Para ir de Stavanger a Bergen se puede ir por el camino más corto de unos 200 km y 5 horas con dos ferris o por el camino más largo de más de 300 km y 6 horas pero que tiene la ventaja de pasar por el valle de Odda y poder ver la cascada de Latefossen o Trolltunga. Al final decidimos ir por el camino corto para tener más tiempo en Bergen, pensamos que cascadas hemos visto y veremos en este viaje muchas y para llegar a Trolltunga nos haría falta un día entero así que decisión tomada y adelante.
Después de 185 km y dos ferris llegamos a Bergen por la E39. El hotel lo tenemos en Montana, un barrio residencial a las afueras de Bergen pero muy bien comunicado en bus con el centro de la ciudad. Al llegar a Bergen lo mejor es ir a la oficina de turismo desde donde nos dan indicaciones de que ver en Bergen. Al lado de la oficina e turismo está la lonja de pescado donde es muy fácil encontrar españoles que durante el verano van a trabajar allí. Nos ofrecen probar salmón salvaje de un sabor exquisito y ballena que a mi personalmente no me gustó . Ambos platos imposibles de degustar en España porque el salmón salvaje no se exporta y la carne de ballena solo puede consumirse en muy pocos países.

La zona de la lonja y la oficina de turismo están muy concurridas a mediodía porque varios barcos llenos de cruceristas han atracado en el puerto y han llegado en masa.
Después de pasear por la lonja de pescado y ver el mercadillo que hay al lado nos dirigimos a los otros puntos de interés como la catedral de San Olaf, el museo Hanseático, el barrio Bryggen que son esas casas tan características al lado del puerto,


la fortaleza Bergenhus y a la vuelta por el interior nos encontramos con la iglesia de Santa María (Mariakirken) y más adelante con el funicular Floibanen en el que subiremos al monte Floyen.

Desde lo alto del monte Floyen las vistas son espectaculares.



Ahora que se han retirado los turistas que viajan en los cruceros es hora de dar la ultima vuelta por el puerto antes de tomar el bus hacía el hotel.