Primera tarde en Gili Air.
Después de instalarnos en el hotel, nos dimos un baño en la piscina para refrescarnos, eran las 13:30.
Salimos a dar una vuelta por la isla, fuimos hacia el norte, en busca de algún sitio para comer y encontrar alguno de los famosos columpios, que sabíamos que estaban por toda la isla, habíamos visto muchas fotos que otros viajeros tenían colgadas en Internet.
La primera impresión en general no fue muy buena, en la costa este, no había prácticamente playa, suciedad y dejadez general, el calor apretaba y no encontrábamos nada que nos invitara a entrar.
Poco a poco íbamos caminando mas, ya estábamos pasando la parte norte, no había muchas sombras, así que nos quisimos bañar para mitigar el calor.
Uaauh, el agua estaba súper caliente, casi no cubría, aquello más que refrescar, lo que hacía era que te invitaba a salir del agua.
Nos sorprendió mucho que el agua estuviera tan caliente, no sé si el cambio climático tiene algo que ver.
Al adentrarte mas, cuando ya el agua cubre hasta la cintura, al menos ya refrescaba un poco mas, pero a pie de playa, era agua caliente como si saliera de la ducha.

Mientras encontramos algunos columpios para hacernos alguna foto.

También encontramos esta palmera o planta que nos llamó la atención.
No hay mucha vegetación donde resguardarse por el camino, así que teníamos que encontrar algo donde comer y ponernos a sombra.
A lo tonto a lo tonto, creo que ya eran las 15:00 y estábamos en la parte oeste de la isla, las niñas estaban cansadas, cuando encontramos el Restaurante Pink Coco, el restaurante era bonito, el columpio que tenía enfrente también llamó la atención de las niñas, miramos la carta, vimos que no era muy caro, así que nos quedamos a comer.

La terraza del comedor está encima de la cocina y tienes vistas si te puedes sentar en las mesas más cercanas al mar.
En la arena también tienen mesas, sillas y cojines donde puedes tomarte algo.
Todo parecía bastante nuevo.
Aquí comimos una de las comidas más picantes del viaje

Yo pedí un pescado y mi mujer un plato de pasta.

Al final intercambiamos los platos, mi mujer no podía acabarse la pasta de lo picante que era, mi pescado también era picante pero no tanto como la pasta, a mi no me molesta el picante, pero hay que reconocer que lo era mucho, pero mucho.
Por la calidad y lo mono que era el restaurante, no fue una comida cara, unas 450000 rupias (28€) los 4.
Despues de comer, sesión de fotos en el columpio, no había cola ni nadie más, aún faltaba bastante para la puesta de sol, supongo que cuando hay la puesta de sol debe haber más gente.

Seguimos caminando por la zona oeste.
Como la arena no es fina fina, tiene restos de coral, íbamos recogiendo pequeñas conchas para que las niñas se hicieran una pulsera.
Hay que llevar escarpines o chanclas para caminar por la arena, ya que si no se te clavan los corales.
En la parte sudoeste, vimos que empezaba a haber más ambiente.
Había muchos bares-restaurantes, preparados, para ver la puesta de sol con cojines gigantes a modo de silla, con ofertas de cocktails a 2x1, la famosa happy hour.
Estaba nublado y decidimos ir al hotel a arreglarnos, dejamos la puesta de sol para otro día.
La primera tarde y ya habíamos hecho la vuelta a la isla a pie.
Habíamos quedado para cenar con la familia de Ibiza, que conocimos en Lempuyang, ellos hacia 2 días que estaban en la isla.
Los ibizencos habían conocido a unas chicas catalanas, que les recomendaron ir al H&R Resto, en el interior de la isla, así que quedamos allí.
Buena cena, había tanto cocina internacional como nasi goreng, mía goreng etc...
Raciones grandes y a muy buen precio, comimos los 4 por menos de 15€.
El reencuentro con la familia de Ibiza muy agradable, no iba a ser la última vez que nos viéramos.
A dormir, que mañana iríamos en busca de las tortugas.
¿ Tendríamos suerte y las podríamos ver?