Previo al vuelo de Madrid – Doha – Nairobi, tuvimos otro vuelo anterior de Granada a Madrid.
Todos los vuelos y diferentes tramos se fueron desarrollando con normalidad. Al igual que la escala en Doha en la que teníamos el tiempo suficiente para que todo fuera correctamente. Pero era tan temprano que ni tomarnos un café pudimos. Por los bares de la zona de nuestra puerta de embarque aún no habían encendido las cafeteras. Solamente bebidas embotelladas.
Tras un día completo dando tumbos por aeropuertos, con su noche incluida, aterrizamos en Nairobi en los momentos siguientes al aterrizaje de tres o cuatro vuelos internacionales.
Lo que se traduce en unas colas kilométricas para el visado.
Hay muchísimas ventanillas para el visado que se ha sacado por internet, indicadas con e-visa. Y tres o cuatro ventanillas para obtener el visado sobre la marcha, indicadas con solo “visa”.
Para las primeras es suficiente con rellenar el impreso que proporcionan en el avión. Para el resto hay que rellenar además otro formulario que se recoge en unos estantes antes de la cola. Pero con casi la misma información que el primero.
Despachar a todos los pasajeros de tres o cuatro vuelos requiere su tiempo.
Estuvimos en cola…, ni se sabe…. No lo calculamos siquiera.
Lo que si es cierto es que como habíamos llegado en el último vuelo, pues fuimos los últimos. En ambas colas….. Las ventanillas con la e-visa finalizaron justo cuando nosotros estábamos ya saliendo de las ventanillas de visa.
Así que no puedo decir que opción es la más rápida. Si no hay muchos vuelos juntos, me imagino que las e-visa serán más rápidas… pero no lo tengo claro.
Después de tan largo rato hay que ir a por las maletas. Y milagrosamente allí se encuentran, esperándonos.
El aeropuerto de Nairobi es bastante cutre, sucio, anticuado…. Los pasillos, las salas, las oficinas de cambio….
Dar con la persona que nos estaba esperando para comenzar nuestro circuito fue bastante fácil. Después del tiempo trascurrido en la cola de los visados ya no quedaba nadie esperando fuera….. salvo el que iba a ser nuestro guía y chófer hasta el día que voláramos a Masai Mara.
Gatia espera pacientemente con un cartel en las manos que indica The Africa Travel Boutique.
The Africa Travel Boutique es uno de los mejores receptivos en Kenia y en ellos confía siempre Enkewa. Y nosotros, después de los días pasados con ellos, también lo podemos confirmar.
En este traslado vamos seis personas en un mismo coche. Otra pareja llegó con bastante más antelación pues volaban con Egypt Air y hacía ya algunas horas que se encontraban disfrutando del hotel en el Lago Naivasha.
Desde el aeropuerto comenzamos nuestra andadura en Kenia atravesando la ciudad más poblada de Africa Oriental envueltos en su caótico tráfico.
Ya he mencionado que no visitamos Nairobi. Pero algo de la ciudad fuimos viendo al paso.
Pasamos junto al lateral del Parque Nacional de Nairobi. Es el único parque de vida silvestre del mundo que se sitúa tan cerca de una ciudad.
Aseguran que en el mismo se pueden ver distintas variedades de animales, salvo los elefantes. Aunque sí que tiene el llamado Orfanato de Elefantes de David Sheldrick.

(imagen idealizada de una supuesta visita a Nairobi NP)
No vimos animal alguno pero sí una larga hilera de acacias enanas o silbadoras.
En Africa hay 56 variedades de acacias y esta acacia silbadora es uno de los árboles curiosos de Africa. Como su nombre indica, la acacia silba. Bueno, más bien su fruto que es agujereado por las hormigas y al moverse por el viento produce un sonido que parece que está silbando.
Los arrabales de las ciudades no suelen ser muy agradables a la vista. Nairobi los tiene en abundancia. Varias calles de míseras chabolas de chapa y cartones albergando a la gran multitud de keniatas que acuden a la capital en busca de mejores oportunidades.
En contraposición con esta visión, en la lejanía se va alzando la silueta de unas colinas, las Ngong Hills. Una cresta con cuatro colinas cuya silueta asemeja los nudillos de un puño cerrado.
“Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong”
Así comienza uno de los libros más bonitos que dio lugar a otra bonita y gran película, “Memorias de Africa”
Las colinas Ngong dan al Valle del Rift, al Parque Nacional de Nairobi y a la propia ciudad.
En la época colonial británica en el área de alrededor de las colinas se asentaron granjas agrícolas como la de Karen Blixen. La casa aún se conserva y hoy día es el Museo de Karen Blixen. La zona, actualmente, es una zona residencial.
En una ladera oriental de las colinas se encuentra la tumba solitaria de Denys Finch Hatton, marcada por un obelisco y con vistas al Parque Nacional de Nairobi.
Al parecer hay un sendero por el que se puede recorrer la cima de estas colinas y disfrutar de hermosas vistas.

La carretera sigue su trazado de una sola vía y frecuentemente atraviesa poblados de casas bajas pintadas de colores chillones con aspecto que a nosotros nos parece lamentable. Se mezclan con puestos ambulantes, algunos de los comercios que llaman curio shops y no es de extrañar el ver alguna cabra merodeando por todo ello.
La gente va caminando al filo de la carretera. Nos encontramos en algunas poblaciones los niños saliendo del colegio alegres y contentos. Hoy es su último día de clase. Mañana comienzan las vacaciones escolares.
Hay tramos de carretera en bastantes malas condiciones. Algunos agravados por unas lluvias recientes.
Hay gran aglomeración de vehículos y abundan los grandes camiones que transportan de todo. La conducción va lenta y varios coches optan por adelantar por los arcenes.
Y en mitad de este aparente caos te encuentras puestos que venden mazorcas de maíz y puestos que venden gorros de piel de cabra.

Pero si algo sobresale en este viaje son las vistas de grandes paisajes.
Ya he mencionado las vistas de las colinas Ngong.
Las del monte Longonot tampoco desmerecen.
El Monte Longonot es un estratovolcán, ya extinto, que forma parte de la extensa red de volcanes que surgieron a lo largo de la falla del Rift.
El monte y su entorno esta protegido y forma el Parque Nacional Mount Longonot. Pienso que sería una visita interesante y diferente de los habituales safaris ya que hay un sendero que sube a su cima y rodea el cráter del volcán, con bosquete incluido en su interior, con vistas sublimes del lago Naivasha y el Gran Valle del Rift. Para otra ocasión.

Y hablando del Valle del Rift.
La carretera por la que venimos desde Nairobi sigue la misma dirección que este valle. Y hay tramos en que bordea el mismo ofreciendo unas grandes vistas de este hermoso valle.
El Valle del Rift en Kenia alberga un sistema de Lagos que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2011. Entre estos lagos se encuentran el Lago Naivasha y el Lago Nakuru que tendríamos ocasión de visitar al día siguiente.
Terminamos bajando a este gran valle buscando el Lago Naivasha, en concreto el Country Club Hotel. En este camino, paralelo al lago Naivasha, una gran llanura con ovejas y cabras pastando. Mezcladas con algunas cebras y gacelas Thonson. Nuestro primer avistamiento de animalitos en Kenia.
El Hotel Country Club es un hotel de estilo colonial y el más antiguo de la zona ya que se abrió en 1937. Se encuentra cerca del lago Naivasha y del mismo tan solo lo separan las extensas praderas verdes a las que suelen venir a pastar antílopes, cebras….


Sus estancias comunes también conservan el estilo colonial británico. El comedor donde cenamos y tomamos el desayuno dispone de grandes ventanales desde los que se ve el jardín y el lago.

Las habitaciones se encuentran a los costados de las salas comunes y se llega a ellas por pasarelas. En la noche te acompaña un guarda en previsión de ayuda por los animales que merodean.
Están bien amuebladas y aún se respira en ellas un aire de antaño… Vistas del jardín y del césped. Cama cómoda con mosquitera, baño amplio…..


Tanto la cena como el desayuno fueron buenos y abundantes. La cena la apreciamos más quizá porque en todo el día no habíamos tomado nada, salvo el desayuno que nos habían dado en el avión.
La comida de al mediodía la teníamos incluida pero llegamos casi a la hora de la cena.
Un hotel estupendo que no nos dio tiempo a disfrutar.