. Además el día empieza a acompañar y el frío matutino ha sido sustituído por un reconfortante calorcito primaveral.


A mediodia nos adentramos en la zona financiera, un entramado de calles donde no es fàcil orientarse. Primeramente nos encontramos con el famoso”Toro de Wall Street”, imposible hacerle una fotografía con la cantidad de gente que había. La verdad es que no es para tanto... seguimos hacia Wall Street, la reserva federal, la bolsa de nueva york, y en medio de todo, la iglesia de la trinidad, donde encontramos un cementerio que da escalofríos. Esta zona es muy especial para Silvia, ya que por motivos laborales tiene un estrecha relación con la bolsa de Nueva York y la veo especialmente ilusionada.
Nos llama mucho la atención el hecho de encontrar la iglesia en medio de una zona tan moderna, lo que le da un aire especialmente misterioso y un gran encanto.



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Tras visitar la iglesia, sobre las 13.30 empezamos a notar el hambre y entramos en un restaurante-pub irlandés llamado O’hara que tenía buenas críticas por internet. El bar está bien para visitar porque ya que se encuentra enfrente de donde estaban las torres gemelas y en su interior encontramos fotos de como quedó el local con las explosiones. Las paredes están decoradas con escudos de departamentos de bomberos y policía de todo el mundo. Comimos hamburguesas de la casa con fries por unos 30 $. El local estaba lleno y para variar tuvimos que esperar un rato.
La zona 0 nos decepcionó un poco. No entramos en el museo que supongo que debe ser emocionante, pero no la recordaremos como uno de los momentos más entrañables del viaje. El mirador es muy sobrio y tampoco subimos. Sin duda es un lugar entrañable y emotivo, pero dado el calendario tan apretado pasamos bastante por encima. Hicimos la fotos de rigor y seguimos con nuestro camino.


Tras un breve descanso para degustar un café en el City Hall Park, junto al ayuntamiento, nos dirigimos hacia otro de los momentos estrellas del día: El puente de Brooklyn. La tarde era calurosa y tras curiosear por los puestecillos del principio del puento y comprar los correspondientes imanes para la nevera nos disponemos a cruzar de manhattan a Brooklyn. La primera parte (subida) se hace un poco larga pero una vez llegamos a la zona central la bajada es más amena para las piernas. Es bastante curioso observar como pasan los coches bajo tus pies, eso si, mucho cuidado con los ciclista, que cuentan con su propio carril y van embalados. Si te despisas te puedes llevar, en el mejor de los casos, un rapapolvo e incluso un buen golpe (observamos la primera y la segunda opción durante nuestro paseo).
La verdad es que el paseo es espectacular, vale mucho la pena y no dejas de hacer fotos en ningún momento. Se disfruta mucho.




Una vez al otro lado del puente nos dirigimos a DUMBO para observar el Skyline de la ciudad desde una perspectiva espectacular. Ya resulta impresionante la vista del puente de Manhattan desde las calles de Brooklyn pero aún lo es mas la vista del puente de Brooklyn y el Skyline de Manhattan deste de DUMBO. Allí pasamos casi dos horas viendo como anochecía e inmortalizando el cambio de las luces del atardecer y como se iluminan poco a poco los rascacielos del skyline. La tarde se volvía fresquita y la verdad que pasamos frío pero la experiencia valió la pena.
Sin ganas de nada más, sobre las 8:30 PM, volvemos al hotel (en metro) Buscamos en Google maps la estación más cercanos y la encontramos sin problemas (en Brooklyn) Que buen invento!!!



Silvia no tiene ganas de salir a cenar, con lo que me acerco al deli pakistaní de la esquina del hotel y compro un par de trozos de pizza bastante grandes y una Coca-cola por.... 4 $. El que no come es porque no quiere. A descansar que mañana hay más, y ya comenzamos a sentir los estragos de las palizas diarias. Hoy el smartphone nos dice que hemos caminado 18,62 Km durante 256 minutos....
Mañana más.