37. De regreso a Chile
Salimos a las 4'30 puntuales. Nos podemos tomar un mate calentito que tiempla un poquito el cuerpo, no mucho, porque en el exterior estamos a 8 bajo cero.
Algún que otro coche, también de turistas, sale del pueblo desierto a estas horas. Es negra noche, y Hugo conduce bien y con seguridad, y nos acompañan unas canciones de amor de grupos que deben ser algo así como los Mocedades bolivianos. Sí, lo sé, soy un poco boomer.
Al final, pasa desapercibida por el sueño que acumulas, alguna cabezadita entre bache y bache y que vas mirando ese paisaje desértico que se empieza a distinguir con las primeras luces del día, pasando por alturas que son 4500 y 4300 metros. Menos mal de esos calentadores de manos que después de unas cuantas horas aún funcionan y nos mantienen calientes. Y es que aquí fallamos todos. Y aquí, hacedme caso: Durante estos días en el Salar, nos habíamos vestido y preparado a conciencia paras las excursiones y las bajas temperaturas, pero para el viaje de hoy, al ser que solo era de regreso, pensamos que " total, son 4 horas de coche hasta San Pedro y allí siempre hace sol" y nos vestimos sin tantas capas. Craso error. Todo el frio que no hemos pasado estos tres días, lo pasaremos hoy.

Sobre las 6'40 llegamos a la zona de Polques, donde nos paramos el primer día para el baño termal. A unos metros, hay un pequeño hostal, muy sencillo, parece más un refugio, donde desayunamos. El guia nos recomienda esperar dentro del coche mientras él prepara el desayuno, pero salimos a tomar fotos aprovechando la salida del sol en la laguna helada. Preciosas imágenes, que forman parte ya de ese almacén de recuerdos. Pero mucho frío. [/b]

Entramos en el hostal y el colacao boliviano nos sienta de maravilla. Pero apenas podemos comer la mantequilla con el pan y el zumo porque siguen congelados. Estaban en el maletero del coche y después de 4 horas, no ha dado tiempo a descongelarse, ni un poquito. Incluso las sillas de plástico, parecen un bloque de hielo.
No recuerdo el nombre del hostal, sí que era muy muy sencillo, y tenía varias habitaciones con techos de uralita. Me sorprendió y me hizo pensar que por la noche, la uralita protege poco, por lo que allí debe hacer muuuuucho frío. Me dió que pensar que si reservas el viaje a Uyuni en plan last minute cuando llegas a Atacama, las opciones de alojamiento se van reduciendo y quizás te pueda tocar dormir aquí porque ya todo lo demás está ocupado.
Llegamos de nuevo al puesto fronterizo ide Bolivia. El viento aquí es tremendo. Cuesta andar los escasos metros desde el coche hasta la oficina donde sellan el pasaporte,. Es tan pronto que aún no han abierto. Menos mal que quedan diez minutos y estamos de los primeros, pero se hacen eternos en esa fila a la intemperie. Y a las 8'30 en punto aparece el funcionario, nos sella el pasaporte y nos vamos pitando al coche. Unos metros más adelante, llegamos a esa tierra de nadie entre Bolivia y Chile y nos despedidos del amable Hugo, y hacemos el intercambio de clientes. Los pasajeros que llegan de Chile los recoge Hugo, y los que deja Hugo, los recoje el conductor chileno. Parece aquello de las películas de espías y los intercambios en mitad de los puentes. Menos mal que aquí, es a plena luz del día.
Y ya en la furgoneta encaramos la fila de entrada a Chile en Hito Cajón, pero hay que esperar más de 1’30 a que pasen todos los turistas que salen de Chile en coches particulares y vans de turismo y una vez, todos han salido, toca entrar.
Sobre las 10 ya estamos en el Hotel Lickana, donde nos hospedamos, y donde nos permitieron dejar una maleta para no ir tan cargados. Qué majos. Como es pronto y todavía no hay mucho trajin de clientes en el hotel, podemos reorganizar la maleta en el patio del hotel, y una vez preparados para el vuelo, nos vamos a dar una vuelta y desayunamos como reyes en el Andino. Se nos une Jefferson y nos quedamos un buen rato charlando y repasando las fotos del viaje a Uyuni.
Aprovechamos para hacer unas últimoas compras y descubrimos una librería preciosa Casa Conejo, donde compramos algunos libros y recuerdos y paseamos por una calle Caracoles tranquila. Qué diferencia con la tarde, cuando todos los turistas llegan de las excursiones y inundan las calles.
Quedamos con Jefferson para comer en la Picaña del Indio, y es todo un acierto. El menú de 8000 pesos tiene opciones variadas y muy buenas. Nos despedimos de nuestro amigo brasileño con el que hemos compartido casi 4 días muy intensos, y regresamos al hotel. Pasamos por la plaza de Armas para despedirnos y tomar las últimas fotos con esta luz tan bonita y no podemos evitar comprar empanadas en el Sabor Andino para nuestra cena, puesto que llegaremos tarde a Santiago.
A las 2 puntuales, tal y como habíamos pactado, nos recogen los de TransVip para llevarnos a Calama. Disfrutamos del trayecto con un paisaje que no pudimos ver a la ida por la fuerte tormenta de arena.
La llegada a Santiago significa el punto final del viaje.

Mañana tenemos unas horas para pasear por Santiago, y ver algún museo. Pero en definitiva, ya termina aquí este maravilloso viaje que nos ha llevado a Rapa Nui, a Atacama y a un trocito de Bolivia que nos ha fascinado. Los tres por su belleza y por todo lo vivido aquí.

Al día siguiente empezamos el trámite, largo eso sí, de volver a casa y de pensar ya, en el siguiente destino... Y es aquí, ya en el avión de regreso a Barcelona, vuelo directo con Latam, que termino este diario. Así que, si todo va bien, hasta el próximo ...

Saludos cordiales viajer@s