Aterrizo a las 13h, y tras pagar en el mismo aeropuerto las tasas de visita a la isla (80USD), me reuno con la dueña del hotel que había venido a buscarme y que me regala el típico collar de flores polinesio. El aeropuerto de la isla se encuentra a tan sólo 5 minutos de Hanga Roa, el único pueblo de la isla. Por el camino, la anfitriona aprovecha para enseñarme el pueblo, así como detalles de la vida en la isla, como el hecho de que la Isla de Pascua es aprovisionada por un barco que viene, solamente, una vez cada seis meses.

Esa misma tarde, siguiendo los consejos de la dueña del hotel y aprovechando que estaba despejado, aprovecho para subir al volcán Rano Kau (324m), que dista 1h de paseo desde la ciudad. Desde arriba del volcán, es posible divisar toda la isla, incluyedo el volcán Terevaka, en el extremo norte, que con sus 510m, constituye el punto más alto de la isla. Una vez en la parte alta del volcán, se puede acceder a los restos arqueólogicos de Orongo, importante aldea ceremonial, situada entre el mismo cráter y el acantilado. Además de los restos del poblado, se pueden apreciar petroglifos y pinturas rupestres. A la entrada del complejo existen una serie de paneles explicativos con la historia y la importancia del enclave.


De vuelta del volcán y en el camino hacia Hanga Roa, me detengo en la Ana Kakenga, o cueva de los caníbales, gruta a nivel del mar, rodeada de impresionantes acantilados y la que se accede por una empinada escalera tallada en la pared. En el techo de la cueva se pueden apreciar unas interesantes pinturas rupestres.

Por la tarde, doy una vuelta por Hanga Roa, y me acerco al cercano complejo de Tahai, situado frente a las aguas del Pacífico. Donde se levantan varios moais, como el Ahu Tahai, con 4.5metros de altura, el Ahu Ko Te Riku o moai con ojos y el altar Ahu Vai Uri, con 5 figuras. En este lugar, muy cercano a pie de Hanga Roa, se reunen por las tardes multitud de turistas, para disfrutar de unos impresionantes atardeceres.
